Katherine Johnson, la matemática que permitió el alunizaje del Apolo 11


La noche del lunes 20 de julio de 1969 la humanidad tenía su atención posada en la Luna. Mientras Neil Armstrong ponía por primera vez un pie en el satélite en un rincón silencioso y, hasta entonces, virgen del espacio, más de 500 millones de personas celebraban el triunfo de Estados Unidos en la carrera espacial contra la Unión Soviética. Sin embargo pocos sabían para aquel entonces que aquella conquista pertenecía también a una mujer afroamericana, quien esa célebre noche de verano contemplaba su victoria frente a una pequeña televisión en blanco y negro desde un complejo vacacional en Pensilvania.

La obsesión por los números de Katherine Johnson comenzó desde muy pequeña. Logró entrar a la universidad con sólo 14 años y a los 18 ya se había graduado en matemáticas y francés en la Universidad de West Virginia, lo que le permitió comenzar a trabajar desde una temprana edad como profesora en una escuela para personas de ascendencia africana en el mismo Estado. Sin embargo su vida cambió en 1953, cuando quedó seleccionada para unirse al Área de Controles Navales Espaciales de la entonces Naca, el Comité Asesor Nacional para la Aeronáutica de Estados Unidos que antecedió a la Nasa.

La matemática y científica espacial, quién este año cumplió 100 años, comenzó trabajando como una de las calculistas del Área Oeste del Laboratorio Langley, donde realizaba los cálculos requeridos por los ingenieros del Departamento de Guía y Navegación. Sin embargo después de años de trabajo, su capacidad para las matemáticas, y en especial para la geometría, la llevaron a convertirse en una pieza importante dentro de la agencia espacial.

Su carrera en la Nasa despegó junto con la de Alan Shepard, el primer estadounidense en viajar al espacio con la misión Redstone 3 y el segundo en conseguirlo tras el soviético Yuri Gagarin en 1961. Katherine se ofreció a calcular el ángulo de despegue del vuelo suborbital de Shepard, el que se asemejaba al movimiento parabólico de un proyectil.

“La trayectoria inicial era una parábola, y era fácil predecir dónde estaría en cualquier momento. Dijeron que querían que la cápsula bajara en cierto lugar e intentaron calcular cuándo debía comenzar, pero les dije: ‘Déjame hacerlo. Dime cuándo y dónde lo quieres aterrizar y lo haré al revés. Te diré cuándo despegar. Ese fue mi fuerte”, dijo Johnson en una entrevista con la Nasa años después de la hazaña que le permitió a Estados Unidos reincorporarse en la carrera espacial tras la ventaja de los soviéticos.

Fueron esa determinación y liderazgo los que la llevaron años más tarde a realizar el trabajo por el que sería más conocida: los cálculos de la trayectoria de viaje en la misión Apolo 11 que llevaron al hombre por primera vez a la Luna. Johnson se encargó de calcular el momento en el que el módulo lunar Eagle, del que descendieron Neil Armstrong y Edwin Aldrin, debía abandonar el satélite para que su trayectoria coincidiese con la del módulo orbital Columbia y pudiera así acoplarse a él para regresar a la Tierra. “Había hecho los cálculos y sabía que eran correctos, pero cualquier cosa podía pasar”, dijo la científica espacial. Sin embargo, todo salió según lo planeado ese día, conmemorando el hito que reimpulsó la reputación de Norteamérica en la carrera espacial, dando pie a otras cinco misiones tripuladas al satélite.

Durante sus 33 años de servicio en la Nasa, Katherine Johnson realizó numerosos proyectos que contribuyeron significativamente con los el éxito de la agencia aeroespacial, lo que la llevó en 2015 a recibir la Medalla Presidencial de la Libertad de EE.UU., otorgada por el entonces presidente Barack Obama, e incluso a ser una de las protagonistas de la cinta nominada a los Oscar Figuras Ocultas, inspirada en el libro de Margot Lee Shetterly.

“Algunas cosas desaparecerán de nuestra vista, pero siempre habrá ciencia, ingeniería y tecnología. Y siempre, siempre, habrá matemáticas”, dijo Katherine Johnson.



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