Rafael Yuste, el neurocientífico que busca evitar el libre acceso a nuestros pensamientos

Rafael Yuste

Rafael Yuste, neurocientífico. Foto: Andrés Pérez.

Junto al senador Guido Girardi, presentó un proyecto de reforma para modificar el artículo 19, número 1°, de la Constitución en materia de protección sobre la integridad y la indemnidad mental en relación al avance de las neurotecnologías.




Es una realidad. Los pensamientos y la información que cada uno guarda en su cerebro ya está siendo descifrada por la ciencia. Ante esto, el neurocientífico español de la Universidad de Columbia, Rafael Yuste, busca promover la protección a los "neuroderechos" y establecer una forma de proteger la información que cada uno guarda en su cerebro.

Su objetivo es que se integre el resguardo a la información neuronal a la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Además, junto al senador PPD, Guido Girardi, presentarán un proyecto de reforma constitucional que modifique el artículo 19, número 1°, de la Carta Fundamental, en materia de protección sobre la integridad y la indemnidad mental en relación al avance de las neurotecnologías. La iniciativa, junto a un proyecto de ley que busque regular el desarrollo de la investigación y el avance de las neurotecnologías, será presentada la próxima semana en el Congreso Nacional.

Yuste, quien se dedica a entender y mapear la actividad neuronal de algunos seres vivos, cuenta a Qué Pasa sobre los riesgos de no regular el uso que se le puede dar a los avances científicos que ocurren cada vez más rápido.

-¿En qué momento de la investigación en neurociencia se dieron cuenta que existía un potencial peligro para la sociedad?

Cuando estábamos investigando en el proyecto BRAIN, impulsado por el presidente Barack Obama, escribimos en 2012 un artículo científico que forma la base intelectual del proyecto. Ahí, ya alertamos que es necesario una instancia de neuroética, de reglas para la correcta utilización de estas tecnologías. El proyecto se lanzó en 2013, pero no fue hasta muchos años más tarde cuando se formó una comisión ética.

Yo participé en esa comisión durante tres años, y a consecuencia de esto organicé dos reuniones en la Universidad de Columbia. La última que hicimos, en 2017, fue cuando nos juntamos con 25 expertos, y decidimos que esto era materia de Derechos Humanos. Lo escribimos posteriormente en un artículo que salió en la revista Nature.

-¿Es posible evitar que las mentes sean leídas hoy?

Es posible, si esto se regula y si es un Derecho Humano básico. Se podría evitar que los utilicen otras personas sin su consentimiento. El proyecto que se impulsará en Chile es pionero, se define por primera vez el término de "neurodato". Hace tiempo, en un aeropuerto me hicieron un reconocimiento facial y no tuve ni que mostrar el pasaporte, solo con los datos de mi rostro sabían que era yo. Eso es una cosa, que puedan tener la información de tu exterior, pero que puedan tener acceso a lo que piensas ya es más complejo. Eso es lo que definimos como un neurodato. Si esos datos se protegen como si fuera un órgano del cuerpo, no se podría hacer tráfico ni porte de ellos.

-¿Cuál es la mejor perspectiva para poder desarrollar y controlar el uso de los neurodatos?

En una de las reuniones en la Universidad de Columbia llegamos a la conclusión de que deberíamos seguir esta discusión desde un modelo médico. La Medicina es una disciplina que busca entender e intervenir el cuerpo, para bien y para mal. Pero llevamos más de dos mil años utilizándola para ayudar a la gente. Esto, porque los médicos de todas partes del mundo tienen una formación humanista, y un juramento hipocrático que asegura que su conocimiento será utilizado para beneficiar al paciente, respetando los principios de beneficencia, justicia y dignidad. Pensamos que ese modelo se puede utilizar para esta tecnología, que debiese existir un "Juramento Tecnocrático" donde las personas y compañías que desarrollan neurotecnología e inteligencia artificial tengan una formación ética, y desarrollen su trabajo y sus negocios dentro de esos principios.

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Rafael Yuste, neurobiólogo español. FOTO: Andrés Pérez[/caption]

-¿Cree que las investigaciones en neurociencia e Inteligencia Artificial causen más perjuicios que beneficios a la sociedad?

Estoy convencido de que la inmensa mayoría de los efectos van a ser beneficiosos, y queremos evitar los efectos perjudiciales. Si no tenemos neuroderechos, pienso que los efectos negativos podrían ser mucho mayores. Podrían tener acceso a la actividad mental de las personas, o se podría hacer un aumento cognitivo de las personas por sobre otros ciudadanos. Esto podría llevar a provocar una fractura social, y por eso queremos impulsar los neuroderechos a nivel internacional.

-¿Existen desarrollos científicos para evitar que las mentes puedan ser "hackeadas"? 

Sí, se están intentando desarrollar algunos cortafuegos. Por ejemplo, en Google se está desarrollando una manera de mantener tus datos dentro de tu propio "dispositvo". Esto lo llaman Aprendizaje Federado. De hecho, quien lleva esta investigación, Blaise Agüera, es uno de los 25 firmantes de nuestra declaración. Esto mismo se podría utilizar en la neurociencia. Se podría mantener a la gente conectada, pero los datos cerebrales nunca saldrían de la mente de cada persona.

Vea en este video

la actividad neuronal de un Hydra Vulgaris

(un tipo de pólipo de agua dulce), un animal milimétrico. Lo que brilla son sus neuronas en todo el cuerpo

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