La Unidad Popular según Raúl Ruiz

Raúl Ruiz (1941-2011) dejó cuatro horas y media de rodaje de la cinta Realismo socialista como una de las bellas artes.

La historia de un obrero que se derechiza y un intelectual que se izquierdiza anima Realismo socialista como una de las bellas artes, eslabón perdido en la filmografía del director, rodado en 1973 y que se estrenará en 2021.



Juicio popular. Un grupo de trabajadores sentados frente a una larga mesa discuten qué hacer con el compañero Lucho. Es acusado de robarse las herramientas de la fábrica con el objetivo de instalar un “tallercito en la población”. “Uno tiene derecho a progresar”, dice Lucho, un ratero con espíritu emprendedor. Craso error: en el nuevo gobierno del pueblo nadie puede fraguarse el éxito recurriendo a las triquiñuelas individualistas. Lucho, tras un sumario proceso, es expulsado de la fábrica.

La escena ni siquiera fue representada por actores profesionales. Son auténticos obreros interpretándose a sí mismos en Realismo socialista como una de las bellas artes (1973), la película de Raúl Ruiz (1941-2011) que actualmente está en proceso de reconstrucción por la cineasta Valeria Sarmiento, acompañada del trabajo de Poetastros, la compañía de Chamila Rodríguez y Galut Alarcón. El pasaje es una inserción cuasi documental en una historia de ficción que enfrentó cara a cara las fallas, taras, pifias y tragicomedias de la Unidad Popular.

Filmada en el mismo año del golpe, nunca hubo tiempo de montarla debidamente y estrenarla. Se sabía de su existencia, pero se había convertido en un eslabón perdido en la filmografía del realizador fallecido en París en agosto de 2011.

Actualmente está en la fase inicial de rescate y restauración. Existen alrededor de cuatro horas y media de rodaje almacenado en la Universidad de Duke (Estados Unidos), la misma institución que albergaba parte del material de La telenovela errante, la primera de las tres cintas recuperadas de Ruiz junto a El tango del viudo y su espejo deformante. A partir de aquel archivo se hará la versión final y cuyo estreno coincidiría el 2021 con los 10 años de la muerte de Raúl Ruiz.

Raúl Ruiz, que en 1973 era militante del Partido Socialista y fue partidario de la UP, no era seguidor ciego de ninguna causa. Su distancia de intelectual curioso y su saludable sentido del humor le prohibían peregrinar a las iglesias de las ideologías absolutas. Por eso, aplicando los principios de la duda, el análisis y el desparpajo, hizo Realismo socialista.

El actor Jaime Vadell tiene el rol de un político socialista de clase alta en la película.

“La idea de Raúl era la siguiente: un grupo de poetas se deslizan a la izquierda (proletarizan) y un obrero gira hacia la derecha”, comenta su viuda Valeria Sarmiento, desde París. “Todo hecho con mucho humor y canciones insolentes”, agrega la realizadora.

El director de Tres tristes tigres (1967) concibió el filme, entre otras cosas, como herramienta de debate en tiempos de obcecación partidista y de lejanía con las bases. De la misma manera que observa con astucia la “vigilancia revolucionaria de la fábrica” (como dice uno de los obreros) también se ríe de las discusiones sordas que dividen a la intelectualidad progresista.

Uno de ellos (Javier Maldonado), militante del Frente Poético, se va de su partido por no considerarlo lo suficientemente de izquierda y le dice a la cámara: “Después de un año, perdí la ingenuidad. Siempre pensé que acá se podía ser realmente revolucionario. Aún así tengo mi dignidad: a mí no me van a convertir en un burócrata, en un cagatintas ni en un chupamedias”. Luego se sube al borde de una ventana, saca una soga y procede a colgarse.

Todo está filmado en blanco y negro y en el mejor estilo de Ruiz pre 1973. Es decir, hay diálogos que parecen improvisados (tal vez muchos lo fueron), actores que eran en realidad sus amigos poetas (Waldo Rojas y Marcial Edwards, entre ellos) y una vitalidad contagiosa.

Tiempos de urgencia

El rodaje de Realismo socialista fue a inicios de 1973, antes de Palomita blanca. “Era un período en que todos vivíamos en urgencia. Pensábamos que el golpe venía, pero nunca imaginamos que iba ser tan brutal”, comenta Valeria Sarmiento. “Creo que Raúl quería dejar un testimonio. La realidad era tan fuerte y tan distinta a lo que conocíamos: sabíamos que estábamos viviendo algo único”, agrega.

El grado de compromiso con la contingencia de Realismo socialista probablemente explica las reuniones populares en su trama. El montajista Galut Alarcón detalla la metodología de Ruiz: “No usó claquetas, pues no quería condicionar a los actores a la ficción, haciendo un guiño al documental. Vivían en campamentos y en las tomas de sonido se puede distinguir que no decía ‘Acción!’. La reemplazó por un simple ‘¡Vamos!’”.

También cuenta algo que tiene que ver con su propio padre, el actor Luis Alarcón: “Él no trabajó en esta película, la única de la que se abstuvo en la obra temprana de Ruiz. Alguna vez me contó que en aquellos años él era militante del Partido Comunista y no estuvo dispuesto a participar de un filme que revisaba de manera crítica el proceso de la Unidad Popular”.

A diferencia de La telenovela errante y El tango del viudo (estrenadas en Locarno 2018 y Berlín 2020), Realismo socialista posee un valor histórico-político que sus hermanas no poseen. “Son completamente diferentes entre sí. Ahora bien Realismo socialista es fundamental pues cierra la trilogía de las películas que Ruiz no pudo finalizar en Chile”, aclara la actriz y productora Chamila Rodríguez sobre esta obra, por la que el Ministerio de las Culturas ya manifestó interés en financiar.

Pero a estas alturas también vale la pena preguntarse ¿qué pensaba el propio Raúl Ruiz de la vía chilena al socialismo? ¿Creía realmente que nadie estaba haciendo nada bien? Sarmiento tiene una respuesta: “Siempre fue lúcido y realista. El veía que el proceso de la Unidad Popular estaba llegando a su fin, y yo diría que más bien lo entristecía”.

Contra el viento y la marea de sus propias dudas intelectuales, Ruiz siempre nadó en la izquierda. Era una condición natural. Tal vez genética. Valeria Sarmiento recuerda: “Siempre se sintió socialista y acostumbraba a decir que eso no se le quitaría ‘ni yendo a Lourdes’”.

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