Leonor Varela: una madre de película

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Tras la muerte de su hijo, la actriz regresa en dos roles de mamá: en el Medio Oeste estadounidense, en American cherry, y como una mujer en Valdivia en La vaca que cantó una canción sobre el futuro.


¿Cómo se enfrenta el rol de una madre después de perder a un hijo?

Lo que fue difícil para mí después de perder a mi hijo y lo sigue siendo hasta hoy es tener interés en la vida. Pero quiero decir que trabajar siempre es un placer para mí. Es por eso que acepté estar en esta película, un poco sin saber cómo me iba a sentir. Después de todo, a uno le cuesta encontrarle el brío a la vida a veces. Las cosas, a la larga, hay que tomárselas día a día, sin hacer grandes declaraciones.

¿Encontró en este momento otros matices en sus emociones?

No lo sé... Es difícil responder a esa pregunta. Porque es imposible "medir" o cuantificar algo así. Sin duda, la profundidad de mi emoción es muy diferente ahora que Matteo ya no está. Pero todo es diferente. Yo ya no soy ni seré nunca la misma persona. Quiero pensar que soy mejor. Elijo agradecer haberlo tenido en nuestras vidas y lo honro amando la vida más ahora que nunca. Aunque no sea siempre lo más fácil.

¿Cómo lleva el ritmo del cine, entre producciones grandes como Alpha, pequeñas como American cherry, y televisión?

La verdad es que me gusta hacer de todo. No tengo problemas en pasar de una película a otra. En el cine independiente, por supuesto, tengo la posibilidad de ser más creativa, de colaborar con los directores. En la televisión, una está sujeta a las líneas directivas del canal y del estudio y, claro, se es un poco una marioneta. A nivel de producciones grandes creo que en el caso de Alpha al menos tuve bastante suerte, pues conocía a su director, Albert Hughes (El libro de los secretos, 2010) desde hace bastante tiempo. Tengo una relación muy fluida con él y pude jugar con todas mis armas en la mesa. Es una película que transcurre en la Edad de Hielo y yo tengo el rol de una chamana. "Esto es lo mío", le dije, y él me dio bastante libertad. Eso es raro, porque normalmente en las grandes producciones de Hollywood hay mucha espera, menos flexibilidad, todo es gigantesco y lento.

A propósito de interpretar a una chamana, ¿cómo se lleva con su espiritualidad, considerando que sus padres eran budistas?

Yo fui criada con una sensibilidad hacia lo espiritual. Quizás sabes, mi padre (el destacado neurobiólogo Francisco Varela, fallecido en 2001) mantuvo diálogos con el Dalai Lama, tiene publicaciones al respecto y fue uno de los fundadores del Mind and Life Institute, que promueve el diálogo entre la ciencia y el budismo. Mi madre, por otro lado, tiene una labor activa en el budismo en Chile y, entre muchas cosas, enseña meditación. Yo tengo un camino espiritual propio. Es un despertar que tuvo que ver más con la Virgen María, con Jesucristo, con aspectos que tal vez no fueron tan determinantes para mis padres. Mi ruta es mucho más individual y no practico el budismo tibetano de ellos. Hago meditación trascendental, pero es otra cosa, no tiene nada que ver. Hay probablemente una sensibilidad común con ellos, pero mi camino es propio. Así tiene que ser en la vida. Cada quien se relaciona con Dios de la manera que le parece mejor, mediante una búsqueda no dogmática.

¿Qué opina de Donald Trump y sus conflictos con la comunidad latina ?

Es complicado. Lo que pasa en la frontera, las separaciones de las familias me provocan impotencia y rabia. Pero, por otro lado, soy extranjera, no me siento totalmente 'americana' y me cuesta involucrarme en forma más proactiva. Pero sí tengo amigas latinas con las que colaboro, entre ellas Ana de la Reguera, Zoe Saldana o Rosario Dawson. Han realizado actividades que van en ayuda de familias dentro de México o también en EE.UU.

¿Qué puede contar de su nueva película en Chile, La vaca que cantó una canción sobre el futuro?

Se originó en el Sundance Labs, que es una iniciativa del Festival de Sundance para desarrollar nuevos proyectos de cineastas. La directora Francisca Alegría había ganado la posibilidad de estar ahí después de que premiaron su cortometraje Y todo el cielo cupo en el ojo de una vaca en 2017, en el Festival de Sundance. Me invitó a colaborar junto a la actriz argentina Mía Maestro (Diarios de motocicletas) y con Lucas Balmaceda (Ella es Cristina).

¿Por qué le interesó ese proyecto?

Me encantó todo. La temática es muy original y, además, está planteada en un estilo diferente, nuevo. Francisca Alegría, que ahora está en Los Ángeles, es muy inteligente, pero además cercana a mí. Hay un vínculo emocional muy fuerte. Es más, acabo de llegar a Miami y ella se quedó cuidando a mi perro en Los Ángeles.

¿Y otra vez interpreta a una madre?

Sí, ¿qué puedo decir? ¿Será la edad, no?

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