A 30 años del NO: Cómo era Chile en 1988

Foto: gentileza URBATORIVM

El año del plebiscito mostraba un país de fuertes contrastes sociales, con 5 millones de pobres, pero con el crecimiento económico más alto de la década. Fue un año con récord de matrimonios y con una población que comienza a tener un consumo más sofisticado.


Si hay una palabra que define a Chile a fines de los 80 es “contrastes”, señala Octavio Avendaño, sociólogo de la U. Alberto Hurtado. “Había cerca de cinco millones de pobres en un país de 12 millones de personas, casi la actual población de Santiago”, indica.

Pero a pesar de que casi la mitad del país era pobre (40%), “otro Chile vive oportunidades que se pueden comparar con las de países en proceso de modernización”, agrega. El país se modernizaba aceleradamente, por la recuperación económica que se logra a partir de 1985, y “el año 88 es el año de mayor prosperidad en comparación con el resto de la década, con un 7% de crecimiento, una cifra bastante importante y que para muchos podría augurar la victoria del general Pinochet en el plebiscito”.

Determinados patrones de consumo, a los cuales se tendrá acceso de manera mayoritaria a partir de los años 90 gracias a la mayor expansión del crédito, ya se hacen evidentes para ciertos segmentos. Lo grafican datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE). En 1987, una familia promedio gastaba en Chile el 32,9% de su sueldo en alimentos, cifra que bajó a 26,8% en 1997 (18,7% hoy), mientras que en el mismo periodo el gasto en muebles y cuidados de la casa se elevó de 8,7% a 9,4% (6,3% en 2018), al igual que el de recreación, que pasó de 4,0% a 5,5% (6,8% actual).

La publicidad de 1988 ya da cuenta de esa evolución y se muestra muy distinta a la de principios de los 80. “Ya retrataba a una sociedad más moderna, sobre todo en el tema del vestuario”, dice Avendaño.

Sofisticación que ese año evidencia la teleserie Bellas y Audaces de TVN (emitida desde el 7 de marzo hasta el 15 de agosto), protagonizada por Luz Jiménez, Sonia Viveros, Osvaldo Silva y Ana María Gazmuri. Transcurría en una exclusiva peluquería de Santiago, y presentó personajes de llamativos y vanguardistas estilos para la época.

El consumo pasa a tener mucha importancia como sello de distinción social. “Hasta principios de los 80 la sociedad chilena era muy austera, pero empieza a ser más ostentosa, lo que se aprecia en los electrodomésticos, y sobre todo en el vestuario”, dice Avendaño.

Socialmente, con las protestas había surgido el “poblador” como actor social predominante, dice Leonardo Moreno, director ejecutivo de la Fundación Superación de la Pobreza, el que “era reprimido en su mismo entorno”.

Pero desde 1986 se aprecia una disminución de la protesta social y comienza la organización de los partidos políticos, “aceleración que se debía a la aprobación de la ley de partidos políticos de 1987”, explica Avendaño. En 1988, además, se había puesto fin al exilio (1 septiembre).

En ese momento, Chile estaba en plena transición demográfica, dice Ricardo Neupert, demógrafo y exconsultor del Fondo de Población de Naciones Unidas. “En 1988, la fecundidad ya era inferior a tres hijos por mujer y la esperanza de vida era comparativamente alta”, sostiene.

Según el “Anuario de Demografía 1988” del INE, la tasa global de fecundidad era de 2,5, cifra que hoy parece inalcanzable con el actual 1,69 número de hijos por mujer. A su vez, la mortalidad infantil era de 17,5 niños por cada mil que nacían, una cifra alta para los parámetros actuales (5,9 por cada mil), pero que había evolucionado notablemente desde 1968, cuando morían 87 niños por cada mil, éxito que respondió al desarrollo de programas materno-infantiles, de atención del parto, de alimentación complementaria y de educación sanitaria, entre otros.

Fue un año además en que hubo un repunte en los matrimonios. Ese 1988, 103.484 personas contrajeron matrimonio, un alza en relación con los años previos que se habían mantenido en cifras inferiores a 100 mil.

Eileen Hughes Rovira, investigadora del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales de la UC, dice que “la familia ya no es la de 1988. Al ver el porcentaje de mujeres que trabaja, mientras antes era un 26%, hoy es de 45%. La mujer adquiere autonomía, permitiendo que sea un actor con mayor voz y decisión en cómo se planifica la familia y el momento en que se contrae una relación de pareja”.

Además, era una época en que no existía ley de divorcio, y cuando se analiza el estado civil previo de los contrayentes, se aprecia que los hombres anulados volvían a contraer nupcias en un número superior al de las mujeres anuladas. Ese año 2.457 hombres anulados volvieron a casarse, lo que en el caso de las mujeres solo llegó a 1.603.

“Las mujeres participaban escasamente en el mercado laboral”

David Bravo, director del Centro de Encuestas y Estudios Longitudinales, de la Universidad Católica, señala que “En 1988 nuestro mercado laboral contaba con 4,3 millones de personas. Aproximadamente el 60% de quienes lo componían no tenía educación media completa (y casi el 45% no tenía más que educación básica). Solo un 6% exhibía educación universitaria completa.

Nuestro mayor problema era la aún alta tasa de desocupación, en torno al 10% (la que aumentaba más al considerar los planes especiales de empleo, PEM y POJH). Las mujeres participaban escasamente en el mercado laboral (de 100 mujeres solo 29). Treinta años después la fuerza de trabajo se duplicó (a cerca de 9 millones de personas). El nivel educacional de la misma también se incrementó fuertemente: en la actualidad más del 70% de esta tiene educación completa o más. La proporción de trabajadores con educación universitaria completa se triplicó (hoy es casi 18%), y si se considera toda la educación superior, hoy un tercio de la fuerza laboral tiene ese nivel de calificación. La tasa de desempleo está en torno a 7%. Las mujeres han aumentado su participación significativamente: hoy 1 de 2 mujeres en edad de trabajar participa en el mercado laboral”.

“Las peores formas de pobreza aún estaban presentes en Chile”

Leonardo Moreno, director ejecutivo de la Fundación Superación de la Pobreza – Servicio País, dice que “En 1988 las peores formas de pobreza aún estaban presentes en Chile: desnutrición, mortalidad infantil, déficit crónico de viviendas y existencia de estrategias de subsistencia de emergencia como los comedores populares, las ollas comunes o las bolsas de cesantes. Desde el 73 el Estado aplicó la política de los subsidios directos a la demanda, y para 1988, Chile presentaba grandes déficit de infraestructura en vivienda, salud, y educación.

La mitad de la población chilena vivía en la pobreza por ingresos y la represión política se había instalado en las poblaciones más pobres como una forma de aplastar el descontento social. El fenómeno de los allegados fue característico de la pobreza de los 80 por esto mismo, así como el comienzo de la segregación residencial, característica fundamental de nuestras ciudades hoy.

El actor social tradicional que se movilizaba colectivamente en Chile era el ‘trabajador’, pero en los primeros años de las protestas había surgido el ‘poblador’ que era reprimido en su mismo entorno: el Estado ejercía la violencia en los lugares donde habita la pobreza.

Pese a la incipiente recuperación económica cerca de un 50% de la población se encontraba bajo la línea de la pobreza. En Chile había hambre. De ahí que gran parte de la campaña del NO se basara en “los 5 millones de pobres”.”

“Todavía las mujeres aún debían obediencia al marido”

Teresa Valdés, socióloga, feminista y coordinadora del Observatorio Género y Equidad, dice que en 1988 ““las mujeres aún debían obediencia al marido” o “seguirlo donde él fijara residencia”, entre muchas otras discriminaciones jurídicas. En 1988 existía en Chile un poderoso movimiento de mujeres que luchaba por el retorno de la democracia y por los derechos de las mujeres. Este movimiento estaba integrado por numerosas organizaciones sociales, coordinadoras, y ONGs de mujeres y programas de la mujer que abordaban temas específicos de los derechos de las mujeres. Es decir, existía un diagnóstico acabado de la situación de las mujeres en distintos ámbitos.

La fuerza de ese movimiento aseguró la presencia de representantes en la Asamblea de la Civilidad (1986) donde presentaron el “Pliego de las Mujeres” que detalla demandas inmediatas sobre DDHH y democracia, y reivindicaciones específicas. El Movimiento Feminista, publicó en La Epoca, el 1° de julio de 1988, el texto Demandas de las mujeres a las democracia, que confirma esas reivindicaciones y las precisa.

Estas demandas dieron origen a las propuestas de acciones gubernamental para el mejoramiento de la condición de las mujeres, elaboradas, después del triunfo del NO. A través de subcomisiones temáticas (empleo, educación, salud, familia, comunicaciones, arte y cultura, participación, mujer campesina e indígena, mujeres pobladoras, legislación e institucionalidad para la mujer) formadas por profesionales, especialistas en las distintas materias, muchas de ellas activistas y dirigentas del movimiento de mujeres. Los informes emanados de estas subcomisiones fueron el principal insumo para las propuestas definitivas que fueron integradas al programa de gobierno del candidato Patricio Aylwin”.

En el año 1988, Chile creció a una tasa de 7,2%

Carolina Grünwald, economista senior de Libertad y Desarrollo, explica que “en el año 1988, Chile creció a una tasa de 7,2% (luego de una caída importante durante la crisis de 1982, de 11%). La inversión, por su parte, creció a una tasa anual de 14,2% (que había caído en 38,3% en 1982).Por el lado de la inflación, es necesario recordar que en ese año aún no se contaba con un Banco Central independiente, el cual pasó a ser un organismo autónomo en octubre de 1989. Con todo, en 1988 se registró una inflación promedio de 14,8% anual. En términos del mercado laboral, en promedio se registró una tasa de desocupación nacional de 9,9%”.

“La capacidad hospitalaria fue reducida”

Francisco Mardones, experto en Salud Pública de la UC, dice que “al final del gobierno militar la mortalidad materno-infantil y del adulto se había beneficiado de la existencia del Servicio Nacional de Salud, creado en el año 1952. El gobierno militar desfinanció la estructura hospitalaria, pero mantuvo la atención primaria con la mayoría de sus importantes acciones, incluyendo la distribución de leche a niños y embarazadas, a pesar de los intentos por suprimirla. La capacidad hospitalaria fue reducida y ello afectó hasta hoy las atenciones de especialidades, particularmente las quirúrgicas”.

“La diversidad sexual era invisible”

Rolando Jiménez, vocero del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual, recuerda que “la población de diversidad sexual era invisible excepto cuándo se titulaba “Homosexual Mato a su pareja”. El rechazo a los homosexuales era transversal, en los partidos políticos la izquierda la derecha y el centro eran igualmente homofóbicos. En aquellos tiempos no existían internet, por lo tanto la censura o autocensura era la norma. Solo a fines de los 80 se articula un grupo a raíz del Sida, pero se
asumían como organización de salud a pesar que eran todos homosexuales”.

“La educación estaba en profunda crisis”

Cristián Bellei, investigador del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la U. de Chile, explica que “al momento del plebiscito, la educación chilena estaba sumida en una profunda crisis producto de la radical transformación institucional de la reforma neoliberal y el impacto de la crisis financiera en el presupuesto educacional. La educación pública había recién completado el proceso de municipalización, que significó un debilitamiento inmediato de su organización y prestigio, dado que las municipalidades nunca pudieron hacerse cargo de ésta. La educación privada subvencionada creció rápidamente, duplicándose en pocos años, pero con niveles muy bajos de calidad y precarias condiciones de infraestructura y equipamiento. La profesión docente se precarizó producto de la desregulación de sus condiciones laborales y contractuales, habiendo, incluso, muchos docentes con salarios bajo la línea de la pobreza. Por último, no existía prácticamente ninguna política destinada a mejorar la calidad ni la equidad de la educación, por lo que las condiciones de enseñanza y aprendizaje eran muy desiguales y extremadamente pobres para la mayoría de la población escolar. En síntesis, los problemas y desafíos que heredó la democracia en materia educativa eran tan enormes como urgentes”.

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