Brooklyn para foodies

The Meatball Shop, en el barrio de Williamsburg.

El distrito más poblado de Nueva York ha ido tomando forma gracias a los miles de inmigrantes que han traído consigo sus sabores, sus aromas, sus tradiciones culinarias. Aquí, un sabroso recorrido para los amantes del buen comer, alejado de los circuitos turísticos habituales.


Aún faltan unos minutos para las 11 de la mañana, hora de nuestra cita. Varias personas ya se encuentran en el punto de encuentro, en pleno Greenwich Village, barrio que merece su propio recorrido por sus muchos restaurantes, cafés y su intensa vida cultural. Las condiciones climáticas son las más favorables de los últimos días: una máxima de 12 grados, sin lluvia ni nieve. Rápidamente se conforma el grupo. Somos unos 15 participantes, la mayoría estadounidenses, unos mexicanos y nosotros: los infaltables chilenos -un tío establecido desde hace décadas en Los Ángeles y yo-. Todos estamos listos para ser parte de este food tour o recorrido gastronómico por Brooklyn, una forma distinta de conocer lugares y comidas que por cuenta propia probablemente pasarían completamente inadvertidos.

Entonces se presenta nuestra guía: Laurie, una mujer entusiasta y alegre que dejó California para instalarse en Nueva York, o más específicamente en Brooklyn, hace más de cinco años. Desde entonces se dedica, de acuerdo a sus propias palabras, al “trabajo soñado”: acompañar a grupos de turistas, viajeros, golosos y amantes de la comida, por pequeños restaurantes, “picadas” y pastelerías de barrio… los datos que se pasan los locales de boca en boca. En otras palabras, ese paraíso gastronómico al que generalmente no acceden los foráneos.

Las puertas del paraíso

Nos subimos a un bus y mientras dejamos Manhattan, Laurie nos cuenta un poco de la historia de Brooklyn, el más poblado de los cinco distritos de Nueva York -con dos y medio millones de habitantes-, conformado en su origen por inmigrantes que llegaron hasta aquí en búsqueda de un lugar más asequible para vivir. Irlandeses, polacos, italianos, alemanes, rusos, árabes, judíos, latinos y un largo etcétera trajeron consigo los productos y recetas de su tierra natal, imprimiendo en estas calles aromas y sabores únicos.

La amplia oferta del Monteleones’s Bakery & Cafe.

Apenas nos internamos por la avenida Bedford, verdadera columna vertebral de esta zona, aparecen edificios de ladrillo a baja altura, árboles y plazas, que dotan a este sector de una escala más humana que su vecina Manhattan, inundada de rascacielos. Más allá aparece el parque Prospect, casi tan grande y diseñado por los mismos arquitectos del Central Park.

La primera parada es Williamsburg, un barrio de moda en Brooklyn gracias a los jóvenes artistas que instalaron aquí sus talleres y tiendas. Nos detenemos frente a un local de fachada al estilo lejano oeste, con grandes letras rojas que consignan su nombre y especialidad: The Meatball Shop. Aquí sólo sirven albóndigas, en los más variados estilos: de vacuno, pollo, cerdo, de verduras, de salmón o langosta, con salsa de tomates, pesto, queso parmesano… con pasta, en sándwich o incluso en ensalada. Llega de muestra la clásica, de carne roja bañada en generosa salsa de tomates. Como hecha en casa. Una amplia barra invita a acompañarla con una cerveza. Pero hay que continuar con el tour.

Cruzamos la calle y a unos pocos pasos encontramos un local sencillo, donde sirven otras bolitas, esta vez de garbanzos. Se trata del Falafel -nombre también del local-, un clásico de Medio Oriente que aquí sirven acompañados de hummus, salsa también a base de garbanzos y tahine. Todo es preparado al momento detrás de un mostrador, donde gira lentamente la carne para el shawarma, o sándwich en pan pita. Ahí mismo luce una buena variedad de pasteles árabes de delgadísima masa philo y rellenos con abundantes pistachos, piñones y nueces, bañados en almíbar.

Avanzamos por el barrio. Abundan los restaurantes, cafeterías de especialidad, tiendas de diseño y diversos locales, todos en estilo hipster. La siguiente parada es la cocina polaca. Aparece una fachada en madera, flanqueada por dos figuras de caballeros medievales y un nombre impronunciable: Królewskie Jadlo. En su interior hay cuadros y espadas ad hoc, pilares de ladrillo y un bar al fondo. Su dueño decidió abrir su propio restaurante en 2005 tras ser el chef personal de Robert De Niro. Rápidamente llegan unas ensaladas de zanahoria y betarraga, y unas masas parecidas a unas pequeñas empanadas fritas, rellenas de papa, llamadas Pierogi. Para acompañar, unas longanizas sabrosas y caseras. Pero lejos lo mejor es el postre: unos panqueques rellenos de manzana, salteados en mantequilla y acompañados de abundante crema, que son una bomba atómica, pero una verdadera delicia.

Exterior de la pizzería Table 87.

Dejamos el ondero Williamsburg y avanzamos hacia Gowanus, otrora zona industrial, donde los galpones que antes albergaban plantas refinadoras de azúcar y manufactureras, hoy se han convertido en lofts, espacios de coworking, restaurantes y hoteles boutique. Un edificio de tres pisos color mostaza acoge a uno de los tres locales de Table 87, famoso por ser el primer restaurante de Brooklyn en vender pizzas en slice o trozo. Aquí las pizzas -enormes y de masa delgadísima- son cocinadas en hornos de acero. Llega una porción generosa, con abundante salsa de tomates casera y mozzarella fresca. El local, angosto y de ladrillos como la mayoría, tiene un sector de barras para comer al paso, completamente lleno, y atrás un pequeño comedor, para pedir a la carta.

El cielo es dulce

Aunque ya no hay mucho espacio, siempre algo queda para el postre… Seguimos hacia Carroll Gardens, sector donde los italianos han imprimido su sello con restaurantes y cafeterías, rodeadas de árboles y el parque que le da el nombre al barrio. La parada aquí es Monteleone’s Bakery & Cafe, donde un largo mostrador ofrece una amplia oferta de pasteles, tortas y postres. Probamos un cannolo, típico rollo de masa agalletada y crujiente, relleno de ricotta, originario de Sicilia. Rico.

Aún queda una última parada.

Llegamos hasta el sector conocido como DUMBO, en las cercanías del puente de Broklyn, donde edificios de estilo industrial y techos altos acogen tiendas de diseño independiente, restaurantes lujosos y cafeterías de moda. El broche de oro lo pone la chocolatería Jacques Torres, donde probamos bombones y unas galletas artesanales con chips de chocolate. Entonces nos despedimos de nuestra guía y compañeros de tour, y decidimos caminar para “bajar la comida”.

La pizzería Table 87, la primera en Brooklyn en vender pizza por trozos.

Entremedio de las calles adoquinadas y de los antiguos edificios de ladrillo rojizo, aparecen espectaculares vistas del puente de Brooklyn. Cruzamos hacia el parque del mismo nombre. Los rayos de sol en medio de las nubes iluminan el horizonte de edificios de la isla de Manhattan. Entonces me envuelve una sensación de completa satisfacción… Soy una foodie feliz.


¿Dónde encontrar un food tour?

En la popular app de viajes TripAdvisor existen varias alternativas de food tour en distintos barrios y sectores de Nueva York. En The Brooklyn Tour ofrecen un recorrido de entre 3 a 4 horas de duración, por un valor de 125 dólares por persona. Se puede encontrar en el website de thebrooklyntour o la cuenta de Instagram @thebklyntour


Seguir leyendo