Amaro Gómez-Pablos: "Jamás iría a Chernobyl o Fukushima"

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En el río Amazonas.

El periodista y ex rostro televisivo sí se muere de ganas de ir a Malí, a Rurutú, a Pichicolo. Cuenta que prefiere sentarse en la ventana y no en pasillo. Y que siempre lleva consigo a Platero, un peluche de sus hijos.


¿Cuáles son tus lugares favoritos?

Me declaro esquizofrénico, porque como viajero tengo múltiples personalidades: me alucina el corazón de la Amazonia, fauna y tribus. O cenar una caldereta de langosta en el señorial Club Náutico de Palma de Mallorca. Reposar el alma en las termas de Pichicolo, en el extremo sur de Chile, ojalá lloviendo. O bailar desaforado en un carnaval africano con el ensordecedor ruido de decenas de tambores.

¿A dónde te mueres de ganas de ir?

La lista es larga y cuanto más conozco más se alarga, no se estrecha, jajaja! Quiero conocer Malí, su fusión musical en el contexto de sus paisajes. Mirarle a los ojos a una ballena pariendo en Rurutú, remota isla de la Polinesia Francesa. Aventurarme a Irian Jaya, lo más indómito del planeta en Papúa Nueva Guinea. Y recorrer la Toscana en convertible, haciendo escalas improvisadas y caprichosas por viñas y villorrios.

¿A qué lugar no irías jamás?

A Chernobyl. O Fukushima.

¿Qué llevas siempre en tus viajes?

Llevo a "Platero", un burrito de peluche de mis niños y que rebuzna hasta el día de hoy. Lo ha hecho en Afganistán, Irak, Siria, en África Negra y el Magreb, en las capitales de Europa y en Gringolandia. Ese burrito debe haber recorrido unos 70 países del mundo.

¿Ventana o pasillo?

¡Ventana! Sigo en la etapa de mirar y ad-mirar. No tengo problemas a la próstata.

¿Qué usas para recorrer?

Para recorrer llevo siempre una mochila pequeña, muy portátil. Mi teléfono. Una navaja. Y las ganas de extraviarme mágicamente. Siempre, siempre me abro a la conversación. La busco. Es buena guía.

¿En cuántos idiomas puedes pedir un trago?

¡En todos! A falta de lengua, uso el idioma universal: las manos. Además, hoy el teléfono te lo traduce todo. Estamos en la era de internet. La biblioteca está en todas partes.

¿Tomárselo con calma o verlo todo?

Tomárselo con calma. No me gusta la ansiedad. Prefiero ver menos y muy bien. O volver.

¿El mejor hotel en que has estado?

Una casa arrendada entre seis con playa privada y piscina en Turcas y Caicos. O un catamarán por las Islas Vírgenes Británicas. O una noche con mi primera mujer en medio del Sahara y a la intemperie y el touareg mirando la oscuridad y diciendo: "Hotel de millón de estrellas".

¿El aeropuerto que más te gusta?

Me gusta el de Sídney, luminoso, amable y con un lounge de Qantas memorable. Las tiendas en Heathrow. Me gusta el cielo ondulado del Aeropuerto de Barajas. Y el de Pascua, por lo rústico.

¿Dónde comerías mil veces?

En España. Porque no hay mejor comida que la que puedas disfrutar en toda la península, sea en un restaurante de alta factura, el bar de la esquina o el chiringuito de turno.

¿Algún héroe de viajes?

El mayor héroe de todos los tiempos: Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Un español que se extravió en Florida en el siglo 16. Caminó todo Estados Unidos de costa a costa en aquella época. Tardó 10 años y un sinfín de aventuras. Vuelve a España. Y zarpa de nuevo para descubrir las cataratas de Iguazú. Cruza de nuevo el Atlántico y muere de viejo en casa.

¿Que no hay que dejar de conocer en Chile?

Mucho. La Patagonia y su puerta de entrada, Hornopirén. Pumalín, los fiordos. Todo aquello es imperdible... y más. Chile es muy poderoso.

¿Tu mejor consejo de viaje?

Empatía. Es la clave. Ponerse en la piel de otros. Es la belleza.

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En las cercanías de Hornopirén.[/caption]

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