Eric Goles y su desencanto con la Inteligencia Artificial “Es muy ambigua, porque uno piensa que es inteligencia”

Eric Goles. Foto: Patricio Fuentes.

El Premio Nacional de Ciencias acaba de publicar "Lady Byron, detective artificial", una novela policial, que en un relato de ficción y con humor e ironía, muestran la rebeldía del autor con la IA: "Ahora te venden una máquina de lavar con inteligencia artificial. Son estupideces", señala en esta entrevista.




Ciencia, matemática y romanticismo, se unen en la figura de Lord Byron. La encarnación del romanticismo, como se describe al poeta George Gordon Byron -o Lord Byron como lo conocemos-, nació en Londres (Inglaterra) en 1788, y su vida recogió no solo vivencias que ese movimiento cultural proclamó, también dejó un legado en la informática.

Apasionado defensor de la libertad en el siglo XIX. La libertad de los griegos en su Guerra de Independencia contra el Imperio Otomano, para él representó esa “búsqueda intensamente sentida” de libertad que finalmente fue mortal. Por una infección contraída mientras esperaba la batalla en Grecia, Byron murió en 1824. Tenía 36 años.

Lord Byron retratado por Thomas Phillips. Foto: Wikipedia.

Y aunque en su vida los sentimientos y arte predominaron, también la ciencia, de algún modo estuvo presente. Especialmente las matemáticas. Byron estuvo casado con Annabella Milbanke. De esa relación en 1815, nació Ada. Luego conocida Ada Lovelace (apellido de casada) fue matemática y pionera de la llamada genealogía de las “máquinas del pensamiento”, uno de los primeros nombres de los computadores.

Figura que intriga y apasiona a un matemático en Chile, Eric Goles, investigador y Premio Nacional de Ciencias Exactas 1993. Interés que toma vida en su nueva novela que titula al igual que la hija del poeta inglés Lady Byron, detective artificial, de editorial Planeta.

Lady Byron

El profesor emérito de la U. Adolfo Ibáñez y académico de la Facultad de Ingenieria y Ciencias de la misma universidad, aprovecha el título de su novela además para jugar con algo cada vez más cotidianiano: la inteligencia artificial. Lady Byron en este caso es la inteligencia artificial que crea el protagonista ABC (Arquímides Barrientos Carter), para predecir valores bursátiles sin percatarse que también era adicta a las apuestas ilegales.

Todo en un relato ficción, dice Eric Goles a Qué Pasa: “No pretendo divulgar nada como divulgación científica, es ficción. Pero es una ficción realizada por un matemático y eso no me lo puedo sacar de encima. Hay ciencia porque yo soy matemático”.

Una mezcla de novela policial con ciencia ficción. Con dosis de humor e ironía. Que al lector le parecerá completamente natural. “Porque es muy chilena. Está ambientada en Santiago. Hay dichos chilenos, está escrita en chileno”, afirma.

¿Es la llamada inteligencia artificial, inteligencia? Ese cuestionamiento dice Goles es actualmente necesario. Se le atribuyen expectativas desmesuradas e incluso miedos sin fundamentos.

“Yo pienso que la palabra inteligencia artificial además, está mal puesta, es muy ambigua, porque uno piensa que es inteligencia”, sostiene de avances que califica de impresionantes como la traducción automática o que una maquina le gane al campeón de ajedrez, pero “esa máquina no tiene ninguna conciencia, es una moledora de datos, hay un programa de aprendizaje”.

Portada de la nueva novela de Eric Goles, “Lady Byron, detective artificial”, de editorial Planeta. Foto: Planeta.

Avances de una tecnología que también gozan de mala fama. La película Matrix (1999) y sus sagas, son ejemplo de aquello, al describir un futuro en el que la vida es en realidad Matrix, una realidad creada por máquinas sensibles e inteligentes, que someten a la población humana de la cual usan su calor y la actividad eléctrica fuente de energía.

“¿Cuándo las maquina se van a independizar y podría ocurrir algo como Matrix? Yo sospecho que no va a hacer así. Los malos siempre vamos a ser nosotros mismos con nosotros mismos como género humano”, plantea.

- Se aprecia en su libro que le gustan las novelas policiales ¿fueron su inspiración?

Entre otras cosas sí. He leído mucha novela policial en mucho tiempo, en 30 y 40 años. Pero no sólo policial. Leo mucho, soy un gran lector, de chincol a jote, de todo. Cuando me decidí en mi tercer libro de ficción, el tema es algo que viene hace mucho tiempo, la matemática, la inteligencia artificial, es algo que me da vueltas con buenas y malas ideas hace mucho.

El construir una pareja para descifrar un enigma, es un tema clásico. En las novelas policiales hay un conjunto enorme partiendo por Edgar Allan Poe con monsieur Dupin y su amigo el narrador. Está Sherlock Holmes y Watson, etc. Hay muchas parejas. Entonces, dije: ´¿cómo puedo ser creativo?´ Quería hacer una novela, liviana, lúdica y que tomara los temas que me habitan. Y dije: ´voy hacerla en un formato policial y voy hacer una pareja donde uno es creador del otro´. Una especie de Gepetto con Pinocho, donde Gepetto es ABC y Pinocho es el programa de inteligencia artificial que por chiripa, por casualidad, sale con conciencia.

-El libro hace referencias al cine y a la tecnología, pero todo desde el humor y la ironía...

Es cómico, es un libro liviano, pero no hilarante. Hay mucha ironía. La idea es que el lector se ría. A mí me carga cuando hablamos de ficción, me carga un texto que uno tenga que leerlo con sufrimiento. Este es un texto que se puede leer con cierta rapidez y te vas a entretener.

Tiene varias lecturas, tiene capaz más profundas. Yo soy un amante de la literatura, por lo tanto hay una cantidad de referencias literarias implícitas enormes, no solo policiales. Esta todo el modo en que Stevenson (Robert Louis Stevenson) escribe novelas, de hecho varias de historias toman nombre de novelas de él, “El Club de los suicidas”, etc. Hablo mucho de Phillip K. Dick, el autor de ciencia ficción. Habló de películas. Tiene una serie de referencias. Pero finamente el lector o la lectora, dicen: “no estoy ni ahí con tanta referencias o con tanta cosa implícita, pero me entretengo”. Es un libro lleno de nostalgia, pero a la vez lleno de humor.

Inteligencia artificial

-Esas ironías ¿tienen que ver con los cuestionamientos o prejuicios sobre la inteligencia artificial?

Lo que sucede es que hay toda una variante súper tremendista, por llamarla de algún modo, que va al limite y dice nos quedamos con la película Matrix. Es decir, “la inteligencia artificial nos va a condenar a todos y nos vamos a ir al diablo”. Es un limite que trato de evitar. Acá hay una cosa lúdica, simpática.

Otro limite, es que se cree que todo tiene inteligencia artificial. Ahora te venden una máquina de lavar con inteligencia artificial. Son estupideces. Yo juego con ¿qué es lo que es tener conciencia? Juego con esos conceptos.

-Desde su perspectiva ¿cuál es el aporte de la inteligencia artificial al desarrollo humano?

Es enorme. Al día de hoy es una herramienta muy sofisticada tal como lo han otras cosas y técnicas. Como la invención de la máquina de escribir en su momento, etc. Pero es una herramienta, es decir, no demonicemos las cosas. Toda herramienta elaborada por el ser humano tiene usos nefastos, todas, absolutamente todas. Y la denominada inteligencia artificial no está al margen.

El mal uso lo hemos visto con las fake news, en cómo explotan los datos, etc. Pero es una herramienta. Finalmente por ahora no va hacer nada más de que nosotros como seres humanos o como conglomerado estemos dispuestos que haga.

Yo pienso que la palabra inteligencia artificial está mal puesta. Es muy ambigua, porque uno piensa que es inteligencia. Detrás de todo lo que vemos hoy, aunque es impresionante, como la traducción automática, que una maquina le gane al campeón de ajedrez, una serie de cosas más; esa máquina no tiene ninguna conciencia, es una moledora de datos, hay un programa de aprendizaje. No hay conciencia. No hay perversidad en aquello. Llamarle inteligencia artificial es incorrecto. Prefiero decir que es una tecnología muy sofisticada hecha por seres humanos.

La inteligencia artificial, dice Goles, es hoy es una herramienta muy sofisticada tal como lo han sido herramientas anteriormente.

-El protagonista plantea que inspirado por la Odisea del espacio quiere emular a Hal (Heuristically Programmed Algorithmic Computer, supercomputadora ficticia), una inteligencia artificial de verdad, con una mente. ¿Aún no conocemos el alcance de este tipo de tecnología?

El protagonista vio varias veces 2001 Odisea Espacial y quiere construir un Hal, la computadora, pero que no se vuelva loca. Ahora, no quiero develar cosas, pero Lady Byron, el equivalente a Hal, no se vuelve loca, pero tiene cosas muy divertidas y “humanas”, sin llegar a la locura.

No, no sabemos el alcance que pueda tener esta tecnología. Pero una pregunta fundamental es ¿cuándo una máquina va a tener conciencia tal como yo sé que tú tienes conciencia y tú sabes que yo la tengo? Lo sabemos porque somos seres humanos. ¿Cuándo una maquina va a tener esa cualidad? Yo creo que todo lo que hemos hecho no está mal. Pero con respecto a aquello es como subirnos a la punta del árbol para alcanzar la Luna.

-¿Vivimos mucho más en contacto con la inteligencia artificial y no lo sabemos?

Son programas elementales y hay mucho de marketing en eso, como la lavadora con inteligencia artificial. Lo que a mí me impresiona, son por ejemplo los traductores automáticos. Hace 25 años traducir automáticamente era un delirio, una cosa rara e inalcanzable. Hoy está al alcance de todos. El reconocer patrones, figuras, cosas, también. Todo eso era impensable y se va a progresar enormemente. Pero la palabra inteligencia artificial no me gusta, está mal puesta porque da a entender que hay una conciencia, que no la hay en estos casos.

Retrato de Ada Lovelach, la única hija del matrimonio de Lord Byron. Foto: Wikipedia.

-Que sea un profesor universitario que regresa a Chile luego de su doctorado, ¿hace referencia al mundo académico en Chile?

No, honestamente no. Cuando uno lee un libro saca conclusiones y ve cosas que el autor a veces no ve. Honestamente lo único que yo hice con ABC, que es el profesor universitario Arquímides Barrientos Carter, es entretenerme y colocar una condición que es relativamente real, pero existen otras. Es decir, que alguien llegue a Chile con un doctorado y le cueste conseguir pega en lo que quiere, es algo real, pero no es dramático, no es trágico, ni mucho menos. Yo diría que en el conjunto de las universidades chilenas al día de hoy tenemos un cuerpo de investigadores y académicos súper correcto, que hace investigación. El país ha crecido enormemente en investigación en los últimos 50 años, en un montón de tiempo. Yo no hago una crítica ahí.

-¿Por qué escogió el nombre de Ada Byron?

Eso es totalmente voluntario. Le vengo dando vuelta y estoy obsesionado con los Byron hace 40 años. Primero con Lord Byron como poeta. Él inaugura el romanticismo, y su poesía la encarna en su vida, todo lo que escribe es el diario de su vida. Por instancias de él, en un frío verano en Ginebra, porque estaba todo nublado por las cenizas del volcán Tambora que había explotado meses antes, estaba con su amigo el poeta Shelley y con la mujer de él, Mery Shelley, y Byron desafía a todo ese conjunto a que escriban novelas de terror. Y la novela que escribe Merry Sheller es nada menos que Frankenstein.

Eso me obsesionaba. Después me entero que Ada Byron, más conocida como Ada Lovelach, la única hija del matrimonio de Lord Byron que abandono su mujer cuando ella tenía pocos meses, trabajó con un matemático, Charles Babbage, en la época victoriana e hizo el primer programa de computador que registra la historia. Un computador que nunca se construyó porque era a vapor, pero se demostró posteriormente que era correcto. Ella hizo ese programa.

Tuvo una vida muy compleja. Su mamá la obligó a estudiar matemática para que no le saliera la “locura” de los Byron, que eran todos medios locos. Tenía terror. Pero, de algún modo, que no quiero develar, Ada sacó la locura Byron. Por otra parte, y esa es un poco la moraleja que coloco: la matemática puede ser muchas cosas, pero nunca ha sido un remedio para los nervios, nunca. Y lo digo por experiencia propia.

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