No lo estamos pasando tan bien: la gira de La cultura de la basura de Los Prisioneros

En 1988, Los Prisioneros suspendían su gira más ambiciosa por Chile, debido a la revocación de los permisos municipales en los lugares donde tocarían. La razón: el llamado a votar "No" en el Plebiscito chileno, punto cúlmine de la tensa relación de la banda con las autoridades de la Dictadura. A la par de esa cancelación, un disco más experimental y las fricciones internas, aceleraban el proceso de descomposición dentro de la banda.


Le pasó por pesado a Jorge González. "Así, no más, pues", habría dicho, manos en jarra, mi abuelita cuando derrochaba esas píldoras de sabiduría, que funcionaban como charlas TED en el siglo pasado. Mejores que charlas TED, si me apuran, porque todos andaban derechitos y tranquilos por aquella época. No como Jorge González, claro.

Resumiendo un poco, en 1988, Los Prisioneros no solo eran la banda más popular del país, sino que su influencia se dejaba sentir a más niveles de los que las autoridades de la época hubieran querido. A pesar de una presencia muy restringida en medios escritos y televisivos, el grupo acumulaba ventas históricas de sus dos álbumes y las escasas veces que tenían un micrófono de prensa en frente, no perdían la ocasión de plantear opiniones directas, sin la constante autocensura que reinaba en la época.

"A los 20 años era ídolo en todas partes (…) además estaban los milicos que no nos dejaban tocar, entonces éramos ídolos y, más encima, héroes. Era como si Víctor Jara y el Pollo Fuentes hubieran sido uno solo. Fue mucho para una persona que no se las sabía todas a esa edad", diría González el año 2000 en el programa De Pé a Pá, como se cita en su biografía escrita por Manuel Maira. Siendo así, cuando la prensa le preguntaba en marzo de 1988 su opinión sobre el Plebiscito de aquel año, la respuesta no se hizo de esperar. "Vamos a votar que No", dijo González, cambiando para siempre el destino de la ambiciosa gira de la banda. Por pesado, le pasó, ¿vieron?

Me conecto al youtube de mi memoria y vuelvo a escuchar la charla TED de mi abuela: "hazte de fama y échate a la cama". Y el resto es silencio, habría dicho triunfante la señora. Volviendo a González, digamos que el músico ya llevaba su tiempo molestando al ambiente nacional con sus dardos exquisitamente asertivos. Por ahí, los habían recibido los gobernantes demagógicos ("No necesitamos banderas"), el sistema educacional ("El baile de los que sobran") e incluso sus colegas artistas, ya fuera por su lucha pasiva ("Nunca quedas mal con nadie") o por su conciencia social de show televisivo ("Pa pa pa"). Todo ello envuelto en ritmos bailables y melodías imbatibles, para desgracia de sus detractores.

Pero algo en el ambiente de Los Prisiones se percibía extraño a inicios de 1988. La recepción solo mediana de su tercer disco, La cultura de la basura, editado en diciembre del año anterior, ponía la primera incerteza en el camino del trío. Esta vez, el álbum tendía a lo experimental, con abundante uso de secuencias y samplers e incluía las primeras canciones atribuidas exclusivamente a Miguel Tapia y Claudio Narea. Caco Lyon, histórico ingeniero de la banda, abandonó la grabación, cuando a juicio de González, se dio cuenta que los temas no estaban terminados y, más bien, era el trabajo de "una banda que se sentía famosa". "Es un disco original (…) pero las canciones no son muy buenas (…) es como una caricatura, como Los Prisioneros copiando a Los Prisioneros", comentaría, el cantante, en una autoentrevista publicada en la web el 2014.

Independiente de las valoraciones siempre ambivalentes de González respecto del legado de la banda, se puede decir que La cultura de la basura era un disco arriesgado, tanto en lo sonoro como en lo lírico (con letras explícitamente políticas como "Poder elegir" o "Lo estamos pasando muy bien"), aunque caótico sonoramente y con bastante imprecisión en los arreglos. Aun así, con el capital de las ventas y popularidad de la banda, se ideó un plan ambicioso, con una gira de presentación de casi 40 fechas que incluía un recorrido por Chile de norte a sur y, luego, un periplo internacional que contemplaba Ecuador, Perú, Colombia y Venezuela. Hasta que González se puso pesado.

https://www.youtube.com/watch?v=irqfhn_wB5o

"Después empezamos a hacer la presentación de ese disco en vivo…y era malísimo. Pero eran Los Prisioneros de esa época", recordaba Miguel Tapia en un documental de 1991. Con la estrella de la carátula del disco como telón de fondo y armados de secuenciadores para poder interpretar las canciones nuevas, el trío logró dar menos de una decena de las presentaciones acordadas. En ellas, se observaron combinaciones inéditas, como la presencia de dos guitarras (con el bajo pregrabado) en "Usted y su ambición" o la ausencia de batería "real" en "Lo estamos pasando muy bien" (con Miguel Tapia en el bajo). Con un predominio de las canciones de La cultura de la basura, el sonido tendía a ser confuso y la proliferación de samples y recursos tecnológicos no siempre llegaban a buen puerto con la precaria infraestructura de aquella época.

https://www.youtube.com/watch?v=xks6u-xAGFk

Aunque uno podría pensar que el gobierno de Pinochet tenía asuntos más importantes que atender en aquel año, se prefirió no subestimar el impacto de la banda y se ordenó la cancelación del permiso en todos los gimnasios municipales ya contratados para la gira. Debido a esto, Los Prisioneros tuvieron que dirigir sus esfuerzos al exterior (con muy exitosos pasos por Colombia y Perú), con las únicas actuaciones en Chile restringidas a la campaña del NO. Además, para marcar el fin de época, por aquel tiempo comenzaría la separación del trío original, atribuida a líos de música, faldas o pantalones, según sea el biógrafo de turno. "¿Ves que, al final, siempre sale el sol?" No, abuelita, en este caso, no.

[caption id="attachment_24271" align="alignnone" width="424"]

Afiche oficial de la gira de “La cultura de la basura” (1988)[/caption]

Comenta