La COP26 sale adelante, aunque financiamiento a países vulnerables seguirá penando

Alok Sharma, presidente de la COP26, tras la conferencia de prensa en que se dio término a la COP26.

Con un final no exento de dramas y negociaciones a última hora, la cumbre climática de Glasgow llegó a su fin, con más resultados positivos que la última versión en Madrid.




De un lado, John Kerry (enviado especial de Estados Unidos para el cambio climático) y Su Biniaz (veterana negociadora norteamericana); y del otro, Ahmadou Sebory Toure, jefe negociador del grupo G77+China, que agrupa a más de 130 países en desarrollo. Alrededor de ellos, negociadores de distintos países.

La escena marcó el punto más tenso de la Cumbre Climática de Glasgow. Sábado al mediodía, el evento ya se había extendido 20 horas más de lo que debía y no había acuerdo. La reunión, improvisada en pleno plenario, fue para destrabar las posiciones que estaban bloqueadas en torno a los mercados de carbono del Acuerdo de París, con Estados Unidos rechazando el punto de que cada intercambio comprometa un pago hacia el fondo global de adaptación.

John Kerry, a la derecha, durante las negocaciones finales. Foto: Arthur Wyns

A regañadientes, los países en desarrollo terminaron aceptando la postura estadounidense, a fin de que no se cayera el artículo completo producto de esa diferencia.

El cierre de la COP26 no estuvo exento de drama, pero finalmente los 193 países llegaron a un acuerdo que nombraron “Pacto Climático de Glasgow” y que, después de 5 años, por fin deja al Acuerdo de París con un reglamento claro para su funcionamiento, además de otros pasos históricos y, también, más de una decepción.

Las últimas horas del carbón

Alok Sharma, desde la presidencia de la COP26 a nombre del Reino Unido, insistió toda la semana en cerrar la Cumbre el viernes. El primer borrador final se conoció el día miércoles 10 de noviembre y contenía una frase inédita: Que los países “aceleren la eliminación progresiva del carbón y las subvenciones a los combustibles fósiles”.

La quema de combustibles fósiles (carbón, petróleo y gas natural) es la principal actividad emisora de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. Sin embargo, el Acuerdo de París -la herramienta política de los países para enfrentar el cambio climático- no los menciona ni una sola vez.

Chimenea

La inclusión en el primer borrador ya era histórica y muchos vaticinaban que se caería con el correr de los días. Y es que un total de 503 lobbistas de la industria fósil llegaron hasta Glasgow, según un análisis que hizo Global Witness, más grande que la delegación de cualquier país.

La mención finalmente se mantuvo, aunque con varias modificaciones. De “eliminación” se pasó a “reducir gradualmente” el uso del carbón y a eliminar solo los subsidios “ineficientes” al resto de los combustibles fósiles. “No es una prohibición absoluta, el texto se suavizó”, afirma Gabriela Burdiles, observadora de las negociaciones por la ONG FIMA. De todas maneras, dice, “es primera vez en la historia que se mencionan en estas negociaciones acuerdos de mitigación y ‘transición justa’ relativos al uso, producción y financiamiento de los combustibles fósiles, que son los mayores causantes del cambio climático”.

A esto se suma una alianza de 10 países, liderada por Costa Rica y Dinamarca, de ir más allá del carbón y ponerle fecha de término al resto de los combustibles fósiles. Esto “eleva la barra para la acción climática. Si queremos abordar la crisis climática, necesitamos una eliminación gestionada pero decisiva de la producción de petróleo y gas”, dijo en el lanzamiento la ministra de Ambiente de Costa Rica, Andrea Meza.

El anuncio involucra a un número muy limitado de países, pero puede significar un primer paso en el camino de eliminar los combustibles fósiles. Chile, que tiene fecha de cierre de centrales de carbón para 2040 pero todavía cuenta con centrales a gas natural, no se sumó al listado.

El libro de reglas cerrado

Una COP tras otra, las negociaciones respecto al Artículo 6 (mercados de carbono) y Transparencia llegaban a punto muerto. En Glasgow, ambas llegaron a su fin.

El artículo 6 del Acuerdo de París permite un mercado de compra y venta de reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero. Las “reducciones” son acciones que evitan que se emita más CO2 a la atmósfera, por lo que establecer reglas claras y equitativas del mercado de intercambio siempre fue complejo.

Los países llegaron a Glasgow con el recuerdo de cinco años sin cerrar esta negociación, por lo que la presión fue un elemento también. Finalmente, se establecieron las reglas respecto cómo funcionarán los “enfoques cooperativos” entre países; las reglas técnicas del mecanismo que será supervisado por la Convención Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático (CMNUCC); y una serie de enfoques “no relacionados con el mercado” que serán incluidos.

Todos aflojaron posiciones y se establecieron, por ejemplo, limitantes a cálculos de doble contabilidad de emisiones, referencias a pueblos indígenas y respeto a derechos humanos en los proyectos y la inclusión de algunos créditos de carbono que provienen del mercado establecido hace más de 20 años, en Kioto.

“Este documento no es perfecto, pero lo podemos apoyar. Lo que incluye el Artículo 6 no es lo óptimo, pero fue lo que logramos acordar y es un avance”, asegura Andrea Meza.

La otra parte del “libro de reglas” de París tenía que ver con el “marco de transparencia”, también cerrado en Glasgow, que permitirá hacer análisis y seguimiento preciso de los compromisos de mitigación de cada país y, con eso, contar con información clara sobre los progresos en función del objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5°C.

Otro punto pendiente eran los “tiempos comunes”, para transversalizar el período que abarque cada compromiso de mitigación (NDC, según sus siglas en inglés). Todos los países deberán entregar a la ONU sus planes climáticos cada 5 años.

Sin claridades de financiamiento

El financiamiento fue uno de los temas centrales de la COP26 y, tras su cierre, el principal foco de crítica de la sociedad civil y países en desarrollo.

El texto final reconoce “con profundo pesar” el incumplimiento de 100 mil millones de dólares al año para 2020 que países desarrollados se comprometieron en 2009. En Glasgow, los países se comprometieron a doblar el financiamiento en la adaptación al cambio climático para 2025 (hoy se lleva apenas el 20% del total). Sin embargo, no se llegó a una nueva meta concreta post 2025, como se esperaba.

Activistas realizan un funeral siombólico en un cementerio de Glasgow, a modo de protesta por los resultados finale de la COP26. Foto: Reuters

El otro tema que dejó a varios decepcionados es “pérdidas y daños”, relacionado a los desastres que provocan eventos extremos y la necesidad de financiamiento de países pobres, lo que va más allá de la mitigación y la adaptación al cambio climático.

En Glasgow se esperaba darle forma a la “Red de Santiago”, creada en la COP25 para movilizar recursos con ese fin. El grupo de G77+China propuso un mecanismo independiente que facilite financiamiento y asistencia a países vulnerables. Sin embargo, fue rechazado por algunos países ricos y finalmente se determinó realizar una serie de diálogos en los próximos años, además de la operacionalización de la Red de Santiago.

“Las reparaciones de pérdidas y daños es la gran demanda del sur global. Pero el Acuerdo de París, en su párrafo 51 excluye cualquier responsabilidad por pérdidas y daños producto del cambio climático, fue algo que Estados Unidos logró poner ahí. Ellos, como país, eluden sus responsabilidades y no apoyaron la propuesta del G77″, afirma Gabriela Burdiles.

“Lo que hicieron los países ricos es demostrar, una vez más, su completa falta de solidaridad y responsabilidad para proteger a aquellos que están enfrentando lo peor de los impactos climáticos”, aseguró Tasneem Essop, directora de la Climate Action Network.

Oportunidad para seguir mejorando

El texto final de la COP incluye otros puntos relevantes que dan a entender que los países apuntarán cada vez más alto en sus políticas climáticas. Por ejemplo, se reafirma el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5°C, para lo cual se necesita reducir en un 45% las emisiones globales de aquí a 2030.

Esto es un reconocimiento a la ciencia y a la comprobada brecha existente entre las promesas y el objetivo de París. Según el último reporte de Climate Action Tracker, incluyendo todos los compromisos entregados en Glasgow y las promesas de carbono neutralidad, el mundo apunta a un calentamiento de 2,4°C.

Para limitar esa brecha, el texto solicita a todos los países que actualicen sus compromisos de mitigación en línea con los 1,5°C para 2022, previo a la COP27 que se realizará en Egipto.

Para la autora del Panel Intergubernamental de Cambio Climático, la argentina Inés Camilloni, el objetivo de 1,5°C “sigue vivo, pero mientras más nos demoremos más difícil será de alcanzar. Vemos promesas y compromisos, pero necesitamos que actúen ahora, no hay tiempo que perder”.

Para Laurence Tubiana, una de las arquitectas del Acuerdo de París, “la COP ha respondido con el llamado del IPCC de cerrar la brecha hacia los 1,5°C, pero todavía queda mucho que hacer (...) El ‘greenwashing’ es el nuevo negacionista climático y ya hemos visto mucho en juego en esta COP. Debemos fortalecer los mecanismos de rendición de cuentas para las promesas de net zero”.

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