Columna de Educación: Conicyt y la desigualdad de género, ¿cómo estamos construyendo conocimiento en las universidades?

CONICYT es la principal institución que financia la investigación en Chile, y tiene hoy en sus manos el poder de contribuir a la reducción de la violencia de género o ser cómplice de quienes hoy generan y perpetúan la postergación de las mujeres en los espacios académicos.


En los medios de comunicación ya se instaló la idea de la desigualdad entre géneros como una realidad. Todo esto impulsado por las demandas de la calle que han sido lideradas por las y los estudiantes y grupos feministas articulados fuera y dentro de las universidades. Una realidad que hace eco en todos los espacios del país, y el mundo académico no está exento ni de las denuncias de desigualdad y cuestionamientos a la institucionalización del patriarcado, ni de las demandas por interrumpir la violencia machista en todas sus formas. Un hecho que CONICYT no ha reparado y se ha hecho cargo sólo a medias. Consideramos relevante discutir el rol de CONICYT en la desigualdad de género en la carrera académica, dado que es la encargada de brindar apoyo financiero para la investigación avanzada y de frontera en el país.

¿Quiénes están detrás de generar conocimiento en el país? ¿Cómo se genera este conocimiento? ¿De qué manera el financiamiento de la investigación se vincula a las demandas de una universidad sin violencia de género? La investigación ha sido históricamente un espacio masculinizado y dominado por hombres. Eso es un hecho. Sin embargo, desde las últimas décadas la presencia de académicas en las universidades, donde se realiza más del 90% de la investigación, ha llegado a tensionar la naturalizada marginalización de las mujeres en la construcción de conocimiento. Eso visibilizaba, en parte, la carta enviada por más de 130 investigadoras y estudiantes en enero de este año a un medio de prensa. El objetivo de esa carta era denunciar el bajo monto de financiamiento entregadas a mujeres investigadoras, la necesidad de un pronunciamiento de parte de CONICYT sobre financiar académicos acusados de violencia de género y la necesidad de la creación de un grupo de estudios de género. La carta fue respondida en apenas un par de líneas, planteando la creación de una unidad de género en CONICYT y aludiendo al Gender Summit desarrollado en diciembre del 2017 para subrayar los avances desarrollados por CONICYT. En esta carta se omitieron cifras sobre el financiamiento para las mujeres en la investigación, así como la forma en que CONICYT podria contribuir a la erradicación de la violencia de género en las universidades. Algo que hemos aprendido durante estos meses es que la violencia de género no es un tema solo jurídico: es un tema cultural, político y ético.

Las cifras hablan por sí sola. Si hacemos un análisis simple, entre el 2005 y el 2015 se aprobaron un total de 8.378 proyectos del programa Fondecyt (regular, iniciación, y postdoctorado ). De esos proyectos, el 28% fue liderado por mujeres investigadoras y el 72% por hombres investigadores. Los porcentajes son similares en cuanto a la presencia de co-investigadores (31,7% mujeres vs 68,3% hombres). Si analizamos estos números con lupa disciplinar, encontramos que existen áreas del conocimiento donde el porcentaje de mujeres liderando investigación con financiamiento de Fondecyt (regular, iniciación y postdoctorado) es cercano al 15% o 10%, como por ejemplo en Astronomía o Física. Incluso más dramático es notar que no existe una área que tenga una presencia mayor de mujeres.

Estos números invitan a reflexionar respecto al impacto en la carrera académica de las mujeres en las universidades y preguntarse sobre las condiciones estructurales del trabajo de la mujer en la academia. Es de conocimiento común que hoy en día la permanencia y ascenso en las universidades depende de la capacidad de productividad científica, traducido en número de proyectos de investigación, y lo anterior, asociado a número de publicaciones indexadas. La desigualdad de género en el financiamiento de la investigación es altamente problemático, porque impacta directamente los procesos de categorización y/o jerarquización de las académicas, generando una baja presencia de mujeres como profesoras asociadas o titulares, y un alto porcentajes de ellas como docentes adjuntas o eternamente en el cargo de profesora asistente. Si observamos que el 2005, 22,2% de académicas se adjudicaron un Fondecyt regular, iniciacion y postdoctorado (82 de 370) y el 2015, 22,6% (130 de 574), podemos decir que, lamentablemente, CONICYT ha mantenido la persistente desigualdad de género en la construcción de conocimiento a través del financiamiento de la investigación.

Finalmente, los números obligan a preguntarse sobre las condiciones en las cuales se construye conocimiento en las universidades. Omitir una respuesta sobre la demanda de un grupo de estudio en temas interdisciplinarios y/o de género, significa un total desconocimiento de las formas en que la arquitectura del conocimiento disciplinar de hoy en día se encuentra tensionada por la necesidad de una mirada compleja de los temas país. Así, por ejemplo, el no hacerse cargo de temas como el acoso sexual en las universidades no contribuye a la discusión sobre una problemática que preocupa a la comunidad académica y a la sociedad en general. CONICYT es la principal institución que financia la investigación en Chile, y tiene hoy en sus manos el poder de contribuir a la reducción de la violencia de género o ser cómplice de quienes hoy generan y perpetúan la postergación de las mujeres en los espacios académicos.

Dr. Ana Luisa Muñoz García es Doctora en Cultura Educativa, Política y Sociedad de la State University of New York – Buffalo. Es Profesora Asistente en la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile.
Dr. Juan Pablo Queupil es Doctor en Educación de la Universidad Estatal de Pennsylvania, Estados Unidos, e investigador del Centro para la Educación Inclusiva, PUCV.

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