Educación Parvularia: ¿Cómo desatar el nudo?

Ilustración: Alfredo Cáceres

El presidente Piñera envió el proyecto de sala cuna universal. Días antes, 40 organizaciones le entregaron al gobierno 12 propuestas para mejorar la educación inicial. El tema es prioritario. Según los expertos, ampliar la oferta -hoy miles de familias no pueden acceder a este derecho- y mejorar la calidad son los desafíos más urgentes. La tarea tomará varios años.


Pilar González vive en Quilicura y trabajaba, hasta fines del año pasado, en Las Condes. En octubre postuló a su hijo de un año tres meses a varios jardines Junji cerca de su casa. Llevó una carta que indicaba su lugar de trabajo y horarios, otra que indicaba que la empresa no le pagaría la sala cuna, su ficha de protección social (donde consignaba que estaba en el 80% más vulnerable), el certificado de nacimiento de su hijo y hasta un papel del consultorio diciendo que tenía todas las vacunas al día. En enero fue a ver los resultados: su hijo estaba en lista de espera en los cuatro jardines a los que lo había postulado.

La historia de Pilar es una de muchas que, fácilmente, se puede rastrear en las redes sociales. En el grupo de Facebook Salas Cuna, Jardines Infantiles y Colegios Chile, que tiene 7.500 miembros, se repiten casos similares. Madres que, por necesidad laboral o interés personal, quieren llevar a sus hijos a una sala cuna o jardín pero terminan golpeando una pared. Ya sea porque no encuentran cupos en los jardines del Estado (gratuitos) o por la imposibilidad de pagar uno particular, cuyos montos equiparan a una mensualidad de educación superior.

El mapa de la educación parvularia en Chile es complejo. Por una parte está la oferta pública: la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji) y la Fundación Integra, con un total de 4.424 establecimientos. Tanto Junji como Integra reciben financiamiento del Estado, pero funcionan por separado, con directrices propias, por lo que las familias postulan separadamente a cada institución. Según la Subsecretaría de Educación Parvularia, esto genera una duplicidad en las listas de espera, donde actualmente se contabilizan, aproximadamente, 36 mil niños.

El problema de los cupos ha abierto otro flanco de debate entre los padres: la inmigración. Al revisar las listas de los jardines, Pilar González se dio cuenta que la mayoría de los niños seleccionados eran extranjeros. “Te dicen que el extranjero tiene prioridad. Reclamé, pero no sirvió de nada. Mi hijo sigue sin jardín y yo no pude continuar trabajando. Estoy con rabia y pena”.

Desde el Mineduc explican que el criterio rector para la inscripción de niños en salas cunas y jardines de Junji e Integra es la condición socioeconómica de las familias y en ningún caso hay una prioridad especial para los extranjeros. Sólo sucede que, muchos de ellos, viven en situación de extrema vulnerabilidad. De hecho, los niños extranjeros sólo representan el 1,1% de los cupos de Junji y un 2,1% de los de Integra, a nivel nacional.

En el otro lado está la oferta particular. Aunque es posible encontrar jardines y salas cuna por media jornada desde los 150 mil pesos, la multinacional Edenred presentó a principios de año un estudio donde determinó que el promedio de mensualidad en las salas cuna llega a los 319.641 pesos. No existe en este nivel educativo una oferta “particular subvencionada”, donde algunos jardines privados reciban dinero del Estado y así cobren un arancel más bajo.

Hasta el año pasado, JUNJI estaba encargada de mantener un registro de los jardines particulares. Estos podían solicitar una revisión y así obtenían una “autorización” para funcionar. La última lista disponible consignaba 884 jardines y salas cuna, con 51.353 cupos declarados. Pero existen numerosos jardines que no han pasado por esta evaluación y funcionan libremente. Allí las familias deben guiarse por las opiniones y recomendaciones de otros. En internet abundan las denuncias y reclamos.

La subsecretaria de Educación Parvularia, María José Castro, cree que uno de los mayores desafíos es conseguir la confianza de los padres, pues aun si existiera oferta para todos, algunos padres optarían por no enviar a sus hijos al jardín. Un 75% de quienes no envían a sus niños a un centro parvulario dice no hacerlo porque no confía en el sistema.

De hecho, y a pesar de que en el pasado gobierno de Sebastián Piñera se agregó al kínder como obligatorio -sumando 13 años de escolaridad-, hasta hoy no existe una normativa que concrete este cambio legal y exija a los colegios a solicitar el kínder rendido.

Este escenario de listas de espera, aranceles inalcanzables y jardines sin regulación clara afecta especialmente a los niños de estrato medio y bajo. “El tema es más grave cuando analizamos la asistencia por nivel socioeconómico. Los niños más vulnerables -quienes más necesitan apoyo en su estimulación- son lamentablemente los que menos asisten”, dice Joaquín Walker, director ejecutivo de Elige Educar.

El camino de las reformas

Durante el gobierno pasado la gratuidad en educación superior y la desmunicipalización fueron los temas educativos de mayor notoriedad. Sin embargo, hubo cambios relevantes en el área de educación parvularia. En 2015 se creó la Subsecretaría de Educación Parvularia, dedicada exclusivamente a la formulación de políticas públicas en este nivel.

También se creó la Superintendencia de Educación Parvularia, encargada de fiscalizar la oferta a través de la nueva Ley de Autorización de Funcionamiento de Establecimientos de Educación Parvularia. Los jardines y salas públicas recibirán un Reconocimiento Oficial, y los privados una Autorización de Funcionamiento, sin la cual ninguno podrá -en teoría- funcionar.

En abril, el Mineduc anunciaba que el 4% de los jardines públicos ha recibido el reconocimiento y un 15% de los privados ha solicitado la autorización (sin recibirla aún). El plazo para regularizar los jardines creados hasta enero de 2017 era agosto del próximo año, pero a fines de junio el Ejecutivo envió una indicación a la Cámara que posterga hasta el 31 de diciembre del 2022 la exigencia de estos requisitos obligatorios.

La subsecretaria María José Castro explica que algunos requisitos, como los de infraestructura, requieren más tiempo ya que deben ser financiados por los mismos jardines. María Isabel Díaz, ex subsecretaria, ha calificado como “paradójica” la postergación de “los más de 10 estándares obligatorios que aseguran una calidad mínima”. Argumenta que antes del cambio de gobierno ellos también propusieron una postergación, pero sólo para el tema de la infraestructura.

Con el objetivo de simplificar y agilizar el trámite, el gobierno creó a principios de junio una plataforma virtual de certificación para las salas cuna y jardines infantiles. En una primera etapa el sistema está sólo disponible para establecimientos públicos. Progresivamente deberá ampliarse a los particulares. Desde el Ejecutivo han destacado que otro aspecto clave es sistematizar la información existente, para “contar con datos robustos sobre oferta, demanda y listas de espera”, afirma María José Castro. Por esta razón anunciaron un Sistema Centralizado de Información para la Educación Parvularia.

A comienzos de este año, sólo en el sistema público había 280.241 niños matriculados entre los cero y los cinco años, aunque desde el Mineduc aclaran que esa cifra ha ido creciendo durante el año con la inauguración de nuevos jardines y salas cuna. Durante el gobierno pasado se abrieron 45 mil nuevos cupos y hay 25 mil vacantes en etapa de licitación o ejecución este año. Así, se cumpliría la promesa de ampliar la cobertura en 70 mil cupos.

Pero Nicole Cisternas, directora de políticas educativas de Educación 2020, afirma que más de 50 mil niños no pueden acceder a un centro educativo en este nivel por falta de vacantes. Chile se encuentra sobre el promedio latinoamericano en esta área, pero muy por debajo de la media de la OCDE. Según el Mineduc, un 96% de los niños va a kínder, sin embargo la cifra desciende dramáticamente para los más pequeños: apenas un 29,1% de matrícula para entre cero y tres años.

Por esto el gobierno presentó la semana pasada un proyecto de ley de una sala cuna universal para todos los hijos de madres y padres trabajadores, haciendo extensiva esta orden para empresas con menos de 20 mujeres contratadas que hoy en día no tienen la obligación de proveerla. Desde el Ejecutivo esperan sea aprobada antes del 18 de septiembre.

Aunque valoran que el tema se pusiera sobre la mesa, desde Educación 2020 critican que el proyecto considere un retorno al copago, ya que éste “profundiza la exclusión desde la edad más temprana”. Además, dicen que el proyecto está diseñado únicamente desde una perspectiva laboral y no educativa, sin considerar el problema estructural de la falta de cupos ni la calidad del servicio.

Mejor enseñanza

La publicación a principios de año de unas nuevas bases curriculares (algo así como una carta de navegación pedagógica para establecimientos y educadores) representa un hito relevante para la educación parvularia. Allí se detallan los focos y prioridades que el Estado quiere darle a este nivel educativo y por primera vez se incluye a todos los niveles, desde la sala cuna. “Decidimos poner el énfasis en formar niños ciudadanos que participan y que son empáticos”, dice la ex subsecretaria María Isabel Díaz.

Las nuevas bases consideran al juego como vehículo central del aprendizaje. “La educación inicial no es una guardería, un lugar donde los niños sólo van a jugar. Sí, juegan, porque en esta etapa el juego es clave, pero detrás hay una planificación que responde a algo. Ojalá pudiéramos extender esto hasta primero o segundo básico”, agrega María José Castro.

Para Juan Pablo Valenzuela, doctor en economía y académico del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la U. de Chile, el crecimiento en la oferta debe necesariamente ir de la mano con un mejoramiento de la calidad. “Si queremos que los padres participen tranquilamente del mundo laboral, debemos garantizarles que los lugares donde dejan a sus niños resguardan y potencian su desarrollo”. Estudios confirman que un servicio de baja calidad no sólo no beneficia a los niños, sino que los puede perjudicar en su desarrollo o aprendizaje.

Si hay un elemento clave que cruza ambos aspectos -oferta y calidad de la misma- son las educadores y técnicos de párvulos. Hoy el sistema puede formar a unas 1.500 educadoras en instituciones acreditadas, lo que no conseguirá cubrir las necesidades del sistema y aumentar la cantidad de adultos por niño. Actualmente, la proporción es de 23 párvulos por educador, cuando el promedio OCDE no supera los 14. María Isabel Díaz afirma que ellos ingresaron un decreto a Contraloría que mejoraba estas cifras, pero que el actual gobierno lo retiró para hacer más estudios.

“Estimamos que al 2030 necesitaremos unas 23.000 técnicos en atención de párvulos y unas 18.000 educadoras de párvulos de calidad. Aquí hay un desafío urgente”, dice Nicole Cisternas, de Educación 2020. Por eso, otro flanco de preocupación es la calidad formativa que reciben las técnicos, tanto de nivel medio como superior.

La urgencia justificaría acelerar una mejora de condiciones laborales. “La evidencia indica que los docentes son el factor que más impacta el aprendizaje de los estudiantes. Si queremos atraer a los mejores a la carrera de Educación Parvularia y tener educadores que trabajen felices, debemos mejorar sus condiciones”, dice Matías Walker, de Elige Educar.

Considerando lo anterior, la incorporación de los educadores de párvulos a la carrera docente es un logro. Luego de eso, algunas educadoras aumentaron hasta en un 60% de su sueldo. El problema es que este mejoramiento es gradual (en cuatro etapas) y tomará varios años para que beneficie a todos. Por otra parte, agrega Walker, es necesario que las educadoras tengan horas no lectivas para preparar su trabajo y crear para ellas un programa de fortalecimiento pedagógico que las apoye en sus labores.

Las 12 propuestas del Plan Inicial, entregadas hace unos días por 40 organizaciones, proponen como meta de trabajo el 2030. Tanto esas organizaciones como expertos en educación y autoridades reconocen que ésta es una tarea de largo aliento, y que los desafíos expuestos no se solucionarán ni en un gobierno, ni en dos. Por eso, los cambios deben empezar hoy.

“Creemos que esto es una verdadera prioridad del gobierno. Ha habido anuncios, muchas comisiones y mesas de trabajo, así que estamos bien esperanzados”, afirma Joaquín Walker, de Elige Educar. “Que ese discurso empiece a materializarse en proyectos de ley, reglamentos, decretos, es lo que estamos esperando”.

 

RECUADRO

Diversificar la oferta

La experiencia internacional muestra que la mejor política pública en educación inicial es la que es diversa”, dice Marcela Pardo, académica del Centro de Investigación Avanzada en Educación (CIAE) de la U. de Chile. Y en nuestro país lentamente han aparecido otras alternativas que suplen o complementan al jardín. Programas de visitas domiciliarias y talleres de habilidades parentales, círculos de crianza (encuentros entre padres), guaguatecas (dentro de bibliotecas) y cafés acondicionados para que los padres lleven a sus niños son parte de la oferta. Como la Casa del Encuentro, de la Fundación Santa Ana: un espacio de juego gratuito con sedes en La Pintana y Renca. “En Francia hay alrededor de 70 casas como estas implementadas por la salud municipal. Queremos ser un espacio de contención y socialización para las familias”, explica el sicólogo Diego Blanco.

La importancia de los primeros años

Los primeros años de vida son claves y marcarán la trayectoria del desarrollo. El cerebro de un niño de tres años es el doble de activo que el de un adulto, y en esos primeros años se forman nuevas conexiones neuronales a una impresionante velocidad: de 700 a mil por segundo. Por esto, hay que asegurar que cada niño reciba todos los cuidados físicos y sicológicos que necesita. “Tenemos que intervenir tempranamente o vamos a seguir perdiendo la carrera”, dice Jack Shonkoff, director del Center for the Developing Child, de la Universidad de Harvard, pues la capacidad de los niños para aprender y adaptarse se desploma en casi un 50% después de los 7 años de vida. La evidencia indica que los adultos que tuvieron una educación inicial de calidad se enferman menos, tienen menos conductas disruptivas y relaciones afectivas más estables. Además, se ha calculado que por cada dólar invertido en educación inicial el retorno al país es de 9 dólares al llegar esos niños a la adultez.

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