¿Qué tan machistas somos los chilenos?

Estudio del CEP analizó las percepciones sobre roles de género, inmigrantes y autoritarismo, y cómo éstas han evolucionado entre 1995 y 2017. Aunque se aprecian importantes cambios, los chilenos aún muestran altos rasgos de machismo y xenofobia.


El Chile de hoy es muy diferente al de 1990. No solo por el aumento de la expectativa de vida, que pasó de 69,56 años para los hombres y 75,89 para las mujeres, a 80 y 85 años en 2017 según el INE, sino también por la disminución de la mortalidad infantil, que pasó de 16 niños fallecidos por cada mil nacidos vivos a 6,9 hoy (2015). Las estadísticas también muestran una marcada baja en el número de matrimonios por cada mil personas, que pasó de 8,1 (1988) a 3,4 (2015).

Esas transformaciones, entre otras, son claves en el bienestar. Según el Centro de Estudios Públicos (CEP), si en 2015 el 82% de la población se declaraba satisfecha con su vida, en 1995 la cifra era de 20 puntos menos.

¿Y los valores? Para conocer cuánto han cambiado, un análisis del CEP exploró tres áreas sociales en las últimas décadas: actitudes de género, inmigración y preferencias autoritarias.

Ricardo González, del Área de Investigación del CEP, dice que en temas de género Chile es un país machista. “En este tema hay avances parciales”, explica.

Por ejemplo, al ver las percepciones de igualdad en las profesiones (1995-2012), si bien en ambos periodos más del 70% dice que los dos sexos pueden ser médico cirujano: en otras actividades, como piloto de avión comercial, en 1995 el 26% decía que una mujer podía serlo, cifra que para 2012 subió solo a 53% (ver infografía).

En el caso de Presidente de la República, en 1999 un 33% reconocía que cualquier género podía ejercer el cargo, porcentaje que en 2012 subió a 80%. En los 90, las mujeres como figuras relevantes en política eran menos, dice Paula Poblete, directora de Estudios de Comunidad Mujer. “Era muy difícil ser mujer en esa área”.

Pero la elección de Michelle Bachelet (2006) modificó esa idea. “Sin embargo, en ese tiempo se enfocaron en si el país estaba preparado para una presidenta, asociado a su sexo, más que a sus ideas políticas”, dice Poblete.

Muchas de esas visiones se vinculan con la socialización de los chilenos, explica González. “La generación que viene con madres que trabajan acelerarán ese proceso”. En 1990 el 31% de las mujeres en edad de trabajar lo hacía. En 2012, el 43%.

Pero el machismo encuentra su expresión más dura en el hogar. El estudio muestra que en 2002 el 69% de los chilenos opinaba que “para las mujeres está bien tener un trabajo, pero la mayoría en realidad desea tener hogar e hijos”, porcentaje que para 2017 seguía empinado en 45%.

El estudio también muestra que en 2002, el 81% de la población creía que “la vida familiar se resiente cuando una mujer trabaja tiempo completo”, opinión que disminuye a 61% en 2017.

Además, en 2002 el 83% de los chilenos pensaba que “es probable que un niño en edad parvularia sufra si su madre trabaja”. La cifra solo bajó a 58% en 2017. Ello no solo responde a razones duras, dice Poblete, sino también a patrones culturales, como que el lugar del hombres es el trabajo y el de las mujeres, la casa.

Para Lorena Fries, exdirectora del Instituto de Derechos Humanos y abogada de Corporación Humanas, este año, a partir de los movimientos feministas, los gobiernos deberían ser proclives a avanzar en corresponsabilidad. “Que tanto hombres como mujeres trabajadores tuvieran acceso a la sala cuna, y que el permiso parental sea de uso masivo, porque hoy existen barreras culturales y económicas para que los hombres lo tomen”, indica.

Migración

En 1992 la población extranjera en Chile era del 0,81%. Hoy alcanza el 4,35% (746.465 personas), en un rápido incremento, pero aún no alcanza el promedio OCDE. “El porcentaje es bajo en relación a otros países, pero en la medida que vaya aumentando podría influir en cambios en esos valores”, dice González.

Ante la consulta de si “les quitan los trabajos a las personas nacidas en Chile”, en 2003, un 63% decía estar de acuerdo y en 2017, el 40%. “La cifra bajó, pero un 40% es alto y no corresponde a la realidad”, explica Medardo Aguirre, director del Centro Nacional de Estudios Migratorios de la U. de Talca. En la práctica, dice, los inmigrantes solo ocupan los trabajos que los chilenos dejan.

Los niveles de amenaza cambian según factores sociales, como el generacional. “Las nuevas generaciones están mucho más expuestas a la globalización y en contacto con personas de otras culturas”, comenta Roberto González, académico de Psicología de la U. Católica e investigador principal del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (Coes).

Apertura que va de la mano de los niveles de escolarización, explica González. “A menor nivel de educación, puede llegar al 60% o 65% la percepción de amenaza. La educación es un factor muy importante que promueve cohesión social”.

Jorge Dehays, coordinador del Diplomado de Sociodemografía de las Migraciones de la U. de Chile, dice que ya en 2003 se hablaba de la inmigración ilegal. “Pero migrar no es delito, hay migrantes irregulares y en Chile hablar de ilegales crea cierto rechazo”. Eso influye en que aún se perciba que aumentan los índices de criminalidad (35% en 2003 y 41% en 2017). “Porcentaje alto, pese a que la proporción de inmigrantes que delinquen es mucho más bajo que el de chilenos que lo hacen”.

La población inmigrante es baja, dice Dehays, “las percepciones negativas se explican más por el alza en tan poco tiempo, generando la idea de que es demasiada, pero no es así”.

 

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