Mochilas a prueba de llamas

Los diseñadores Pamela Castro y Felipe Ferrer, dueños de la firma modulab, le propusieron a Bomberos un plan raro: transformar 15 mil trajes que serán dados de baja este año en mochilas capaces de resistir el fuego. La idea es venderlas en todo chile y que parte de las ganancias sea para los propios bomberos.




Hace un mes, los diseñadores Pamela Castro (40) y Felipe Ferrer (39), dueños de la firma de productos reutilizados Modulab, se instalaron con sus bolsos y accesorios en la Aldea Verde, el sector ecológico del festival Lollapalooza. Pero fue un producto en particular el que llamó la atención de las personas que transitaban por el lugar: un par de mochilas de color gris con la palabra "Bomberos" en la parte frontal, hechas completamente con trajes dados de baja por la institución y, por tanto, resistentes al fuego.

Fue la primera vez que las mostraron al público, pero la idea surgió hace algo menos de un año, cuando buscaban descartes de la industria textil que pudieran conservar, de alguna forma, cierto valor emotivo para las personas. Pronto pensaron en Bomberos, una de las instituciones más valoradas del país, y se preguntaron qué harían con los trajes viejos que ya no eran aptos para combatir las llamas. Y qué más se podría hacer con ellos.

La técnica se llama <em>upcycling</em> y consiste en crear un nuevo objeto, manteniendo la estructura del producto desechado. Llevan 17 años diseñando con esa lógica, más barata que el reciclado.

Cada traje de bombero, por normas internas de la institución, tiene una vida útil de cuatro años. Eso quiere decir –averiguaron los diseñadores– que de aquí a fin de año unos 15 mil voluntarios deberán renovar su vestimenta. Con esa cifra en mente, los creadores de Modulab se acercaron a la Junta Nacional de Bomberos, y les propusieron un acuerdo: utilizar ese montón de desechos para crear un producto de moda a gran escala.

Ahora es media tarde en el taller, que queda en Santiago Centro, y entre las decenas de mochilas y trajes amontonados, Pamela Castro cuenta que el trabajo suele ser arduo. Cada indumentaria la tienen que desarmar a mano para no dañarla, y los materiales no son dóciles: el traje está compuesto en gran parte de kevlar, una fibra más resistente a la tracción que el acero, y también de Nomex, un compuesto resistente al fuego que se utiliza en los trajes espaciales de los astronautas. El resto, se supone, es la historia: cada traje combatió sus propias llamas y eso lo hace, de alguna forma, una pieza única.

—Cuando la gente ve las mochilas piensa si ese traje lo habrán utilizado en el incendio de Valparaíso o no, por ejemplo —dice Felipe Ferrer, en el taller—. Ahí es cuando empieza a jugar la emoción de preguntarse quién lo ocupó y en qué circunstancias.

La técnica de reutilización que trabaja Modulab se llama upcycling, y consiste básicamente en crear un nuevo objeto manteniendo la estructura original del producto desechado. Es decir, sin destruirlo primero. Con esa lógica, más barata y artesanal que el reciclaje, llevan 17 años creando piezas de diseño para la industria nacional y extranjera: han hecho bisutería con tornillos para Foster; bolsos a partir de afiches de películas de Disney, Fox y Paramount; y han vendido sus productos en el Museo de Bolsos y Carteras de Ámsterdam y en tiendas de diseño en Inglaterra, Japón y Estados Unidos. En 2010 incluso instalaron su propia tienda en el mall Alto Las Condes, pero tuvieron que cerrarla un año después por el poco interés del mercado chileno en los productos ecológicos.

Sin embargo, ese mismo año, el comienzo de la discusión del proyecto de Ley de Responsabilidad Extendida del Productor —que aumentará la fiscalización a las empresas para que reutilicen sus desechos— les dio un nuevo aire: aunque la ley recién empezaba a discutirse (este año entrará en vigencia), marcó un cambio en la disposición de las empresas para buscar nuevas formas de reutilizar su basura. Desde entonces, firmas como Goodyear y Andina comenzaron a pedirles que hicieran productos con sus restos de caucho y PVC.

—Nosotros teníamos mucha experiencia en upcycling, y como ya nos movíamos en un ecosistema de reciclaje y de temas medioambientales, sabíamos que las empresas necesitaban soluciones para sus descartes —dice Pamela Castro—. Así que dimos el giro y nos enfocamos en la gestión de estos residuos.

La idea de trabajar con los trajes de bombero tuvo un precedente: en 2016, la empresa Patagonia les pidió transformar los desechos de su ropa impermeable, hecha de caucho natural, en mochilas deportivas. Esa idea los llevó a exponer en la Bienal Iberoamericana de Diseño en Madrid, y los buenos comentarios los impulsaron a buscar nuevas instituciones que tuvieran desechos para utilizar. Sólo que esta vez querían que esos desechos significaran algo para el pueblo chileno.

—Los bomberos son considerados héroes para la población porque salvan vidas —explica Pamela—. Por eso estas mochilas tienen tanta historia.

El plan de Modulab es reutilizar los 15 mil trajes que serán dados de baja este año y transformarlos en mochilas que se venderán en el mercado por 48 mil pesos. También están comenzando a producir utensilios de cocina y para asados del mismo material. Están por todos lados en el taller: guantes oscuros, delantales, incluso fundas para computadores, todos resistentes al fuego. La idea es que las ganancias por la venta de estos productos sean compartidas: la empresa se llevará el 70% y el otro 30% será para Bomberos.

Ahora cae la tarde en el taller, y Pamela Castro junto a Felipe Ferrer continúan revisando las terminaciones de la segunda partida de cuarenta mochilas que van a vender, en principio, en ferias y eventos públicos. Ya piensan, dicen, en cómo llegar a nuevas instituciones que les permitan reutilizar desechos con valor simbólico y transformarlos en objetos de diseño para la gente.

—Me gustaría llegar a otras instituciones que también tengan trajes reutilizables. Carabineros, por ejemplo, que está con la imagen por el suelo —dice Felipe—. Universitarios usando productos hechos con trajes del GOPE. ¿Te imaginas eso?

Lo dice riéndose, mitad en broma, mitad en serio, pero parece gustarle la idea. En un rincón una veintena de trajes esperan que sus manos los desarmen.

Mientras existan materiales, la imaginación puede volar.

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