Cuatro Premios Nacionales revelan las competencias que necesitarán las nuevas generaciones

nuevos_paradigmas




José Maza, doctor en Astrofísica

El Premio Nacional de Ciencias Exactas, autor de "Somos polvo de estrellas" y "Marte: la Próxima Frontera", verdaderos best sellers en las librerías chilenas, no sólo ha dedicado su vida a la investigación; también se ha tomado en serio su responsabilidad como educador y divulgador científico. José Maza no sólo llena auditorios, también repleta estadios acercando la astronomía a las personas. Hoy, de viaje en Holanda, comparte con sus coterráneos su mirada sobre la educación del siglo XXI.

"Menos pizarra y más indagación", dice el investigador de supernovas, energía oscura y telescopía robótica. José Maza cree que la ciencia debe estar presente desde la educación básica y que las instituciones de educación terciaria, ya sean universidades o centros de formación técnica, deben tener muy buenos laboratorios para que los estudiantes puedan ver en acción los fundamentos aprendidos. "Los alumnos deben involucrarse en proyectos de investigación en los últimos semestres", afirma.

Las habilidades que -a su juicio- serán fundamentales son: la capacidad de utilizar programas computacionales complejos y de poder manejar y manipular imágenes y grandes bases de datos. "Esto será transversal a muchas disciplinas", comenta. Según José Maza, éste será el siglo de la automatización y de la robótica, lo que significa que desaparecerán cientos de trabajos que serán realizados por las máquinas. "Los profesionales del siglo XXI deben saber pensar muy bien y poder aplicar su disciplina a situaciones cada vez más complejas y más interconectadas con otras disciplinas. Las fronteras se harán cada vez más difusas", explica.

Patricio Felmer, doctor en Matemática

Además de haberse adjudicado un Premio Nacional en Ciencias Exactas, el ingeniero matemático ha sido reconocido por su calidad docente en la Escuela de Ingeniería y Ciencias de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas donde se desempeña. En su opinión, las profesiones de esta época tienen un elemento de incerteza que, probablemente, antes no tenían. "En general, hay poca información y no hay recetas para ello. Entonces, es importante que los profesionales desarrollen la habilidad para enfrentar problemas nuevos", afirma.

Según el investigador, en todos los niveles y en todas las profesiones el trabajo colaborativo será indispensable: "ya no es posible resolver problemas solo", dice. En ese sentido, Patricio Felmer, cree que las universidades tienen la responsabilidad de potenciar habilidades, pues pese a que hay personas que las tienen de manera innata, conviene poner a los estudiantes en situaciones donde el trabajo colaborativo sea relevante y tengan que trabajar con información nueva.

De hecho, el ingeniero matemático, piensa que desafiar a los estudiantes a enfrentar situaciones nuevas es fundamental para la formación de investigadores. "Es importante ayudar a que desarrollen su curiosidad y la capacidad de hacerse preguntas, que es más importante que las respuestas; y quienes forman deben tener una vía de investigación, para que puedan traspasar ese valor a los estudiantes", comenta.

Fernando Lund, Doctor en Ciencias

Según el físico especialista en desarrollo de la ciencia de materiales, una persona que hoy termina la educación terciaria tiene por delante una vida profesional de unos 50 años. "Hace una o dos generaciones, este horizonte era de solo unos treinta años: la esperanza de vida hoy es mucho mayor que ayer", afirma y tal como ayer los ascensoristas fueron reemplazados por dispositivos automáticos, hoy, los pagos al salir de un supermercado los está haciendo una máquina, en lugar de una persona; mañana, los vehículos no necesitarán de un conductor, explica.

Por lo anterior, el Premio Nacional de Ciencias Exactas, observa una actualidad caracterizada por la facilidad de acceso a grandes volúmenes de datos y de información. Destaca también, la habilidad de los seres humanos para programar máquinas, logrando que organicen mucha información para facilitar, y tal vez, reemplazar, la toma de decisiones por parte de las personas. En este escenario, Fernando Lund piensa que la educación terciaria deberá reformularse en torno a dos ejes: uno, dar a las personas un bagaje intelectual y manual suficientemente amplio para adaptarse a la forma en que se harán las distintas actividades humanas en el futuro. ¿Quién puede decir cómo se practicará la ingeniería dentro de veinte años? ¿O la medicina? ¿Serán disciplinas separadas, o cada vez más entrelazadas?

El otro eje será ayudar a las personas a enfrentar con confianza los desafíos, impensados hoy, que indudablemente aparecerán. Por ejemplo, nadie parece haber predicho, hace treinta años, la existencia del Internet y su influencia en la vida cotidiana de las personas, explica. Además, el investigador valora la educación continua, es decir, la actualización de conocimientos y prácticas a lo largo de toda la vida.

María Teresa Ruiz, doctora en Atrofísica

La presidenta de la Academia Chilena de Ciencias y Premio Nacional de Ciencias Exactas, María Teresa Ruiz, comparte su conocimiento sobre el universo en su libro "Hijos de las estrellas". Para ella, el profesional del mañana debe estar muy bien preparado, al día en todo lo que está pasando en el mundo. "Uno quisiera que fueran personas un poco transgresoras, en el sentido de que puedan explorar cosas nuevas y saber de otras disciplinas, algo que en ciencia resulta muy positivo. Cuando uno incorpora formas de pensar o conocimientos que corresponden a otras áreas termina dándose algo muy virtuoso", detalla.

La astrónoma María Teresa Ruiz, Premio L'Oréal-UNESCO a Mujeres en Ciencia 2017, cree fundamental mantener una mirada abierta, que no se concentre solo en una estrecha banda de conocimientos que, a veces, tienen las profesiones: "es muy importante conocer otras áreas y ser capaces de incorporar esos conocimientos a la especialidad", sostiene. Según la académica, todos nacemos con curiosidad, aunque a veces la perdemos. Por eso invita incentivar la necesidad imperiosa de encontrar respuesta a las cosas. "El fascinarse -como me ha pasado a mí con la ciencia- con el método científico, es decir, no sacar conclusiones de la nada, sino tener el razonamiento que se basa en evidencia, esto es algo que sirve para la vida, no sólo para la ciencia y que a mi me dio tranquilidad y seguridad", señala.

Para María Teresa Ruiz, la curiosidad es clave para mover las fronteras del conocimiento: "a veces, se investigan cosas que no parecen muy útiles y, de repente, aparecen grandes descubrimientos que cambian el destino de la humanidad. Por eso, es muy importante que haya gente explorando los límites de lo conocido", afirma.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.