Jim Jarmusch for dummies: claves para entrar a sus películas

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Jim Jarmusch.

En Culto diseccionamos la obra de Jim Jarmusch, director de la reciente The dead don't lie. Hablan Jaime Grijalba —programador del Festival Internacional de Cine de Valdivia— e Iván Pinto —editor de LaFuga y Revista de Estudios de Cine.


Habría que partir diciendo que Jarmusch, antes de ponerse a filmar, fue director de una revista literaria. Mientras estudiaba en la Universidad de Columbia, el director de Coffe and cigarrettes estuvo a cargo de The Columbia Review. En una legendaria conversación con el fallecido Jonas Mekas, Jarmusch señala: "Leo un montón de poesía. Estudié con Kenneth Koch y David Shapiro en la Escuela de Nueva York, y he sido guiado por poetas toda mi vida".

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No es casualidad, por lo tanto, que su filmografía esté llena de referencias literarias: desde Los cantos de Maldoror de Lautréamont en Permanent Vacation hasta el vampiro de Only lovers left alive que recuerda haber compartido sus horas con Shakespeare. No tanto desde una impostada erudición como desde cierto goce vital de la lectura, los personajes de las cintas de Jarmusch se nos aparecen como avezados lectores.

Y porque no todo es alta cultura —Jarmusch sabe caminar y mascar chicle al mismo tiempo—, las múltiples citas a la cultura pop aparecen no sólo en la elección de las bandas sonoras, que delatan su melómano y omnívoro gusto musical, sino también en la inclusión de músicos como Tom Waits, Iggy Pop, Joe Strummer o Screamin' Jay Hawkins en los elencos de sus películas.

Estamos, entonces, ante la obra de un director inquieto, con películas llenas de claves dispuestas cuidadosamente para ser descubiertas.

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Las piezas de una compleja caja musical

"Siento que lo más importante que uno puede encontrar dentro del cine de Jarmusch es la forma casi brechtiana en la que trata las actuaciones —dice Jaime Grijalba—, ya que muchos de ellos se encuentran completamente despegados de lo que podría ser una performance normal, muchas veces las voces son monótonas, los diálogos se leen sin inflexión (o con muy poca), los gestos son mínimos, los rostros inmutables... es viendo esos gestos, los movimientos y pequeños tics los que hacen que las explosiones de emociones que ocurren en algún momento tengan mucho mayor efecto".

Iván Pinto coincide en esto: "si tuviera que hacer un mapeo de algunos temas más formales, está el juego un poco modernista del distanciamiento y, a partir de ese distanciamiento, la posibilidad del humor. El guiño, la ironía, como elementos. También está cierta vocación por el plano cinematográfico. Hay algo importante ahí respecto a la duración y, en el fondo, el absurdo a partir de esa duración".

https://vimeo.com/169929205

Los personajes de las películas de Jarmusch parecen estar siempre en una condición outsider, como habitando un tiempo que no les corresponde ya sea histórica como lingüísticamente. En Ghost dog: the way of samurai —protagonizada por Forrest Whitaker—, el personaje principal es un sicario que vive aislado en la azotea de un edificio y lee, con providencial devoción, el Hagakure, antiguo libro japonés de Yamamoto Tsunetomo.

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Only lovers left alive.[/caption]

Algo parecido ocurre en Only lovers left alive: allí, en una relectura muy personal de género de vampiros, los protagonistas son, cómo no, dos vampiros que están, de alguna forma, atrapados en el siglo XXI. Condenados como están sus vidas nocturnas, ambos atraviesan el tiempo encerrados en sus casas, esperando la noche para poder salir a buscar sangre.

"Otra cosa que es interesante", dice Iván Pinto, "es la idea de los actores. Bill Murray o Forrest Whitaker. Rescatarlos, descontextualizarlos un poco y ponerlos en otro lugar. Rescatarlos más bien como figuras, no como figuras artísticas, sino como su corporalidad y su gestualidad. Está eso de tomar actores y ponerlos en otro contexto en su cine. Eso también es interesante".

Efectivamente, las películas de Jarmusch han contado con un variopinto set de actores y actrices de la industria cinematográfica: Roberto Benigni, los ya mencionados Bill Murray y Forrest Whitaker, Tilda Swinton, Johnny Depp, Winona Ryder e Isaach de Bankolé.

Esta forma de abordar la dirección de los actores puede tener que ver con otra anécdota que el mismo Jarmusch cuenta en su conversación con Mekas: "cuando fui a Japón en los 80, estaba obsesionado con Ozy, Naruse y Mizoguchi. Como no podía conseguir sus filmes acá, compré allá varios VHS que, por supuesto, no estaban subtitulados. Podía mirarlos infinitas veces, sin tener la más remota idea de qué decían los diálogos, pero iba a entender muchas cosas y aprendí un montón sobre actuación, sobre la posición de la cámara y los ojos de los actores, todos esos pequeños detalles con los que haces una película".

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Breve guía turística para el país Jim Jarmusch

Llegado este punto, quizá quepa preguntarse por dónde empezar. De sus primeras películas, marcadas a fuego por la impronta del cine independiente norteamericano y una ética del low cost, Jaime Grijalba escoge Stranger than paradise: "la cual partió como un cortometraje y que fue expandiéndose, haciendo un retrato simple, independiente, ralo, pero innovador de lo que sería la vida de los jóvenes (hipsters) de los 80s en Estados Unidos". Tanto esta como su ópera primera, muestran a un Jarmusch joven, que con pocos recursos comienza a indagar en las temáticas que definirían sus trabajos posteriores: la ciudad y sus espacios residuales, los extranjeros y las barreras lingüísticas que los obligan a encontrar otras formas de comunicación, la música del underground norteamericano.

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Stranger than paradise.[/caption]

Pertenecen también a esa serie de películas filmadas en la década de los 80 Down by law, película con ciertos guiños a A man escaped de Bresson pero en clave humorística, con las actuaciones de Tom Waits y Roberto Benigni; y Mistery Train, con Joe Strummer, Screamin Jay Hawkins y Steve Buscemi entre el reparto.

En los 90, Night on Earth, Ghost dog: the way of Samurai y Dead man serán las tres producciones que engrosarán su filmografía. Iván Pinto destaca la primera, que lo colocaba en diálogo con el cine independiente de los noventa y lo ponía junto a cineastas como Aki Kaurismäki. "Simboliza mucho un momento del cine indie de los 90. Esta esperanza de un cine que medio como que está en otros países. Ciertos tópicos vinculados a esta idea de la noche, la ciudad, la bohemia y de algún modo algo que era muy de los noventa, que era esta posibilidad de sincronía".

En la primera década del 2000, Jarmusch estrenaría Coffee and Cigarettes, probablemente su película más conocida. Estructurada a partir de una serie de diálogos que se llevan a cabos en distintos cafés y filmada en un sobrio blanco y negro, la cinta pone en las conversaciones y sus derivas —muchas veces graciosas por el absurdo que presentan— el principal recurso para estructurar la cinta.

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Broken flowers.[/caption]

Destaca también de esta época Broken flowers, "que tiene una de las mejores actuaciones de Bill Murray, pero dentro del registro ya mencionado del distanciamiento, lo cual permite que haya humor incluso en los momentos menos buscados para ellos", señala Grijalba.

Posteriormente vendrían Only lovers left alive y Paterson, probablemente una de las películas en donde Jarmusch muestra de forma más abierta su faceto como lector de poesía. En esa película, Adam Driver protagoniza el papel de un chofer de bus que además pasa sus días escribiendo poemas. Los textos, por cierto, pertenecen a Ron Padgett, poeta de la escuela de Nueva York, de la cual Jarmusch se ha mostrado abierto deudor y que tiene entre sus filas, entre otros, a John Ashbery y Frank O'Hara.

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The dead don't die.[/caption]

Para Grijalba, "no se siente como la clásica película de Jarmusch, pero ahí está su ineventualidad, su simpleza, sus pequeños momentos, las crisis y conflictos que desaparecen en un parpadear de ojos". El nombre de la cinta, como muchos sabrán, es un tributo a la localidad de Paterson, a la que el poeta William Carlos Williams le dedicó un extenso y ambicioso poema que intentó captar el idioma americano.

En The dead don't die, estrenada este año, Jarmusch realiza un tributo personal al cine de zombies, contando nuevamente con la actuación de Adam Drive y colocando al ya habitual Iggy Pop como un zombie, quién sabe si como una suerte de broma solapada. Conviene, finalizando este repaso, mirar la película a la luz de sus trabajos anteriores para reconocer esos gestos que se ha dedicado a diseminar en sus más de 30 años carrera: la parodia, la cita, el pastiche. La obra, en fin, de un director que es también un melómano y cinéfilo militante.

https://www.youtube.com/watch?v=bs5ZOcU6Bnw

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