Consuelo Ulloa (28): "Dejé la sociología para dedicarme a la astrología"

CONSUELO ULLOA

(Crédito: Richard Ulloa)

#CosasDeLaVida | "Me preparo mucho siempre, porque me da miedo quedar entre Pilar Sordo y Yolanda Sultana. Por mucho tiempo pensé que había estudiado sociología sólo por satisfacer a mis papás, pero la verdad es que me ha ayudado en este nuevo camino".




Quizá debería partir describiendo cómo se gestó un cambio radical en la vida de alguien, que soy yo.

Voy a partir por el primer ítem: el rigor. Cuando chica estudié primero en un colegio particular subvencionado de Ñuñoa. Después, en el Liceo Carmela Carvajal. Ahí di la prueba de admisión y quedé inmediatamente. Era obvio: de niña fui muy matea y mis promedios siempre fueron arriba de 6,5. Me educaron para rendir. Mi mamá fue sargento primero del Ejército de Chile, por lo que su formación militar la transmitía en la casa. Cuando me equivocaba en algo, ella me decía "soldado que se equivoca repite el ejercicio", y si me iba bien me decía "con su deber nomás cumple".

Mi mamá también tuvo gestos que me ayudaron a tener luces sobre lo que hago hoy, que es leer la carta astral. A los ocho años tuve mi primer mazo de tarot porque le rogué que me lo comprara. Y lo hizo. Me acuerdo que venía en una revista de la época, con unas explicaciones enormes que me devoré. Entendí todo lo que podía entender a esa edad. Cuando aprendí, andaba leyéndoles el tarot a mis compañeras.

En ese tiempo, a mi mamá le dio cáncer de pechuga y mi manera de darle satisfacciones era a través de mis notas. Me obsesioné tanto con eso que en cuarto básico saqué promedio siete y fui a entregárselo al hospital donde estaba internada. Se ponía contenta con esas cosas. Me educaron en el absoluto rigor, escuchando siempre que no necesito a nadie para que me vaya bien, sabiendo que puedo cocinarme sola y para tener mi plata para no pedirle a nadie.

En el Carmela Carvajal no era distinto. Cuando entré lo primero que nos dijeron a las alumnas es que había 200 niñas más que estaban esperando la matrícula, y que si no nos iba bien, nos echaban y entraban ellas. Ahí duré hasta primero medio, porque me echaron. Fue un escándalo para todos; yo tenía muy buenas notas, pero problemas de conducta. Estaba en una crisis de identidad enorme. Con mucha rebeldía. En ese colegio conocí el mundo real, yo venía de una familia pinochetista y conservadora que me había mantenido lejos de todos, que no me había contado ni siquiera sobre las violaciones a los derechos humanos.

Los años que estuve en ese liceo fueron una revolución. Escuché por primera vez a Los Prisioneros, a Víctor Jara, me juntaba con mis compañeras lesbianas, íbamos a tomar en la calle y me liberé de la represión que vivía en mi casa. Estaba muy en la volada con Demian: Historia de la juventud de Emil Sinclair, y me dediqué a conocer el mundo.

Como tenía tan buenas notas, me aceptaron inmediatamente en otro colegio. Al mismo tiempo, empecé a leer sobre ocultismo y creencias más dogmáticas. También, cuando tenía internet, llegué a Grupo Venus, un sitio donde múltiples veces pedí mi carta astral. Todo dentro de la informalidad y un interés natural que no fortalecí hasta más grande.

Para dejar contentos a mis papás entré a Sociología en la Universidad Católica. Estudié con crédito universitario, y me pagué la carrera trabajando. Me eché ramos, pero con la ayuda de una pareja pude sacar bien la carrera. Eso, hasta que terminé con él y me dio depresión. Necesitaba encontrarme conmigo en otro plano. Era otra crisis grande en mi vida, muy profunda. Dejé de creer en Dios y me puse racionalista. Empecé a leer a ateos como Richard Dawkings y Daniel Dennett y a tipos súper cientificistas. Siempre me ha gustado mucho leer y me he refugiado mucho en el mundo de los libros, porque siento que ellos conversan bastante conmigo; me nutren, me estimulan, me han abierto el mundo.

Una amiga sugirió leer a la astróloga venezolana Miastral cuando nadie la conocía. Leía sus horóscopos -en esa época los escribía- y todos los detalles que daba tenían un correlato. Así empecé a leer libros de astrología. Creo que me fue ayudando y me fue sacando de a poco de la crisis. Hice mi práctica, hice tesis sobre fecundidad adolescente y género asociada a las políticas públicas. Me gané el primer premio del concurso de tesis de la Injuv, que coordinaba la Cepal. Me sentía la raja, pero cuando empecé a ejercer todo se fue al carajo.

Tuve muchos trabajos donde no estaba aplicando lo que aprendí. El último fue en febrero de este año. Ahí cerré una etapa, la de la tercera crisis, donde tuve un pololeo muy tóxico en el que fui violentada y además a mi mamá le volvió el cáncer. También llevaba una vida laboral que no me gustaba. No me gusta tener jefe ni que me digan qué tengo que hacer.

La carta astral me ayudó mucho. Partí leyéndosela a amigos hace años muy tímida y con pocas herramientas. Estudié mucho sobre el tema, leí y sigo leyendo, y me especialicé. Cada día le sacaba más filo a las interpretaciones. Cuando se la leí a un siquiatra muy seco, que cachaba del tema, y me dijo que lo hacía bien, dije: "Ya, esto es lo mío". Me prometí no volver a trabajar teniendo un jefe, me ordené con mis cosas, con la agenda y se echó a correr la voz de mis lecturas de carta astral.

Sigo siendo matea, pero con esto. Ahora estoy haciendo un diplomado en investigación cualitativa, porque quiero sacarle filo a mis conclusiones. Quiero que sean las mejores, las más acabadas. Me sé al revés y al derecho las cartas astrales que leo. Ganar confianza es algo que me sirvió. En mi Instagram @miauastral empecé a publicar historias contando qué cosas estaban pasando en los planetas y cómo nos afectaría a cada uno. Me preparo mucho siempre, porque me da miedo quedar entre Pilar Sordo y Yolanda Sultana.

Hace rato que la voz se corrió. Las horas me las piden a través de mi Instagram y generalmente la agenda se me va en menos de cinco horas. Partí con diez personas mensuales y hoy son 50 a las que por mes les leo la carta astral. Personas de todas las edades. Hay varios escritores, artistas. Ha sido muy lindo que confíen en mi trabajo.

Hoy vivo de la astrología. Dejé la sociología. Hace un año ya me he podido hacer un sueldo más con esto. A veces hago un ejercicio de revisión y me acuerdo de mí misma en crisis hace dos años atrás, pensando que quería hacer algo distinto, pero no sabía qué hacer. Y llegó esto. Esto lo siento mío, y también me ha hecho sentir que la sociología, que yo por mucho tiempo pensé que había estudiado sólo por satisfacer a mis papás, me ha servido porque la mezclo mucho con la astrología.

No sé cómo irá a crecer esto, pero voy bien encaminada. Por ahora, lo que sé es que no quiero volver a trabajar nunca más para nadie. No quiero que nunca nadie más me mandonee y me diga lo que tengo que hacer. Prefiero que mi trabajo sea un servicio que le hago a los demás. Esto sí me llena.

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