Esta chica solo te romperá el corazón: “Wicked game”, el deseo y la tristeza posterior

Chris Isaac Portrait Session 1986

LOS ANGELES - SEPTEMBER 1986: Musician Chris Isaac poses for portraits in September 1986 in Los Angeles, California. (Photo by Aaron Rapoport/Corbis/Getty Images)

Dos años durmió en los rankings una de las canciones más escuchadas de las últimas tres décadas. Luego pasarían David Lynch, Helena Christensen, el éxito y su reverso, mientras Chris Isaak, como criogenizado en 1955, sigue asegurando que realmente nadie ama a nadie.



Ni un ejecutivo de publicidad lo hubiese planeado mejor: ex boxeador, surfista, actor carismático y dueño de una voz inconfundible. Elvis reencarnado, con una buena dosis de Roy Orbison, para mejores (y lucrativas) señas. El problema era el timing: mediados de los 80s, tiempos de hombreras y sintetizadores. O de guitarras que sonaban como tales, tocadas con personas que usaban aquellas. Nada parecido a lo que proponía por aquella época y aún mantiene, estoico, Christopher Joseph Isaak.

Instalado mental, musical y estéticamente en algún tiempo entre mediados y fines de la década del 50, la propuesta del nacido en Stockton, California, ha variado realmente poco. Desde sus inicios con la banda Silvertone a inicios de los 80s, el estilo y las temáticas de Isaak se han mantenido incólumes: sobre una base deudora del primer rock & roll, con el surf, el folk y el rockabilly como variantes, el bueno de Chris sólo habla de amor.

Eso sí, que no los engañe su look de campeón, que a Isaak el amor le duele. De todas las formas, si es necesario. Así, cuando no está dedicado a ensoñarlo (recordando la fiesta de graduación, en un funeral en la lluvia o en algún triste hotel en una carretera solitaria), hace todos los esfuerzos (exitosos) por perderlo.

En vivo y en entrevistas contará algunos chistes para alivianar la situación, pero créanle cuando cuenta aquello de que "el mundo estaba en llamas y nadie podía salvarme, excepto tú. Es extraño cómo el deseo hace actuar tontamente a la gente". Una suerte de auto confesión con falsete que repetía "no quiero enamorarme de ti", sabiendo que ello se veía bastante difícil, porque "esa chica sólo romperá tu corazón". Con ustedes, el tratado de deseo y arrepentimiento llamado "Wicked game".

Presentada en Heart-shaped world (Warner, 1989), la canción fue creada en una circunstancia Isaakiana, por inventar un neologismo. "Eran las 4 de la mañana y alguien me llamó diciendo que iba para mi casa. Justo después de decir que sí, me arrepentí. Ya sabía lo que iba a pasar", contaba el compositor al sitio web del Rock and Roll Hall of Fame hace unos años.

Esa más que discutible amargura, lo llevó a escribir el tema mientras esperaba la visita y, considerando el escaso éxito de su carrera hasta el momento, nadie le ponía muchas fichas a la creación. Hasta que una historia de amantes enfrentados a la justicia y a la ira materna, cambió todo.

El efecto Lynch

How to make a David Lynch film se llama un cortometraje de 2010 de Joe McLean, donde el análisis de la obra ajena y la tomadura de pelo se dan la mano amigablemente. La premisa era simple: el director, luego de no haber entendido ninguna película del realizador de Twin Peaks, decidió hacer una suerte de manual de instrucciones para aficionados.

Ya se sabe, primeros planos a insectos, diálogos inexplicables, mujeres con troncos que dan mensajes ocultos y enanos que bailan en salones escondidos, donde la gente habla al revés. Y entremedio de todo eso, amores más grandes que la vida, como el de Sailor Ripley y Lula Pace Fortune, que en Wild at heart, se escapaban de gángsters y madres sobre protectoras, al ritmo de una versión instrumental de "Wicked game".

Basada en un libro de Barry Gifford, la película de 1990, con la brillante actuación de Laura Dern y la fantástica sobreactuación de Nicholas Cage, ahondaba en el ideario que David Lynch difundía con inesperado éxito en aquel tiempo. Algunos años posterior a Blue Velvet y contemporánea a la primera temporada de Twin Peaks, Wild at heart era otra maravillosa exploración en una Norteamérica de ensueño y pesadilla, donde el incesto, el crimen y el amor pasional ocurrían a la par, en una época difícil de determinar, pero con claras señas a los 50s.

En ese contexto, la música (y la imagen) de Isaak calzaban preciso. Por ello, luego de utilizar un par de canciones del primer disco Silvertone (Warner, 1985) en Blue Velvet, Lynch ocupó una versión instrumental de "Wicked game" de una forma tan efectiva, que Lee Chesnut, director de una radio en Atlanta, no sólo programó la canción original hasta la saciedad, sino que molestó a todos los que pudo para difundir el track. Algunos meses después, "Wicked game" era un éxito mundial, con dos videos para comprobar cómo el plan de marketing se armó sobre la marcha.

En el primero, dirigido por Lynch, Isaak se acompaña de su banda estable junto a unas imágenes de la película, en un resultado elegante y evocador. Además se puede ver en acción al eterno Kenney Dale Johnson en batería y al recientemente fallecido James Calvin Wilsey en guitarra, conocido como "the king of slow", quien con dos notas sostenidas y un juicioso uso del reverb hizo maravillas.

Para el segundo video, el reputado fotógrafo Herb Ritts, se rodeó de paisajes y personas, efectivamente, muy fotogénicas y filmó a Isaak en Hawaii junto a la súper modelo Helena Christensen, quien sería ligada sentimentalmente al cantante. Caballero de los con memoria, Isaak lo ha negado siempre, atribuyéndolo sólo a la buena capacidad interpretativa de su compañera de filmaciones.

¿Quién quiere ser Chris Isaak?

Una cosa es salir a escena todo campante con un traje azul eléctrico y cantar impecablemente, soltando chistes (muy efectivos) que revelan un guión más que probado. Otra diferente, es que para el bis regreses con un vestuario hecho con pedazos de cristal reflectante. Y así, como una suerte de bola disco andante, entones sin errar, sonrías y te retires triunfante.

La imagen indeleble proviene de la actuación de Isaak en el Festival Azkena Rock de 2010, en Vitoria, País Vasco; y servidor, que estaba presente, sin haber puesto en pie en Las Vegas, nunca se sintió más cerca. Ahí, el californiano tiró de repertorio propio y ajeno con escaso riesgo (cuando no eran hits personales como "Wicked game" o "Somebody´s crying", los prestados eran "Oh, pretty woman" o "Love me tender") y muchísimo cariño por la audiencia.

Esta postal bien representa los últimos 28 años de la carrera de Chris Isaak. Luego del éxito mundial, el hombre siguió haciendo más o menos lo mismo con algunos destellos de fama nuevamente gracias al cine (el uso de "Baby did a bad bad thing" en Eyes wide shut de Stanley Kubrick), pero sobre todo manteniendo la actividad en vivo, ya sea normal o en modalidad bola disco.

También se ha dedicado intermitentemente a la actuación, con el mismo David Lynch en Twin Peaks: Fire walk with me (1992), con Bernardo Bertolucci en Little Buddha (1993) y, sobre todo, haciendo de sí mismo con gracia no sólo en programas ajenos, sino que en uno a su nombre (The Chris Isaak Show) en la cadena Showtime entre 2001 y 2004. Todo ello, sin perder esa aura de tipo normal, dado a relativizar sus logros.

Cuando en 2012, The Guardian le preguntaba que sentía al ver a nuevos artistas como the xx o Lana Del Rey siendo influenciados por él, no tenía más que palabras de honestidad bonachona. "No he escuchado a eso grupos, además de ver a Lana en televisión el otro día y que alguien dijo 'Hey, son los mismos acordes de 'wicked game'. Igualmente cada vez que alguien se inspira en mí, estoy emocionado. No soy la gran cosa y creo que ellos podrían buscar alguien mejor en quien inspirarse".

Excesivas modestias aparte, hay que decir que “Wicked game” sigue impertérrita en las programaciones radiales, dando una pátina oscura a miles de fantasías amorosas. Y aunque demasiados covers hayan tratado de dañar el original (HIM, Il Divo, Corey Taylor, nuestros compatriotas de La Ley, entre muchísima gente), su belleza simple parece salvarla de todo. Su encanto perverso, probablemente también.

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