¿Cómo se cocina un debut literario?

Autor: Tamy Palma

En los últimos años ha habido un sostenido auge de nuevos autores en la literatura chilena. En estos días que corren tiempos literarios -comenzó la Feria del Libro de Santiago y el Festival de Autores- es pertinente preguntarse cómo alguien puede debutar como escritor. Cómo moverse, cómo llegar a un editor, qué ofrecerles, dónde hay que dejarse ver. Aquí, varias respuestas y caminos posibles.


“¿Piensas escribir más novelas o ésta será la única?”. Esa pregunta fue lo primero que Álvaro Matus, editor de Hueders, le dijo a Valeria Vargas cuando leyó el borrador de El misterio Kinzel. El primer caso de Laura Naranjo, la novela policial que selló el debut de la escritora hace poco más de un mes. Ella le respondió que sí, que incluso quiere escribir una saga con Laura Naranjo como protagonista.

Valeria Vargas estudió Literatura, pero su trayectoria ha sido como guionista en Cuba y Chile. A Hueders llegó sin mucha expectativa: “No tenía planeado escribir una novela. Tampoco hice cálculos sobre lo que podría significar en términos de inversión de tiempo y esfuerzo. Y durante mucho tiempo ni siquiera pensé en qué haría cuando la novela estuviera lista para llevarla a una editorial”, confiesa.

Su nombre se suma a los de otros tres debutantes que Hueders ha publicado este año. “Me conseguí el número de Álvaro, le dije que tenía una novela y me pidió que se la fuera a dejar”, cuenta. La imprimió y la llevó esa misma semana. En la editorial, Matus le mostró un montón de manuscritos que debía leer antes. “Esperé como seis meses mi turno”, recuerda Vargas.

El número exacto de autores que debutan sólo existe en las editoriales que los publican. No hay cifras generales: la Cámara Chilena del Libro lleva un registro completo sobre los nuevos títulos inscritos por año (ver recuadro), pero no un archivo detallado de quienes por primera vez publican en narrativa, ensayo o poesía.

Desde editorial Planeta cuentan que este año han publicado a 13 escritores debutantes. Entre ellos, Roberto Suazo, con Putas, víboras y brujas; Simón Soto, con Matadero Franklin; y Carolina Brown, con Al final del sendero. “Sí, cada año hay más personas escribiendo. La literatura es un género con indudable alza en la industria”, dice Diego González, editor de Planeta.

En 2017, en esta editorial fueron ocho libros nacionales con autores primerizos. A octubre del 2018, esa cifra ya se superó en un 62%. “Y todavía quedan algunos por publicar”, cuenta González, quien hace unos meses, junto a su equipo editorial, lanzaron la línea Emecé Contemporáneas, que pone énfasis en temáticas de género. La inauguró, sin imaginarlo, Carolina Brown.

“Mi novela partió en una conversación informal en un contexto nada que ver con libros. Era una reunión social. Le conté la historia a uno de los editores y luego me llamaron para ficharme en Planeta. Al final del proceso supe que iría en una vertiente de la editorial y que sería la primera autora”, cuenta Brown.

En este escenario efervescente, la aparición de editoriales independientes ha facilitado nuevas publicaciones y la llegada a nuevos públicos. Y más escritores debutantes, claro. Algunos en la industria las consideran con más libertad temática, incluso audacia, que las editoriales transnacionales. “Nos diferenciamos en varias cosas. Aunque editoriales grandes y chicas publicamos nuevos libros, nosotros, por ejemplo, no tenemos colecciones fuera de lo literario”, dice Claudia Apablaza, fundadora de la editorial Los Libros de la Mujer Rota.

Hay autores que comienzan publicando en editoriales independientes y luego son reclutados por los grandes conglomerados. Un ejemplo es Richard Sandoval, quien debutó en 2017 con Tanto duele Chile. Poco antes del lanzamiento, “en Planeta me contactaron. Me imagino que el seguimiento que me hicieron tenía que ver con mi publicación de crónicas con anterioridad y a eso se sumó el ruido que generó que publicara en una editorial como Los Libros de la Mujer Rota”.

Claudia Apablaza, fundadora de la editorial Los Libros de la Mujer Rota. Foto: Mario Tellez.

De acuerdo a cifras de la Cámara Chilena del Libro, la cantidad de editoriales registradas al 2016 -el año más actualizado en sus registros- son 79. “Y cada vez van a ir surgiendo más, porque el costo de producción ha bajado”, agrega Álvaro Matus, de Hueders.

Según Diego González, la posibilidad de producir más libros y abrirles las puertas a quienes desean publicar explica que, pese a que la comprensión lectora de los chilenos es baja -sólo un 2% entiende lo que lee, de acuerdo a un estudio OCDE-, “la gente quiere escribir y leer más”.

Tener una idea es el punto de partida. El paso siguiente es dónde publicar: cómo llegar a una editorial, a un agente literario o directamente a un editor para presentar el proyecto, el borrador o la obra terminada.

Autor busca

Isabel Bustos, autora de Jeidi, se lanzó. En una reunión social le comentó a una de las socias de la editorial Libros del Laurel que tenía una historia que si a Andrea Palet, la editora, le parecía consistente, podía convertirse en su primera novela. Tanteó terreno e hizo un relato hablado de su historia que, inmediatamente, gustó. Después entregó un manuscrito. “Lo dejé en el medidor de agua de la casa de la persona con que había conversado”, recuerda. “Me dijeron que tuviera paciencia, porque el proceso era largo”.

Isabel Bustos, autora de Jeidi. Foto: Juan Farias.

Bustos, publicista de profesión, pasó tres meses sin tener novedades. “Cuando había perdido la fe, le escribí a quien le había pasado el manuscrito. Me contestó que le diera dos días, porque Andrea Palet estaba copada de pega. Pasaron dos días, nos juntamos y fue en serio altiro”, cuenta la autora, quien lanzó su libro a fin de año y se convirtió en la única debutante de Libros del Laurel en 2017. La editorial ya suma ocho autores primerizos “lo que no es menor, porque es un cuarto de nuestro catálogo”, destaca Palet.

No hay fórmula única para plantear la idea de un libro o presentar un borrador. A veces las propias editoriales abren los espacios, con llamados a postular a proyectos que pueden llegar a ser libros. “Nuestra editorial ha hecho dos convocatoria abiertas. En la de 2015, Arelis Uribe fue seleccionada con su libro Quiltras; y en la de 2017 fue Elisa Alcalde, quien publicó hace un mes No corresponde”, cuenta Jorge Núñez, editor de Los Libros de la Mujer Rota.

O está la vía que utilizó Isabel Bustos, hablando directamente con una de las socias de la editorial. O la que cuenta María Paz Rodríguez, editora de Neón Ediciones: “A mí me llegan muchos manuscritos por correo. Los leo todos y voy seleccionando si es que me interesa”. Lo más importante, complementa Diego González, es que los debutantes sepan qué quieren cuando se acercan: “Aunque sea algo muy básico, es vital que quede claro qué quieren comunicar”.

El uso de Instagram, blogs, Twitter, Facebook, columnas y toda exposición por internet que oriente sobre cómo se expresa un postulante a autor, puede ser una herramienta que facilite las conversaciones. O que funcione, incluso, como vitrina. Así ocurrió con Eleonora Aldea, quien debutó hace un año con Especimen y que fue fichada por Neón Ediciones a raíz de sus columnas sobre amor y maternidad en el sitio Zancada. “Encontré que tenía una voz sólida, generacional, femenina, interesante. La contacté por Instagram”, cuenta Rodríguez.

“Aquí recibimos muchos manuscritos por redes sociales”, cuenta Guido Arroyo, editor de Alquimia, que cuenta con diez autores debutantes en su catálogo. “Cuando los reviso nunca tengo en mente su carácter inédito. No soy indulgente ni aplico discriminación positiva. No concilio con la postura crítica de justificar obras por ser óperas primas. Lo que me importa de un manuscrito es la calidad de la obra, las tensiones estéticas, su cercanía con nuestro catálogo o, como dice Sontag, que genere ‘sensaciones fuertes’, que seduzca”.

El caso de Bruno Córdova, autor de No estoy de acuerdo, su libro debut, es de perseverancia. Tras una investigación de un año en la que armó una guía útil y académica sobre cómo abordar una discusión, recorrió diversas editoriales. A éstas les interesaba el tema, pero le decían que no seguía la línea narrativa que buscaban. Hasta que llegó a Das Kapital. “Creo que hoy se está buscando la sandía calada más que explicaciones en no ficción. Están buscando gente que ofrezca respuestas y no que genere reflexión. Por eso hay que saber, ante todo, qué esperan en el lugar donde uno va a ofrecer sus textos”.

Bruno Córdova, autor de No estoy de acuerdo. Foto: Jean Vargas.

No hay clave para el éxito. “No existen fórmulas específicas, sino que es una mezcla entre tus intuiciones, sentido común, experiencia y mucho trabajo”, dice Gonzalo Eltesch, editor chileno que hace un año está en Penguin Random House España. “Me gusta editar a autores debutantes, incluso personas que nunca pensaron en escribir un libro y ponerle ese desafío”, agrega. Así, en su caso, no fueron los autores los que buscaron su debut, sino un editor que buscó personas cuyos oficios podían ser tema de una primera publicación literaria. Los libros de la chef Connie Achurra, de la historiadora María José Cumplido o del científico Gabriel León son ejemplos de ese trabajo. También Jorge Baradit: si bien, en rigor, no se trató de un debut -él ya había publicado libros de ciencia ficción-, Eltesch le ofreció escribir de historia de Chile. El escritor aceptó. Y su editor lo reinventó, lo relanzó y lo transformó en best seller.

Editor busca

A principios de agosto, una columna titulada “No, tu historia no da para un libro” desató controversia en el sitio web del periódico El País. La agente literaria Kate McKean disparaba allí que “dominar el lenguaje no implica necesariamente que se pueda escribir. Si está usted leyendo esto, es muy probable que sepa escribir. Seguramente domina el idioma y es capaz de transmitir sus ideas mediante palabras. Pero eso no significa que pueda escribir un libro”. El texto, una especie de manual de estilo para evitar hacer perder el tiempo a los editores, también pretendía bajar las expectativas de quienes creen tener grandes ideas para sumarse al boom de nuevos escritores.

Juan Manuel Silva, editor de Montacerdos -en cuyo catálogo han hecho debutar a tres escritores: Esteban Catalán, Carolina Melys y Romina Reyes-, dice que el filtro lo hacen los mismos editores por medio de las búsquedas. “Nosotros evitamos hablar de buena o mala literatura, pues no nos sentimos cómodos con el lenguaje de curas o policías. En general, en Montacerdos no recibimos manuscritos. Creemos que la literatura es una búsqueda y no vemos por qué el espíritu de la edición no puede rimar con dicho objetivo”, señala.

El editor Gonzalo Eltesch.

“Yo funciono por oreja. En Chile tengo un grupo de gente joven y otro de mi edad a los que miro y escucho. Ellos andan leyendo y mirando adentro y afuera. También escucho a otros editores, que me ayudan a aproximarme a gente a la que no tengo acceso”, dice Rosario Garrido, editora de Bastante. A diferencia de otras editoriales, “hasta ahora nuestro perfil han sido autores con dos o tres libros, lo que cambiará en 2019, aunque aún no puedo revelar nada”.

La tribuna de las redes sociales es un buen aliado, pero no el único. “Yo llego a nuevos escritores por talleres literarios, por el boca a boca o por contactos. A veces alguien te dice, ‘oye, tal persona tiene un libro que ha trabajado en el taller’, o ‘esta persona se ganó el Roberto Bolaño’ y ahí inmediatamente se genera una expectativa”, dice Álvaro Matus. Fue así como se gestó la llegada Paulina Flores, quien fue tallerista de Alejandro Zambra y luego uno de los debut más promisorios de Hueders en 2015 con Qué vergüenza.

Los talleres literarios son facilitadores, aunque Melanie Josch, directora de Penguin Random House Chile, dice que la búsqueda de nuevos autores debe ser más profunda y “en terreno”, leyendo “todo lo que podamos -a nivel nacional e internacional-, estando inmersos en el mundo y buscando nuevos escritores o propuestas creativas en todos los ámbitos. Me interesa la posibilidad de generar un debate beneficioso para el país”. Producto de esta búsqueda, por ejemplo, llegó Carmen Gloria López -ex directora ejecutiva de TVN-, quien el año pasado debutó con la novela juvenil Fugitiva, y este 2018 se enfocará en el lector adulto con La venganza de las cautivas, “una estupenda novela histórica escrita con una pluma versátil, tras una ingente investigación”, dice Josch.

Andrea Palet, quien además de editora en Libros del Laurel es directora de revista Dossier y del Magíster en Edición de la Universidad Diego Portales, reconoce que en la búsqueda de nuevos autores “un lugar obvio son los talleres literarios, pero yo nunca he ido a uno, así que dependo de los escritores que pasan la voz. También los colegas editores son buenos recomendadores. Y soy jurado de concursos literarios, donde he llegado a leer cientos de manuscritos. Debería también ir a lecturas públicas y lanzamientos, pero no me da el cuero”.

Moda, aléjate

Todos -editores, escritores y críticos- concuerdan: la clave está en diferenciarse. Hace unas semanas, en el sitio de Fundación la Fuente, Patricia Espinosa -conocida por sus ácidas críticas literarias- inflamó ese debate: criticó duramente el sostenido auge de la autoficción entre los escritores locales. “De repente uno puede decir que esto surge ante la incapacidad de ficcionar: voy a lo que tengo más cercano, que es mi propia vida. Me parece interesante, pero hay todo un universo por explorar”, dijo.

Álvaro Matus, editor de Hueders. Foto: Marcelo Segura.

Valeria Vargas, el último debut de Hueders, no es tan fatalista. “La autoficción es un tipo de narración tan válido como cualquier otro. El cómo contamos una historia es mucho más importante que la historia en sí. Karl Ove Knausgard, por ejemplo, es fascinante. Seis tomos contando su vida. ¿Es una vida singular? Sí y no. Como la de todos nosotros. El tema es cómo la cuenta”.

Guido Arroyo, de Alquimia, cree que “lo peor y hasta horrible, y que sucede mucho hoy, es escribir libros cuya temática y estética calcen en ciertos perfiles editoriales. No hay que forzar eso. Si su libro no logra transmitir pasión, es poco probable que funcione bien”.

Como sea, las puertas están abiertas. “El panorama de ahora es camino fértil para los debutantes, aunque el desafío es quedarse, seguir publicando y ser un gran debut literario”, dice Álvaro Matus. “El mejor consejo que se me ocurre es el que dio Kafka: ‘hay que escribir como si fueras a morir’. Si escribes así, siempre va a haber un editor que te va a valorar y publicar. Si uno da vuelta ese dicho, en el fondo se trata de que no hay que escribir por moda. Ese nunca será el camino”.


Consejos útiles

Pensando en debutantes literarios, la editora Andrea Palet recomienda:

-No mandar los PDF a espacio triple, ni con letra cursiva ni con dibujitos. Sobriedad ante todo.
-Los epígrafes suelen ser muy pretenciosos. Es cierto que aportan mucha información sobre en qué tradición literaria quiere inscribirse el autor, pero déjenlos para cuando el libro se vaya a publicar.
-El trámite de registro de propiedad intelectual no es necesario, nadie les va a robar la novela para publicarla con otro nombre.
-Los concursos literarios en este país no están arreglados: el anonimato funciona.
-No esperen justificaciones por escrito de los rechazos editoriales: es un tema demasiado delicado.
-No le escriban a un editor para que le “eche una ojeada” a lo que estén escribiendo y les dé su opinión sin compromiso: probablemente está tapado de trabajo y no tiene que trabajar gratis para ustedes.


 


Crece la industria

La Cámara Chilena del Libro registra l as nuevas inscripciones de libros desde el 2010. El alza de nuevos textos narrativos ha sido sostenida. En 2017, por ejemplo, se evidencia un incremento del 10,81% de nuevos títulos en el ítem “literatura”, respecto a 2016. Cabe recordar que literatura es una de las 15 categorías dentro del estudio, e incluye los géneros de narrativa, poesía y ensayo.
Los resultados entregados por la Cámara Chilena del Libro junto a Standbard Book Number muestra una tendencia clara: la industria literaria representa el 43,77% del total de publicaciones nacionales: hubo 3.509 títulos inscritos en 2017 (1.884 textos más que en 2010). “En los últimos años, los precios de producción han bajado. Eso tiene que ver con que hoy escribir un libro no sea imposible, sino que, al contrario, algo totalmente alcanzable. Hoy cualquiera puede publicar”, dice Álvaro Matus, editor de Hueders.


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