Patrick Spencer Grove

Patrick Spencer Grove

Académico de Sustentabilidad del Campus Creativo de la Universidad Andrés Bello

Qué Pasa

Huelga en mi empresa: ¿me sumo o no?


Juan se acaba de enterar que en su empresa se está organizando una huelga para exigir mejores salarios a todos los empleados. Entre sus compañeros se corre la voz para que todos participen, ya que así la huelga sería más efectiva. Luego de pensarlo unos minutos, Juan concluye que pueden ocurrir una de dos cosas: que efectivamente se consiga el aumento salarial o bien, que las cosas sigan como están. En el primer escenario, Juan asume que, si la huelga consigue su objetivo, se verá beneficiado por la mejora salarial, pero si así no fuera, probablemente sería mejor no adherirse para mantener buenas relaciones con sus superiores. El único problema es que, si todos los empleados pensaran igual que Juan, los potenciales beneficios nunca se harían realidad.

Esto es lo que se conoce como “Teoría de juegos” y describe una variedad de escenarios y situaciones sociales donde la participación de la ciudadanía se ve condicionada por el razonamiento individual que cada uno tiene. Las decisiones que tomamos se ven afectadas por distintos factores, como, por ejemplo, los beneficios que podríamos llegar a obtener de dicha participación versus el riesgo o esfuerzo en participar.

Es en este contexto que aparece el concepto de “cooperadores condicionales”. Psicólogos y neurobiólogos han usado este término para describir lo que, al parecer, sería gran parte de la población mundial. La palabra “cooperar” tiene como significado “trabajar junto a otros por un objetivo común”. Básicamente, un cooperador condicional está dispuesto a cooperar en una causa o problema sólo si es que siente que hay suficientes personas dispuestas a hacerlo. Es decir, en general, los seres humanos no nos encontramos dispuestos a hacer sacrificios individuales, si no que preferimos sumarnos a iniciativas colectivas donde otras personas ya tomaron ese primer paso.

En materia de sustentabilidad y conciencia medioambiental ocurre algo similar. El impacto individual suele subestimarse: ¿para qué voy a reciclar si sólo soy una persona? Un claro ejemplo de esto ha sido la incorporación de la comida vegetariana o vegana en nuestra dieta. En Estados Unidos, en el 2014 sólo un 1% de la población se identificaba como vegana y en el 2017 esta cifra aumentó a un 6%. Esto puede no parecer mucho, pero es un aumento de un 600% en un período de sólo 3 años. Tendencia que, según predicciones de distintos lugares del mundo, seguirá en aumento. Esto debido al cambio cultural y a la creciente oferta de alternativas vegetarianas o veganas, lo cual, a su vez, se debe al aumento de demanda por parte de la ciudadanía. Este es sólo un ejemplo de conductas individuales que terminan resultando en una cooperación colectiva.

Una interrogante que queda en el aire es si lograremos dejar de lado nuestros intereses individuales a tiempo para trabajar de manera conjunta y así obtener los mayores dividendos a futuro como especie. Luchar contra nuestro instinto racional individualista para dar paso a conductas que nos permitan garantizar nuestra supervivencia colectiva.

A fin de cuentas, al ayudar al otro, también nos estamos ayudando a nosotros mismos, a nuestros hijos, nietos y a las futuras generaciones por venir.

 



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