Financiamiento: el inédito rol que tendrá Chile en la cumbre climática COP27 de Egipto

La ministra de Medio Ambiente chilena, la científica Maisa Rojas, fue llamada a facilitar uno de los temas más complejos de la negociación climática que tendrá lugar en la cumbre global que se celebra en Sharm-el-Sheikh, Egipto a partir de este domingo.


“Todos los países debemos ser capaces de entender que tenemos una ventana de oportunidad para actuar y que esa ventana cada vez se va cerrando más y, en ese contexto, necesitamos elevar la ambición para enfrentar el cambio climático”, afirma a La Tercera Maisa Rojas, ministra de Medio Ambiente.

“La ventana que se cierra” es también el título del reporte lanzado la semana pasada por el Programa para el Medio Ambiente de Naciones Unidas (PNUMA), el que da cuenta de que los compromisos de los países para enfrentar la crisis climática se están quedando cortos y alejados de los objetivos del Acuerdo de París, de limitar el calentamiento global por bajo los 1,5°C desde niveles preindustriales.

El mundo se ha calentado 1,2°C en los últimos dos siglos. Y aunque parezca poco, ese calentamiento de la atmósfera, producto de los gases de efecto invernadero que emanan principalmente de la quema de combustibles fósiles, ya ha generado numerosos impactos como olas de calor, sequías, aumento de fenómenos extremos como huracanes y aumento del nivel del mar.

Efectos del huracán Katrina en el centro de Nueva Orléans en 2005. Foto: AP

“Sin que exista una vía creíble para llegar a 1,5°C, solo una transformación urgente de todo el sistema puede evitar el desastre climático”, dice el reporte del PNUMA. Otro informe, publicado por la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, muestra que los compromisos actuales de los países proyectan un escenario de calentamiento global de 2.5°C.

En un escenario en que “cada fracción de grado importa”, las discusiones que se darán a partir de este domingo, en la Conferencia de las Partes N°27, en Egipto, se vuelven relevantes para el futuro del planeta.

Las COP alojan las negociaciones entre los países para hacer frente de manera conjunta al cambio climático, disminuyendo sus impactos, evitando que empeore, adaptándose a nuevos escenarios y enfrentando las consecuencias de un fenómeno que avanza a paso acelerado.

Este año, las discusiones se darán en Sharm-el-Sheikh, una ciudad-balneario ubicada frente al mar rojo, entre el 6 y el 18 de noviembre.

“Yo esperaría que todas las naciones, grandes y chicas, estén a la altura de la urgencia que tenemos para enfrentar la crisis climática. Las emisiones no pueden seguir aumentando y necesitamos financiamiento para que los países puedan mitigar el cambio climático, adaptarse y hacer frente a los impactos que ya están siendo muy evidentes ante los ojos de todas las personas”, asegura Maisa Rojas.

La ministra de Medio Ambiente chilena tendrá un rol fundamental en las negociaciones: Fue nombrada “co-facilitadora” de la negociación de “Pérdidas y Daños” en el marco de la cumbre.

Por “pérdidas y daños” se entienden aquellas consecuencias negativas del cambio climático. Dado el alto costo que generan los impactos en países vulnerables que no tienen responsabilidad en la situación en la que estamos, el tema se ha vuelto una verdadera bandera de lucha en las negociaciones climáticas. Año a año, toma mayor relevancia la discusión sobre quién paga por las consecuencias de la crisis planetaria, en una discusión que suele poner en bandos opuestos a países desarrollados y en desarrollo.

Rojas no es una desconocida en el mundo climático. Antes de llegar al gobierno de Gabriel Boric, fue una de las autoras principales del último informe del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, organismo que dota de la evidencia científica necesaria para la toma de decisiones en las COP. El país anfitrión, Egipto, que organiza y coordina la cita, encargó a la ministra chilena facilitar la discusión de pérdidas y daños junto a la enviada especial de Alemania, Jennifer Morgan, quien era hasta hace poco directora internacional de Greenpeace.

La ministra Maisa Rojas durante las negociaciones en el Congo. Foto: MMA

“Creo que la ministra tiene un espacio y una oportunidad súper importante por varias razones. Lo primero es que ella entiende muy bien el tema. Entonces, más allá de la facilitación que pueda realizar de buena manera, comprende muy bien el fenómeno, cuál es la atribución a la responsabilidad del cambio climático y además tiene la visión de un país en desarrollo y de carácter vulnerable”, opina Pilar Moraga, directora del Centro de Derecho Ambiental de la Universidad de Chile.

“¿Cuánto vamos a avanzar? Siendo realista no sé si es mucho lo que podemos esperar porque ahora depende de la voluntad política de los países desarrollados de poder comprometerse con acuerdos concretos en esta materia. Y ese acuerdo concreto va a pasar por el financiamiento y por un tipo de mecanismo vinculante dentro del marco del Acuerdo de París. Ahora, de todas maneras creo que están las condiciones dadas para ese escenario y el hecho de que la ministra Maisa Roja sea la facilitadora ya es un gran paso”, agrega Moraga.

La ministra ya inició su rol en la “PreCOP” que se desarrolló en octubre en la República Democrática del Congo, con conversaciones con otros ministros de Ambiente a fin de acercar posiciones para afinar un mecanismo financiero para pérdidas y daños. Rojas llegará a Egipto a partir del 14 de noviembre, para continuar con ese diálogo en la conferencia climática.

En concreto, la negociación se dará en dos vías: la discusión de un mecanismo financiero al que los países puedan acceder para atender las pérdidas y los daños de la crisis climática en sus territorios; y en la definición de una estructura de gobernanza para la “Red de Santiago”, iniciativa creada para la COP25 que organizó Chile, que busca dar asistencia técnica a los países.

El desafío no será sencillo y no solo debido al frágil escenario económico del mundo post pandemia. Las COP, finalmente, se juegan en el campo de la geopolítica, y ahí el escenario es aún más complejo después de que China congelara las conversaciones con Estados Unidos tras la visita de Nancy Pelosi a Taiwán en agosto de este año. Ambos países son los dos más grandes emisores de gases de efecto invernadero del mundo. Es decir, cualquier acción que ellos realicen impactará en el escenario global del cambio climático. Por eso (y su poderío económico), son siempre los dos grandes actores de las negociaciones. Si ambos no actúan unidos, difícilmente habrá un acuerdo global unánime, como lo requieren todas las decisiones en el marco de la ONU.

Una generadora de electricidad en Belchatow, Polonia. Foto: Reuters

Cómo el financiamiento cruza los puntos claves de la negociación

Para Sandra Guzmán, coordinadora del Grupo de Financiamiento Climático para América Latina, “en esta COP27, todos los elementos de la negociación están asociados, de alguna u otra manera, al financiamiento”.

Guzmán apunta a tres temas en concreto: Pérdidas y daños, el compromiso no cumplido por parte de los países desarrollados de entregar 100 mil millones de dólares a países menos desarrollados y la discusión sobre una nueva meta colectiva y cuantificable de financiamiento.

El compromiso de los 100 mil millones al año se hizo en 2009 para materializarse en 2020 y aún no se cumple. Si bien en esta COP se espera llegar a la meta y clarificar el instrumento en que se entregarán, la atención también estará puesta en una nueva meta, que no se centre solo en una cifra, sino que apunte a “situar los flujos financieros en un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente al clima y con bajas emisiones de gases de efecto invernadero”, como dice el propio Acuerdo de París.

Si bien no se resolverá en esta COP porque se tiene que definir en 2024 para entrar en vigor en 2025, es muy importante porque cobija otras discusiones. Este año iniciaron las discusiones y se realizarán sesiones ministeriales. El mensaje que esperamos es que esta meta esté basada en las necesidades de financiamiento”, dice Guzmán.

“La nueva meta nos va a marcar el rumbo de todo el proceso internacional por los próximos años. Tiene que estar basada en necesidades, pero también es importante para nuestra región que tenga sub-metas e incorpore financiamiento para mitigación, adaptación y pérdidas y daños. Y la nueva meta no tiene que ser sólo cuantitativa. No es que ahora sean 200 mil millones, el piso son los 100 mil millones, pero también tenemos que hablar del acceso, si es a través de préstamos o donaciones. Hoy los países en desarrollo se están endeudando para acceder al financiamiento climático y eso no tiene ningún sentido. La nueva meta tiene que tener una orientación transformadora”, agrega María Laura Rojas, directora de la ONG Transforma.

La hora del balance global

La COP27 también será escenario de un hecho inédito: El desarrollo del llamado “Balance global” (Global Stocktake en inglés). “Es un proceso dentro del Acuerdo de París, que intenta revisar cómo vamos en términos de implementación. No solo mitigación, sino también adaptación, pérdidas y daños, todo. Es una evaluación que se da cada cinco años sobre qué tan bien o qué tan mal vamos hasta el momento. Es la primera vez que se realiza desde que el Acuerdo de París entró en vigencia, es un proceso de dos años, que empezó este 2022 y termina en 2023. Será muy interesante ver cómo sucederá, porque la idea es analizar no sólo dónde estamos, sino también en cómo vamos a cerrar esas brechas. Entender cuáles son las transformaciones que tenemos que hacer y qué necesitamos para llevarlas adelante. Es una discusión un tanto diferente a las que solemos ver”, apunta Anna Pérez, investigadora del IDDRI.

Un avión sobre el centro de convenciones, que albergará la Cumbre Climática COP27 de la ONU, que comienza el 6 de noviembre, en Sharm el-Sheikh, Egipto Foto: AP

Para Pilar Moraga, el balance es una “pieza fundamental” del Acuerdo de París. Así lo explica: “Si el diagnóstico que nos da este reporte es negativo, en el sentido de que no estamos cumpliendo aquello con lo que nos comprometimos, entonces se van a activar los mecanismos que tiene para poder acompañar a los países más deficitarios en su compromisos para poder avanzar en mayor ambición. Entonces, es clave el balance que termina el próximo año, para poder ajustar los compromisos nacionales hacia una mayor ambición”.

En ese sentido, dice que Chile tiene mucho que aportar en la discusión, ya que tiene un compromiso de mitigación actualizado, una Estrategia Climática de Largo Plazo que define metas sectoriales de cara a la carbono neutralidad en 2050 y una Ley Marco de Cambio Climático vigente.

La esquiva unión latinoamericana

En paralelo, la COP27 también alojará una discusión que hereda de la COP26 de Glasgow, cuando se determinó crear un plan de trabajo para “aumentar urgentemente la ambición y la aplicación de la mitigación en esta década crítica”. Esto apunta a “mantener vivo el compromiso de 1,5°C”, algo que se ve cada vez más difícil.

¿En qué se traduce eso? El debate se dará en la COP27. Chile, a nombre de su grupo negociador AILAC (que agrupa otros países latinoamericanos como Colombia y Costa Rica) apunta a que sea a través de soluciones y enfoques específicos que permitan alcanzar un peak de emisiones en esta década y alcanzar transformaciones sistémicas en sectores claves, como energía, industrias, ciudades y transporte.

Esto no es compartido por todos, ni siquiera en la región latinoamericana. Bolivia, a nombre de su grupo de países en desarrollo afines, plantea que el nuevo programa de mitigación no debe desarrollar compromisos sectoriales, específicamente en torno al gas, un combustible fósil que contribuye con emisiones de gases de efecto invernadero, pero al que el Parlamento Europeo recientemente le dio un “sello verde”.

“Hay un riesgo grande en América Latina y el Caribe de que frente a la situación geopolítica global, muchos países se presentan como reemplazo, que vienen a ocupar el lugar del gas y granos que Rusia y Ucrania no podrán exportar. Hay que frenar eso, ver las posiciones que tendrán nuestros países para una transición energética justa. El año pasado fue muy difícil la mención a combustibles fósiles, al carbón y a los subsidios. Eso le da reticencia a países a tener discusión sectorial, porque no quieren que nos metamos con el petróleo, el gas, las vacas. Si lo queremos abordar tanto el Balance global como en el programa de trabajo de mitigación, de aquí a 2030, con incentivos a países y privados en el marco del Acuerdo de París, para avanzar y acelerar la reducción de emisiones, hay que tener una discusión sectorial y será importante hacerlo en esta COP”, afirma Enrique Maurtua, consultor de políticas climáticas.

Una granja de vacas en Frankfurt, Alemania. Las vacas son una de las principales emisoras de metano, uno de los gases de efecto invernadero que contribuyen al cambio climático. Foto: AP

Pese a la histórica dificultad de posiciones comunes en la región (los países se reparten en varios grupos negociadores distintos), para María Laura Rojas “tenemos tres gobiernos que prometen en términos de ambición climática, en narrativas y programas: Chile, Colombia y, super reciente, Brasil. Algo super importante es que Lula confirmó asistencia para la COP, y eso puede marcar un tono en la conversación. Sería bueno que se articulen estos tres países, porque la región necesita posiciones unificadas”.

La COP incluye dos días de “diálogos de alto nivel”, donde los presidentes se reúnen y suelen hacer anuncios de alianzas y compromisos. El presidente de la República, Gabriel Boric no participará de la conferencia en Egipto, pues privilegió su ida hasta Tailandia para el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC) a partir del próximo 15 de noviembre.

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