¿Y si cambiamos un vertedero gigante por un parque de primer nivel?

Ilustración de cómo lucirá el Parque Mapocho Río, a inaugurarse en marzo de 2022. (Crédito: Minvu)

Imagina, finalmente, que este parque ya lleva meses construyéndose y que debiera inaugurarse en marzo del 2022. Suficiente teoría. Todo esto es realidad. Se llama Parque Mapocho Río, tiene más de 50 hectáreas a lo largo de nueve kilómetros del río Mapocho, lleva siete meses en construcción, el Presidente de la República puso “la primera piedra” la semana pasada, y el parque incluye dos lagunas artificiales, dos skateparks, dos canchas de fútbol, dos accesos al río, un espacio de escalada, patinódromo, 4.600 m2 de juegos infantiles, multicanchas, un mirador y mucho más. Un ejemplo de que el Estado puede hacer ciudad cuando se lo propone.



Imagínate manejar por una autopista a 120 kilómetros por hora y, durante cinco minutos seguidos, ver un nuevo parque que bordea el río Mapocho. Imagina ahora que ese parque reemplaza al vertedero ilegal gigantesco que te acompañaba visualmente cuando ibas o regresabas del aeropuerto por la Costanera Norte o, si eres vecino de Cerro Navia o Quinta Normal, que tuviste frente a tus narices por años.

Imagina que ese parque se empezó a realizar después de un profundo proceso de participación ciudadana, en el cual los vecinos de este espacio público pudieron plasmar sus sueños y necesidades.

Imagina, finalmente, que este parque ya lleva meses construyéndose y que debiera inaugurarse en marzo del 2022. Suficiente teoría. Todo esto es realidad. Se llama Parque Mapocho Río, tiene más de 50 hectáreas a lo largo de nueve kilómetros del río Mapocho, lleva siete meses en construcción, el Presidente de la República puso “la primera piedra” la semana pasada, y el parque incluye dos lagunas artificiales, dos skateparks, dos canchas de fútbol, dos accesos al río, un espacio de escalada, patinódromo, 4.600 m2 de juegos infantiles, multicanchas, un mirador y mucho más. Un ejemplo de que el Estado puede hacer ciudad cuando se lo propone.

Así como en mi anterior columna (“Hubo un tiempo en que hacíamos ciudad”), recordaba los notables ejemplos de vivienda diseñados por la Corvi entre las décadas cincuenta y setenta, y los comparaba con la triste realidad de la vivienda social construida entre 1980 y la actualidad, es en el área de los parques urbanos donde ha habido un cambio de paradigma, para bien, en los últimos 15 años. Es decir, el Estado ha entendido la necesidad de llevar áreas verdes de alta calidad a comunas vulnerables.

Dicho de manera más simple: que comunas como Pedro Aguirre Cerda, Cerro Navia, Cerrillos o Pudahuel puedan tener un parque que compita de igual a igual con el Parque Bicentenario de Vitacura o el Parque Araucano de Las Condes, eso sí es contribuir a romper la segregación urbana. Aunque sea desde uno de tantos ángulos donde esto debe repetirse y profundizarse.

¿De qué parques hablo cuando nombro a esas cuatro comunas? De los parques Pierre Dubois, La Hondonada, Bicentenario de Cerrillos y Santiago Amengual, respectivamente. Los cuatro, inaugurados en el último tiempo. Los cuatro, una maravilla. Impensables hasta hace muy poco. Parques perfectos para sacarle pica a cualquier comuna privilegiada. Con paisajismo de primer nivel, juegos infantiles de excelente diseño, muchos espacios para hacer todo tipo de deportes, lugares muy lindos (qué importante es el acceso democrático a la belleza), algunos de ellos inundables (La Hondonada), otros especializados en el deporte (Pierre Dubois). No hay mejor manera de entender el cambio de switch desde el Estado (Serviu, Minvu, MOP, GORE) que comprobar en terreno estos cambios.

Y emocionarse, por ejemplo, con las 600 viviendas sociales nuevas que están pegadas al parque La Hondonada, que no sólo tienen a un precioso parque como vecino (calidad de vida, plusvalía, etc.), sino que tienen un metraje que supera los 65 m2 en cada departamento, un anticipo de las mejoras que vienen de ese lado, pero que aún son pocas.

Sumemos a esto otro parque inundable, el Víctor Jara, que reemplaza la marginalidad y precariedad del zanjón de la Aguada. Una notable mezcla de ingeniería, arquitectura del paisaje y espacio público que dignifica a sus vecinos.

Agreguemos al parque urbano de 58 hectáreas del cerro Chena, en San Bernardo, que acaba de empezar a construirse. O el Parque Brasil, en La Granja, que también se está desarrollando y que pasará de ser un peladero con canchas de fútbol a un parque urbano de 35 hectáreas, un parque como corresponde.Otra cosa. Fundamental. Desarrollar un parque es un trabajo complejo y que exige presupuesto, pero otra cosa muy distinta y mucho más cara es mantenerlo.

Por eso, casi todos los parques que se han nombrado en esta columna serán administrados por Parque Metropolitano, una gran institución que ya gestiona más de veinte parques y que se caracteriza por su excelente servicio. Es decir, los fondos para administrar no saldrán del bolsillo de estos municipios.Vamos con una última variable, no por eso menos importante. Varios de estos proyectos (Mapocho Río, Víctor Jara) así como otro que no habíamos nombrado (Parque de la Familia) serían imposibles de realizar si hace diez años no se hubiera liberado al río Mapocho, al canal San Carlos y al zanjón de la Aguada del 100% de las aguas servidas.

Un logro extraordinario, que deja a nuestros ríos urbanos con una limpieza que es de categoría mundial. Te invito a conocer los parques de Santiago que aparecen en esta columna. Es importante la experiencia real para opinar. Especialmente, cuando se trata de felicitar al Estado y a la política por hacer las cosas bien.Hoy en día, hay que estar mucho más preparado para dar un espaldarazo que para criticar.

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