El universo entre líneas: La mayor explosión del cosmos

Supercúmulo de galaxias en Ofiuco, a 390 millones de años luz de la Tierra. Crédito: Nasa

“A unos 390 millones de años luz de la Tierra, en la constelación del cazador de serpientes, al noreste de Sagitario, se encuentra el supercúmulo de galaxias de Ofiuco. Éste agrupa un gran número de galaxias, junto a una cantidad aún mayor de materia oscura y de gas caliente”.



En el siglo I, Marcus Manilius le dedicó un poema en su Astronómica. Desde entonces, astrólogos heterodoxos supieron ver en la constelación de Ofiuco el decimotercer signo zodiacal, e intentaron leer en él los designios de un futuro que, como si nos faltaran pruebas de ello, terminaría teniendo de inevitable tan solo su carácter incierto. Otros, indiferentes a tales supercherías y acaso menos piadosos, creen leer hoy en Ofiuco el pasado remoto del cosmos, mas no el futuro abierto de los que lo habitamos.

A unos 390 millones de años luz de la Tierra, en la constelación del cazador de serpientes, al noreste de Sagitario, se encuentra el supercúmulo de galaxias de Ofiuco. Éste agrupa un gran número de galaxias, junto a una cantidad aún mayor de materia oscura y de gas caliente. En el centro del supercúmulo se encuentra una galaxia y, en el seno de ésa, un enorme agujero negro. Ese astro, muchísimo más masivo que el Sol, fue el responsable de una gran actividad del núcleo galáctico en el pasado.

Los núcleos galácticos activos son regiones relativamente compactas cerca de los centros de ciertas galaxias; regiones que producen una altísima luminosidad, generada ésta por procesos altamente energéticos que tienen lugar en la íntima cercanía del agujero negro supermasivo que, sin excepción, se encuentra en el centro de la escena. Emisiones de radio, de microondas, de rayos infrarrojos y ultravioletas, luz visible, rayos X, rayos gamma; todo tipo de radiación electromagnética proviene de esas galaxias con núcleos activos, y el escrutinio de todas esas luces nos permite saber de la física que allí acontece.

Observaciones astronómicas recientes parecen indicar que un núcleo galáctico activo en el supercúmulo de galaxias de Ofiuco produjo en el pasado lo que, según estimaciones, sería la explosión más grande jamás registrada en el cosmos. Imágenes combinadas de varios observatorios del mundo, entre los que se encuentran el Chandra X-ray Observatory de la NASA, el XMM-Newton de la Agencia Espacial Europea ESA, el conjunto de radiotelescopios Murchison Widefield Array, en Australia, y los radiotelescopios Giant Metrewave Telescope, en India, parecen indicar que, en el pasado, una expulsión ultraenergética de jets de materia y energía horadó el medio intergaláctico y produjo una gran cavidad en la distribución de gas en el cúmulo, dotando a dicha distribución de un característico perfil de densidades y temperaturas.

En 2016, el astrónomo Norbert Werner y sus colaboradores, observando los rayos X provenientes de Ofiuco, habían descubierto la curiosa discontinuidad en la densidad del gas intergaláctico, una discontinuidad de una sugerente forma abovedada. No obstante, aunque al principio barajaron la posibilidad de que esa curiosa forma se debiera a una antigua explosión, descartaron esa idea rápidamente: De ser así, pensaron, entonces dicha explosión habría sido descomunal, muy superior a cualquier otro evento de esa naturaleza jamás observada.

Sin embargo, la historia parece haber dado un giro recientemente: En un trabajo publicado hace unas semanas, astrónomos de los Estados Unidos y de Australia reconsideran la posibilidad de que haya sido una gran explosión lo que dio origen a la concavidad del gas en el supercúmulo de galaxias de Ofiuco. Analizando imágenes radioastronómicas de baja frecuencia, combinando observaciones de distintos radiotelescopios, Simona Giacintucci y colaboradores mostraron que la curiosa discontinuidad cóncava en la distribución del gas en Ofiuco es, en efecto, compatible con la hipótesis de que una enorme explosión tuvo lugar allí en el pasado, siendo esto, asimismo, compatible con lo que habían ya observado Werner y sus coautores en 2016. El trabajo concluye que la forma del gas en el supercúmulo galáctico de Ofiuco es un “fósil envejecido” de la explosión producida por la gran actividad del núcleo galáctico en el pasado, una explosión de una energía de trillones de trillones de trillones de ergios, cerca de trillones de trillones de bombas tipo Tsar -la más poderosa arma nuclear jamás detonada- estallando al unísono, una explosión vesánica, la más grande jamás registrada.

Ofiuco parece, después de todo, cumplir con su designio zodiacal: El signo que sabe ocultarse detrás del Sol en las vísperas navideñas parece tener grabada a fuego en la piel la historia pretérita del cosmos. Allí, en el mismo cuadrante del cielo en el que en 1604 Kepler vio morir una estrella, se halla ese registro fósil, cóncavo, añejo; la cicatriz de la mayor explosión del universo.

*Profesor de Física Téorica de la Universidad de Buenos Aires. Investigador del Conicet.

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