Cartas al Director

El costo de la irresponsabilidad compartida

SEÑOR DIRECTOR:

Tuve la oportunidad de abordar un bus del recorrido 411 desde Cantagallo, en Las Condes, hasta Carlos Antúnez, en Providencia. Quiero destacables las excelentes condiciones del vehículo: limpio, silencioso y sumamente cómodo. Sin embargo, la experiencia dejó en evidencia una preocupante realidad cultural.

Al subir, la conductora me indicó ingresar por la puerta central debido a un desperfecto en el torniquete delantero. Cumpliendo con mi deber ciudadano, me acerqué al frente del vehículo para validar mi pasaje con la tarjeta de prepago. Lamentablemente, fui la excepción. A lo largo del trayecto de 40 minutos, el bus se llenó de pasajeros que ingresaron por la misma puerta sin que uno solo pagara. Lo más perturbador fue escuchar a decenas de personas ingresar con un cantarín “gracias” hacia la conductora, como si se tratara de un beneficio personal o un favor concedido por ella.

Es necesario recordar que el transporte público no es gratuito ni le pertenece a la empresa concesionaria; el déficit se financia de manera directa con los impuestos de todos los contribuyentes, utilicen o no el servicio. Acciones como esta demuestran una preocupante falta de conciencia y una irresponsabilidad flagrante por parte de ciudadanos perfectamente conscientes de sus actos. Bajo esta lógica es materialmente imposible que nuestro sistema de transporte público sea sostenible.

Hans Christiansen

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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