Me hice amigo del ex de mi señora y estoy en problemas: ¿Qué hago? (2° parte)

Las grandes personas hacen que sientas que tú también puedes ser grande (Mark Twain)



Ganan Boric y Sichel en las primarias, la Lista del Pueblo busca candidato y Provoste, Kast y Narvaez siguen carrera en paralelo. El Senado aprueba el matrimonio y la adopción en parejas homosexuales, algunas comunas denuncian que no hay vacunas, la clásica negrita cambia de nombre debido a la revisión histórica del contexto cultural, la selección femenina de fútbol de Chile cae ante el Reino Unido en una nueva cita Olímpica -que lucha contra la sombra del covid-, siguen presentando acusaciones constitucionales contra los Ministros de Educación y Salud, Arturo Vidal goza de las bondades de los Emiratos Árabes y en la Región Metropolitana no cae una gota de lluvia... y aumentan las temperaturas.

Fuera de nuestro país, las protestas espontáneas y la represión policial en Cuba se toman la agenda internacional, Pedro Castillo es oficialmente el nuevo presidente del Perú, Francia impone pasaporte sanitario, mientras sus vecinos en Bélgica y Alemania sufren inéditas inundaciones. En Estados Unidos la crisis migratoria con México nubla la luna de miel de Joe Biden, China rechaza otra visita de la OMS, incendios incontrolables arrasan más de 34000 hectáreas en California, Harvey Weinstein se declara no culpable de nuevos cargos de abuso sexual y fuera de nuestra órbita, Jeff Bezos recorre el espacio en su nave durante 11 minutos y ya muchos se preguntan si se privatizará el espacio.

En este contexto, vía zoom, me conecto con Pablo, un cliente que reconoce que haberse hecho amigo de Iván, el ex marido de su pareja, le ha traído muchos problemas. Entiende que no fue una buena idea amistarse a sus espaldas y tener a los hijos de ella y de él de cómplices. Desde que la Coti, su actual pareja, descubrió esta secreta amistad, Pablo no ha visto más a Iván.

¿Cómo estuvo mi semana? Siguen los interrogatorios, las preguntas y peleas. ¿Pero sabis qué? Eso ya no me molesta. Lo que me cabrea es que pienso mucho… pienso mucho en la casa de Iván y en mi infancia. Y tengo rabia, mucha rabia con la Coti, pero también con mi pasado.

¿Por qué con la Coti y tu pasado?

La Coti, a diferencia de Iván, nunca se interesó verdaderamente por mí, por mi historia. Ella, desde su torre de marfil, encuentra que no tengo ningún derecho a quejarme porque vengo de una cuna llena de privilegios. Pero… ¿qué sabe una hija única, ultra mimada, de lo que es ser el sexto hijo en una familia acomodada? Imagínate que Iván, con todo su cuento mapuche, me hizo ver que mi infancia era mucho más parecida a la de él que a la de la Coti.

¿En qué sentido?

Gran parte de mi infancia la pasé en el sur. Vacaciones que habían nos mandaban a todos pa’ allá. Invierno, verano, dieciocho, daba lo mismo. Nos mandaban por días, semanas y a veces hasta meses… y en todo ese tiempo no veía a mis viejos. Era lo normal, lo que nos tocaba. A mis primos les pasaba igual y recuerdo cómo los más chicos perseguíamos a las nanas para no estar solos. Mis viejos, como éramos tantos, no nos llevaban a ningún otro lugar, ni íbamos a restaurantes en Santiago ni sabíamos lo que el quality time o la exclusividad significaban. A veces comíamos porotos toda la semana porque era lo que había. Otras veces choclo. Y así. Cero lujos, nada de Nueva York ni de Europa. Y estaba bien, pero muchas veces echaba terriblemente de menos a mi mamá, envidiaba a los amigos que estaban siempre acompañados por sus papás y me pegaba como lapa a mi abuela o a la nana. Al igual que Iván, nunca tuve las zapatillas que quería, nunca tuve un pantalón nuevo. Todo era usado, prestado, reciclado. Tampoco teníamos útiles escolares propios o cuadernos comprados… Por eso me da rabia la Coti.

¿Por qué?

Porque la weona, disculpando mi francés, lo tuvo todo y desde ahí me critica. ¿Y qué tuve? Una casa grande en Santiago, un campo familiar en el sur y un colegio donde estaba lleno de familias como la mía. Familias donde los hermanos mayores eran ejemplares, los del medio tarde o temprano se perdían y los menores no existíamos. Y todos esos desastres eran mis amigos. Hay milagros, me gusta creer que soy uno de ellos, pero la mayoría siguen una vida bien mala. Sin ir más lejos, tengo un hermano estafador al que defiendo porque es indefendible, un hermano alcohólico que se fue a vivir al sur -a lo que queda del campo familiar- y otro que va en camino a lo mismo. Y dos hermanos mayores que se quedaron con todas las virtudes, neuronas y redes de contacto. Por eso, con Iván, me sentía en casa. Ese weon, que apenas conocía, me escuchaba, me preguntaba, me alababa. ¿Tu cachai que la Coti jamás me ha pedido mi opinión legal pa’ ninguna webada? Tampoco me pregunta cosas de los niños y se ríe de mis opiniones políticas, pues soy demasiado amarillo para una mujer que cumple con el manual de lo políticamente correcto. Y ojo, la admiro, pero puta que se ha puesto pesada. Y pensé que era yo, pero al conocer a Iván, me di cuenta que con él fue igual. Lo webeaba por flojo, por escribir poesía, por abandonar los activismos y dejarse querer por universidades europeas. ¿Y qué tiene de malo vivir así? Y con una copa en la mano y un cigarro en la otra, el ex de la Coti me hablaba de su infancia a las afueras de Temuco, de su abuela mapuche, del fogón. Y el weón, con el mismo respeto e interés que yo, escuchaba sobre mis vacaciones, la lucha constante por hacerte un espacio en la manada, la lucha por todo. Y brindamos por nuestros abandonos, por las negligencias que vivimos y por haber sobrevivido. Y los niños se apuraban a brindar con nosotros con Coca-Cola, aunque solo a ti te confieso que igual ya se fumaban sus pitos. ¿Cachai la cagada que me quedaría si sabe la Coti? Weón, la Corte Internacional de Derechos Humanos sería tan solo la primera parada. Me mata y tengo pánico de que algún día cache. Y los niños están tristes y enojados con su mamá y yo pongo paños fríos. Ya sabes, soy un agradador profesional. Pero también estoy triste.

¿Por qué?

Por un lado, es penca cuando te dai cuenta lo solitaria que fue tu infancia, pese a que estabai rodeado de hermanos, nanas, primos. Echaba de menos a mis viejos, sobretodo a mi vieja. La cantinela familiar es que no alcanzaban las lucas y que nos tenían que mandar al sur para poder trabajar, pero igual da pena. ¿Para qué tuvieron seis hijos? Pero también me da orgullo, sobreviví, logré hacerme un espacio a combos y patadas. La pelota me salvó la vida y gracias a ella y al hecho que mi viejo hacía clases en la U que estudié, pude entrar a la carrera. Carrera que tampoco elegí ni tuve muchas opciones. Era desordenado. Nunca tuve hábitos de estudio, nunca nadie se sentó a hacer una tarea conmigo o a leerme un cuento. Y así, dando botes, saqué la carrera en diez años, mientras la Coti ya había hecho un Magíster y un Doctorado. ¡Pero el privilegiado soy yo! ¡Y tuve que pagar el crédito! ¡Y no salí a quemar ninguna webada! ¡Y más encima soy un amargado, retrógrado, privilegiado que no celebra que quemen las estaciones de metro y las iglesias! Pero ya, me calenté, perdona Sebastián. La cosa es que ni el Iván es tan extremo. Y si bien la semana pasada te dije que en su casa me sentía tan cómodo como en la de mis viejos, siéndote súper sincero, con Iván y sus amigos me sentía mucho mejor.

¿Cómo te sentías?

Acompañado. Supongo que no solo me sentí solo en mi infancia, sino con la Coti… (silencio)… y en este mundo de poetas, pintores, pequeños empresarios… weones con mucha calle y pocas lucas… me sentí valorado. Es gente linda. Nada les ha salido bien, nada les funciona y aún así se ríen, brindan y fuman. En esa casa no hay cáncer de pulmón, ni leche sin lactosa o pan de masa madre. Me encantan las onces que se mandan. Marraquetas grandes, huevos revueltos y Nescafé con leche. ¡Mi infancia! Y cuando hay onces de lujo, palta. Y yo llevo esas webadas y me tratan como un Rey. Y a cambio me ofrecen vino, puchos y abrazos. Y aunque no me guste tanto, fumo para no ser menos. Para no rechazarlos, pues siento el cariño. Y en esa efervescencia de amor le ofrecí a Iván transferirle la plata que él tiene que pasarle mes a mes a la Coti, con la condición de que no le contara nada a la Coti y los niños (silencio).

¿Y qué pasó?

Puta me emocioné. Iván también se emocionó. Lloramos juntos y él me dijo que nunca nadie había hecho nada así por él (silencio). Yo he ayudado a muchas personas Sebastián, sobretodo a mis hermanos y amigos, pero esta es la plata mejor invertida. Y ahí Iván me dijo que teníamos que celebrar viendo toda la temporada de Juego de Tronos volados de verdad. Y en eso estaba cuando llegó la Coti y me cachó sentado en el sofá viendo tele con su ex y los niños.

¿Y qué piensas hacer?

¿Cachai la cantidad de mentiras que he acumulado en esta pandemia? ¿Cachai la cagada que quedaría si la Coti me descubre una por una? Si no fuera por mi pega, por el personal trainer que contraté y por los niños, no resisto. Calcula que me whatsapeo con Iván y le cuento cómo están los niños y él me cuenta que en su casa todos nos echan de menos. Sé que mi estrategia a mediano plazo va a funcionar. Si Iván le deposita mes a mes lo que corresponde a la Coti, la tensión va a bajar. Y espero que bajando la tensión y avanzando en el plan paso a paso pueda arrancarme más, pero mientras tanto, en lo inmediato, me lleno de recuerdos y sueños.

¿Qué sueños?

Me gustaría llevar a los niños a la tierra de Iván, finalmente, a su tierra. Que conozcan sus raíces, pero sobretodo, a la abuela. Muero por sentarme en un fogón, que me miren feo por winka y que terminemos hermanados. Y también me gustaría llevar a los niños y a Iván a la casa de mis viejos en el sur. Pese a que lo pasaba como la callampa, el lugar es hermoso, y no he vuelto desde que me separé. Nunca más quise volver ni tener otras vacaciones allá. Quedé traumado por años, pero echo de menos a mis viejos.

¿Y qué te gustaría que pasara?

Ya que estamos soñando, me gustaría que mis viejos se alegraran de verme, que me preguntaran por mí, que quisieran conocer a la Coti y a los niños. Presentarles a Iván... Entenderlos y perdonarlos, pues aunque les tengo bronca, no sé cómo lograron sobrevivir con seis cabros a cuestas… (Silencio prolongado).

Ya… estamos en la hora y no me voy a poner a llorar. No te quiero alargar la sesión. Descansa Sebastián, no sé cómo chucha hací para escuchar tanta cosa y de verdad espero contarte la próxima semana que la Coti ha aflojado y que nos mandamos un carrete con Iván, los niños y nuestros amigos. En familia. Una buena familia.

Continuará…

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