Mujeres, jóvenes, separados y que viven en casas sin patio o jardín: los con peor salud mental en pandemia

Una de cada tres personas en Chile entre 21 y 68 años exhibe dificultades mentales, según el Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS-UC, el primer estudio longitudinal que aborda esa temática dado a conocer hoy.




El abrupto cambio en la realidad de muchas personas, por la situación de pandemia, confinamiento y crisis económica, no ha sido fácil. Como resultado un 34,6%de las personas entre 21 y 68 años en el país exhibirían presencia de problemas de salud mental. Así lo revela el primer estudio longitudinal que aborda esa temática, el Termómetro de la Salud Mental en Chile ACHS-UC, dado a conocer hoy.

Realizado en el mes de julio, punto más alto de confinamiento cuando aún no se levantaba cuarentena en la Región Metropolitana, caracteriza a la población nacional en cuanto a su malestar psicológico y su relación con diversas características sociodemográficas.

David Bravo, director del Centro de Estudios y Encuestas Longitudinales de la UC, destaca que el estudio es parte de una serie de otras investigaciones que permitirán contar con una medición comparable y homogénea en el tiempo sobre salud mental.

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David Bravo, quien dirigió el estudio.

Mujeres con peor salud mental en pandemia

¿Quiénes se ha visto más afectados? En coincidencia con otras investigaciones sobre salud mental, son las mujeres quienes más reconocen estar afectadas. Ellas muestran 11,5 puntos adicionales de prevalencia de problemas de salud mental que los hombres (hombres 28,8% y mujeres 40,3%).

“La brecha de género en salud mental es conocida, pero en pandemia 12 puntos más es bien considerable y eso obviamente se adiciona a todas las otras problemáticas de la pandemia”, destaca Bravo.

Daniela Campos psicóloga, jefa de riesgos psicosociales de la ACHS, señala que los resultados no distan tanto de lo que está pasando en la población mundial en las mismas condiciones de pandemia.

Entre los datos que coinciden está que los problemas de salud mental en pandemia son mayores en mujeres. “Hay varias hipótesis, la primera tiene que ver con la división de tareas domésticas, sabemos que ellas hace años tienen esta doble presencia, de trabajo y cuidado de niños y adultos mayores, incluso en parejas sin niños, ellas ocupan más espacio mental en preocuparse por otros”, agrega.

Jóvenes y su salud mental

El estudio también muestra que los problemas de salud mental se manifiestan en mayor grado en el tramo de 21 a 34 años y en el grupo entre 45 a 54 años, con 39,3% y 35,9%, respectivamente, versus 30,2% del grupo de 35 a 44 años y 31,3%, de 55 a 68 años (ver infografía).

Las investigaciones sobre los impactos de la pandemia en la salud mental es un tema que se ha desarrollado intensamente en los últimos tres meses. Y al igual que en el estudio muestran que quienes tienen más prevalencia son las mujeres, las personas separadas, quienes viven solos y en edades son mayores en el grupo entre los 21 a 34 años y los grupos de 45 a 54 años.

En el caso de población joven y adulta joven, indica Campos, “ese ánimo puede estar vinculado a que son quiénes más usan redes sociales lo que puede desencadenar más estrés, y en adultos mayores la tasa de mortalidad es mayor, por lo que no extraña el estrés”.

En el caso del grupo entre 21 a 34 años, dice Antonia Errázuriz, del Departamento de Psiquiatría, Facultad de Medicina de la Universidad Católica, “se trata de un segmento que ha visto particularmente afectada su forma vincularse y relacionarse durante la pandemia”.

En el caso del estado civil, el estudio muestra que para casado (a) y conviviente la proporción que presenta problemas de salud mental es de 28,5%, viudo (a) 34,8%, soltero (a) y separado (a) 50,9%.

Entre los resultados también se muestra para quienes trabajan, el impacto en la salud mental es menor, “no se veía tan claro que el trabajar sea un factor protector, le da sentido a la vida, aumenta la autoestima y te mantiene ocupado, el tiempo libre aumenta la sintomatología ansiosa depresiva”, indica Campos. En ese sentido las personas ocupadas que reportan problemas de salud mental son solo un 31,2%, en cambio, las desempleadas la cifra sube a 44,5% y a 38,9% en el caso de los inactivos.

Agobiados

La investigación también muestra que con las actuales condiciones de salud mental se agravan con el consumo de tabaco y alcohol. Quienes indican que su consumo de alcohol ha aumentado en pandemia, muestran una proporción de problemas de salud mental de 42,1%, respecto a aquellos que no consumen (35,5%) y para los que ese consumo ha disminuido es de 31,7%.

En el caso del alcohol, Campos indica que en condiciones de estrés se trata de una situación de enfrentamiento evitativa muy compleja. “Se consume más por estrés, por las condiciones que genera el estar en un contexto de Covid-19. Y cuando se trata de un consumo diario, volver a la situación normal es difícil que el cuerpo se acostumbre a dejar de consumir todos los días. Cuando se comienza a manejar el estrés de esa manera es común que cada vez que hay un problema se enfrente así”.

En cuanto al estado de ánimo quienes reconocen que se ha sentido más y mucho más de lo habitual agobiado y en tensión, es de 54,8%. En tanto, el 32% admite que se ha sentido poco feliz o deprimido, más y mucho más que lo habitual.

Condiciones de la vivienda

Otro tema interesante son los datos sobre condiciones de la vivienda y su vínculo con la salud mental. “Si las personas tenían acceso a patio o balcón o terraza, y hay importantes diferencias de 20 puntos de diferencia, las condiciones de vivienda son cruciales”, sostiene Bravo.

Así, quienes viven cuentan con menos de 10 m2 por persona en su hogar, presentan 39,9% problemas de salud mental y si no cuentan con balcón, terraza, patio o jardín un 51%. Diferente a la situación de quienes cuentan con más de 20 m2 (28,5%) a quienes tienen balcón, terraza, patio o jardín (32,5%).

Aspecto importante a considerar a nivel de organización, subraya Campos: “las jefaturas deben tener mayor empatía, porque no todos tienen las mismas condiciones en sus hogares, no es lo mismo para personas que viven en un departamento que no tienen patio ni terraza y que vive con tres niños, que un empleado con patio y que vive con un hijo de 16 años”.

“Grupos que viven en condiciones de mayor hacinamiento o cuya estabilidad laboral es menor o que posean antecedentes de uso de servicios de salud mental era esperable que reportaran mayores niveles de malestar psicológico”, señala Errázuriz. El estudio tiene un gran valor porque establece una linea base que permitirá comparar los resultados de las siguientes rondas. “Hoy se pueden comparar los niveles de malestar psicológico entre los diferentes grupos y en tres meses será interesante observar cómo estos irán variando por grupo”, resalta.

Si estos datos pueden orientar sobre el ánimo al momento del retorno generalizado, se necesitan nuevas mediciones, detallan las especialistas.

Sin embargo, lo que se ha visto en otras investigaciones, dice Campos, es que cuando se empezó a retornar, se vieron síntomas de resistencia. “Para muchos les costó generar una rutina nueva en casa y ahora hay que generar otra al salir”, explica.

Por eso, lo ideal es que el retomar esas rutinas sea paulatino, “que se vayan enfrentando a lo que les da miedo, pero de a poco, en escalada, no volver el lunes siguiente a jornada completa, sino primero volver a una reunión el lunes, luego el miércoles día completo”.

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