Esta es la propuesta de la U. de Chile al gobierno para crear una estrategia nacional de salud mental para enfrentar el coronavirus

Foto: AFP

Documento plantea grupos de población con necesidades específicas y ocho áreas de trabajo. La clave, dice la propuesta, es el trabajo integral e intersectorial, de autoridades, academia y organizaciones sociales.




La salud mental de los chilenos venía en mal pie antes de la pandemia por Sars-CoV-2: altos indicadores de diagnóstico de depresión, altos índices de abuso de alcohol y otras sustancias y particularmente un alto índice de trastornos depresivos en adolescentes.

Esta situación implica que el abordaje de los problemas de salud mental en contexto de pandemia por el nuevo coronavirus, sea distintos a los que puedan implementar otros países y deban ser ajustados a la realidad chilena. A esto se suman, las condiciones sociales de riesgo particulares que en las que se anida el impacto en salud mental de esta epidemia: alta desigualdad social, alta desconfianza en las instituciones, vulnerabilidad social dinámica, alto malestar subjetivo y experiencias previas de desastres socionaturales.

Esta situación nacional particular, llevó a que académicos y académicas de la U. de Chile con experiencia clínica y en investigación en salud mental, revisaron evidencia científica disponible y elaboraron un propuesta de Estrategia Nacional de Salud Mental que hoy presentan ante la Mesa Social Covid-19 y a la que invitan a sumarse para otras universidades, municipios, ministerio y organizaciones sociales.

“Este es un informe que destaca la importancia que siempre debe tener la slud mental, porque no solamente se ve afectada por la pandemia, sino que lo que hagamos en salud mental es clave para enfrentarla. Sabemos que las pandemias causan efectos psicológicos y sociales, y es un error pensar que si queremos preservar la vida, la atención de salud mental puede esperar. Y aquí es también fundamental tener presente que afecta, por múltiples factores, en forma diferencial a los diversos estratos socioeconómicos”, señala el rector de la U. de Chile, Ennio Vivaldi.

Tres son los principios que guían el desarrollo de esta estrategia: Flexibilizar para facilitar (pagos, entregas, normas de acceso, entre otras), visibilizar para potenciar (valorar experiencias de comunidades que ya han desarrollado estrategias creativas para enfrentar este momento potenciando, por ejemplo, formas de comunicación a distancia, actividades recreativas nuevas, estrategias para el cuidado de personas y para la autoeducación) y regular para proteger (garantizar que la desigualdad no se acentúe, que no se incrementen los abusos ni la discriminación a grupos vulnerables, asegurar el salario de las personas ante la eventual crisis económica, garantizar estabilidad en las condiciones estructurales de vida, por ejemplo).

Para Sonia Pérez, psicóloga, académica de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile y una de las redactoras de este documento destaca la necesidad de “integralidad” para el abordaje de la salud mental o bienestar emocional de los chilenos ante la actual situación de salud que nos afecta. “Si queremos trabajar por la salud mental tenemos que hacerlo desde un mirada psicosocial y participativamente, intersectorialmente y con integración territorial, mirando a las poblaciones que deben ser foco de nuestra atención y en esas poblaciones intervenir en las ocho acciones que planteamos”, explica.

Este documento es un complemento a la guía de bienestar emocional presentada ayer por el Ministerio de Salud.

Poblaciones con necesidades específicas

El documento propuesto identifica 11 grupos de personas con necesidades especificas, entre ellos los equipos de salud que trabajan con Covid-19, pacientes contagiados y sobrevivientes de la enfermedad, los familiares de contagiados y fallecidos, las personas con trastorno psiquiátrico y/o con abuso de alcohol y otras sustancias, personas mayores, niñas y niños, mujeres, personas privadas de libertad y migrantes.

Considerando estos grupos, la implementación de esta estrategia se propone diferentes áreas de trabajo. En primer lugar, planes y programas de apoyo e intervención psicosocial, con intervención oportuna y mejorando el uso de tecnologías digitales y de atención a distancia; la gestión de la atención para garantizar la continuidad de los cuidados y la atención en el marco de esta emergencia sanitaria, asegurando un flujo de derivación oportuno, controles profesionales, continuidad de los cuidados, y la atención de pacientes crónicos, agudos en reciente tratamiento, y emergentes, secundarios a la crisis con equipos de salud locales, entre otros aspectos.

En paralelo, propone la capacitación y cuidado del personal que trabaja en el sector de la salud para poder dar una primera respuesta en principios esenciales de apoyo psicosocial y la Primera Ayuda Psicológica (PAP). En este sentido, se recomienda entregar acceso a fuentes de apoyo psicosocial para las y los trabajadores que responden directamente al COVID-19 (estrategia de monitoreo de Salud Mental en los equipos de salud).

La gestión de la información es otra área de trabajo. En este punto se apela al fortalecimiento del rol de vocerías oficiales con empatía, transparencia y transmitiendo confianza e información de manera oportuna, práctica, veraz y coherente.

El documento también plantea el rol de educación sociocomunitaria de los medios de comunicación para promover una adecuada salud mental); medidas de apoyo a personas en confinamiento (considerando, por ejemplo, mecanismos flexibles para autorizar salidas por periodos cortos y de manera segura; o la gestión oportuna en situaciones de violencia de género o intrafamiliar para facilitar refugios de urgencia que faciliten salir del hogar si es requerido); junto a investigación e innovación.

“La sanidad se debe pensar en distintas dimensiones, no solo física. Nuestra estrategia tiene que atender a la salud mental de nuestro país, no podemos importar ningún plan de China, Estados Unidos o España. Nuestra cultura es sicosocialmente compleja, marcada por la desconfianza en las instituciones, la desigualdad, el estallido social ya muestra una rabia acumulada pero al mismo tiempo, muestra comunidades más empoderadas y organizadas, tenemos alto índice de depresión adolescente" y todas estas particularidades se deben considerar en un plan de salud mental, señala la psicóloga.

Revisa la propuesta aquí:

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