¿Cómo se supo en Chile la noticia del Combate Naval de Iquique?

combate naval

Hundimiento de la Esmeralda durante la batalla de Iquique. Óleo de Thomas Somerscales.

Con varios días de desfase, y con información entregada de forma parcelada, la ciudadanía fue conociendo los pormenores de los combates entablados por la Esmeralda y la Covadonga. La prensa ensalzó las figuras de Carlos Condell y Arturo Prat y se construyó el relato de los acontecimientos, a partir de partes oficiales y los testimonios de los sobrevivientes, quienes contribuyeron con la transcripción de la famosa arenga del comandante.



Ese domingo 25 de mayo de 1879, al pie de la estatua de Bernardo O'Higgins –ubicada en esos días en el centro de la Alameda, casi frente a La Moneda-, Benjamín Vicuña Mackenna, ex intendente de Santiago, arengó al grupo de ciudadanos que se había reunido a consecuencia de una noticia que se había conocido el día anterior: el combate que el día 21, habían entablado en la rada de Iquique, los buques chilenos Esmeralda y Covadonga, contra los peruanos Huáscar e Independencia, en los primeros días de la guerra en que Chile enfrentaba a la alianza de Perú y Bolivia.

"Ciudadanos, vosotros que no tenéis más que vuestra sangre que ofrecer en aras de la patria, corred desde aquí mismo a los cuarteles (…). La patria necesita de todos sus hijos para dar pronto y glorioso acabo a la lucha que se inicia", fueron algunas de las palabras que pronunció el tribuno, según consignó el periódico El Ferrocarril.

Al poco de acabar su discurso se acercó un sujeto, que el diario ya mencionado identifica como Carlos A. Rogers, blandiendo un parte que acababa de llegar desde el norte. "Prat ha muerto sobre la cubierta del Huáscar", aseveró en voz alta. En ese momento, la multitud, afirma el tabloide, lanzó sonoros vítores en homenaje al malogrado marino y de inmediato se propuso erigir un monumento en su honor, y el de la oficialidad.

Considerados los barcos más débiles de la escuadra chilena, la Esmeralda y La Covadonga se encontraban en Iquique manteniendo el bloqueo del entonces puerto peruano, desde el cual se exportaba el salitre.

Mientras, el resto de la flota de guerra, comandada por el Almirante Juan Williams Rebolledo, zarpó rumbo al Callao para atacar allí a los acorazados de la marina del Perú. Sin embargo, esa incursión fue un fiasco, pues cuando llegaron, los rivales ya habían zarpado. Enterado, el presidente del país vecino, Mariano Ignacio Prado, ordenó a sus dos poderosas naves romper con el bloqueo y capturar o destruir a los barcos chilenos.

Las primeras noticias sobre el enfrentamiento llegaron a la zona de Santiago y Valparaíso el 24 de mayo. Eran algunas informaciones muy vagas que se conocieron gracias al transporte Lamar, que estaba en la rada de Iquique y escapó de la escena rápidamente antes de que se rompieran los fuegos. Al llegar a Antofagasta comunicó la información que se envió a la capital.

"Según conjeturas fundadas Independencia varó en Punta Gruesa, persiguiendo Covadonga que volvió rompiendo fuego sin respuesta. Esmeralda entre tanto combatía en el puerto con el Huáscar", señalaba el primer parte oficial.

Conocidos los datos acerca de los contendientes, los principales periódicos comenzaron a especular con la suerte de las naves chilenas, pues se sabía que los añosos buques nacionales de madera, y en mal estado, se enfrentaban a embarcaciones modernas que las superaban por su blindaje de acero y potencia de fuego. Era una situación difícil.

"¡Triste, tremenda consideración nos obliga, digan lo que quieran los partes llegados partes, a preparar el ánimo a recibir noticias de uno de esos sacrificios extremos en que cuando más puede ponerse a salvo el honor!", comentaba El Mercurio de Valparaíso, recién conocidos los primeros datos.

La lejanía del teatro de operaciones de la guerra y la manera en que se recopilaban las noticias, explican el desfase con que llegaban las informaciones. El investigador histórico militar, Rafael Mellafe, quien ha escrito varios libros acerca del conflicto como La guerra del pacífico: combates navales del 21 de mayo (2011, Globo Editores), explica a Culto las principales dificultades en las comunicaciones de la época.

"La única comunicación rápida era el telégrafo, en que se mandaban noticias muy cortas. La crónica se mandaba también por telégrafo, de noche, cuando había menos tráfico, y la crónica larga, se enviaba por barco. Desde Iquique a Valparaíso, con una sola escala en Caldera, la navegación era de tres días", asegura.

Hacia el día 27 se conocieron más detalles, como la confirmación del triunfo de la Covadonga y el hundimiento de la corbeta dirigida por Arturo Prat, aunque en principio, ese desenlace se asoció a otra situación. "La Esmeralda, que se veía acosada por el Huáscar prefirió incendiar la Santa Bárbara –depósito de municiones-, antes que rendirse", detalló el parte enviado desde Antofagasta por el entonces comandante en jefe del ejército, Justo Arteaga.

De todas formas, los principales diarios no escatimaron palabras para celebrar lo que consideraron un hecho memorable para las armas nacionales. "El combate naval de Iquique es una página más de gloria para la marina y para el denuedo y heroísmo de los bravos que pasean triunfantes en el mar el tricolor de la república", aseguraba en su editorial El Ferrocarril.

Por su lado, El Mercurio de Valparaíso, sugirió que se debía honrar a los caídos con alguna clase de reconocimiento. "En la playa de Iquique debe encontrar el viajero una columna que le recuerde, si lo ha olvidado, o que le enseñen, si no lo sabe, los nombres de toda esas ilustres víctimas y también sus victimarios".

Con el paso de los días, se fueron conociendo más datos, como el abordaje y muerte de Prat en el Huáscar –aunque las informaciones diferían en la forma en que este perdió la vida y el detalle de sus acompañantes-, los ataques que el monitor peruano hizo a la Esmeralda con el espolón, su posterior hundimiento, y la captura de los oficiales sobrevivientes a quienes se encerró en Iquique.

"Su comandante, seguido de cuatro más, saltaron sobre la cubierta del Huáscar, con hachas de abordaje en la mano; pero casi al instante el heroico Prat recibía una herida en la cabeza", se lee en la edición de El Ferrocarril publicado el 29 de mayo. Hoy se sabe que solo le acompañó el sargento Juan de Dios Aldea, y otro marino intentó seguirles, pero no alcanzó a llegar a bordo de la nave enemiga.

La hazaña de Condell

Además, por esos días se dieron a conocer algunos pormenores de las maniobras del capitán Carlos Condell de la Haza, al mando de la Covadonga en los arrecifes de Punta Gruesa, las que fueron determinantes para rendir a su enemigo.

"Condell, conociendo el poco calado de su buque, lo dirigió por entre las rocas, batiéndose casi todo el tiempo a tiro de pistola (…) el comandante Moore, que mandaba la Independencia, no cuidaba al mismo tiempo de dirigir su buque, el que, no encontrando fondo suficiente, varó", se describe en las páginas del Mercurio porteño.

En efecto, la figura del comandante de la goleta Covadonga fue bien valorada por la prensa, gracias a su hazaña frente a la fragata blindada Independencia. Tanto El Ferrocarril, como El Mercurio de Valparaíso incluso publicaron semblanzas sobre su vida. "Como buen hijo de inglés, tiene la circunspección de tal, muy estricto en el cumplimiento del deber", aseguró el periódico del puerto principal. Sin embargo, al conocerse las circunstancias del deceso de Prat y la destrucción de su nave, fue este quien tomó protagonismo.

"Al hacer encallar la Independencia, la armada del Perú pierde el 38% de su poder naval, entonces fue algo mayor. Por eso cuando llega Condell a Valparaíso fue recibido como héroe nacional por su hazaña. Fue algo casi bíblico. Se hicieron comidas, Te Deums, hasta obras de teatro. Con el tiempo lo de Prat fue socialmente más grande, pero él no ha sido totalmente reconocido por la historia", asegura Rafael Mellafe.

El marino chileno tenía vínculos con el Perú, pues su madre nació en ese país. "Era hijo de peruana. Es más, a bordo de la Independencia, iban dos primos: Alfredo de la Haza y Agustín de la Haza. Y no fue el único caso: Juan Jose Latorre, a mi juicio el mejor marino chileno de la guerra, era hijo de padre peruano, y su hermano mayor estaba a cargo de las baterías de defensa de Lima", afirma Mellafe.

Combate de Punta Gruesa. Óleo de Tomas Somercales.

¿Cómo se conoce una tragedia?

Ya hacia el día 28, gracias a los partes oficiales, los diarios se aventuraban a presentar las primeras relaciones más extensas del combate. "Desesperado [Miguel] Grau con la resistencia de nuestro buque, se lanzó con todas sus fuerzas contra él, dándole un enorme espolonazo en la proa, al lado de estribor. Dos o tres minutos después, la Esmeralda se hundió para siempre", describieron en El Ferrocarril.

También se pudieron conocer algunos datos gracias a la publicación en los medios de las primeras cartas y telegramas que los oficiales sobrevivientes de la Esmeralda, prisioneros en el subterráneo de la Aduana de Iquique, enviaron a sus familiares.

"Después de cuatro horas de un sangriento combate, en el que no faltó un solo episodio de las guerras marítimas, la Esmeralda se hundió en el abismo y de los 200 tripulantes salvamos 60. Entre los muertos está nuestro valiente capitán Prat; murió al pie de una torre del Huáscar y fue el primero en abordaje", escribió el entonces guardiamarina Arturo Fernández Vial –a quien en las primeras informaciones se había dado por muerto-, en misiva dirigida a su padre, publicada por El Ferrocarril.

Una arenga histórica

"Muchachos, la contienda es desigual, pero ¡ánimo y valor!", comienza la narración de la arenga de Prat que el periodista Eloy Caviedes recopiló para su serie de artículos sobre los combates en Iquique, que publicó en El Mercurio de Valparaíso, en 1888. "Nuestra bandera no se ha arriado nunca ante el enemigo; espero pues, que no sea ésta la ocasión de hacerlo. Mientras yo viva, juro que tal cosa no sucederá, y si muero, quedan mis oficiales, que sabrán, no lo dudo, cumplir con su deber", continúa.

Esta proclama del capitán, pronunciada minutos antes de entrar en combate, debe estar entre aquellas que todo escolar en Chile ha debido aprender de memoria en algún momento. Sin embargo, esta no se menciona en las primeras informaciones publicadas en por lo que cabe preguntarse cómo fue que ese discurso llegó hasta nuestros días.

Para Rafael Mellafe, la clave está en el epistolario de los oficiales sobrevivientes que fueron mantenidos en condición de prisioneros en Iquique. "En las cartas que enviaron, en casi todas hablan de la arenga, la que palabras más, palabras menos, es lo mismo. De ahí surge todo esto. Había siete oficiales superiores presos. Ahora, yo creo que se tienen que haber juntado y entre todos fueron recordando lo que dijo el comandante, creo que evidentemente ahí se pusieron de acuerdo".

En efecto, en el parte oficial que el Teniente Luis Uribe -quien quedó al mando del barco tras la muerte de Prat- escribió sobre el enfrentamiento, publicado en El Ferrocarril el 31 de mayo, ya se menciona el discurso, más menos en la forma que se conoce actualmente.

La creación de un héroe

Apenas se supieron los primeros detalles del enfrentamiento, tanto en Santiago como en Valparaíso surgieron las propuestas para levantar un monumento a los héroes, especialmente concentradas en la figura del comandante Prat. "Ha muerto con toda la gloria que era de esperar de sus antecedentes como marino chileno, pero no morirá por cierto en la memoria de este pueblo agradecido que hoy le llora y mañana la inmortalizará como se inmortaliza a los verdaderos héroes", publicó El Mercurio de Valparaíso el 26 de mayo.

Ello tuvo consecuencias. Rafael Mellafe explica que este fue el hito clave que permitió generar entusiasmo popular con el conflicto. "En un primer momento la gente se empezó a volcar a los cuarteles para enrolarse, lo que se explica el rápido aumento de contingente de 5.400 hombres, en mayo, a 18.000 en noviembre. Al mismo tiempo se va ensalzando la figura de Prat. Eso se hizo desde la prensa más radical o roja, básicamente de los masones, hasta la más conservadora, del Estandarte Católico".

El investigador pone en su contexto la rápida popularidad que gana el conflicto gracias a la figura de Prat. "Para el chileno corriente, la guerra en Antofagasta estaba muy lejos. Imagínate para alguien que vivía en Linares, era algo muy lejano. Entonces esta acción te lo acerca, te lo hace tangible", afirma.

"El ejemplo de Prat sirvió para movilizar a la nación contra un enemigo externo, provocando una identificación nacional que pasó a primar por sobre todas las otras lealtades", asegura en su artículo Aspectos de la construcción de la identidad nacional en Chile, el historiador y profesor del Instituto de Historia de la Universidad Católica, Patricio Bernedo.

Arturo Prat Chacón

"Sin embargo, poco se sabe que la admiración por Prat fue de corta duración", continúa Bernedo. "Como lo demostrara el historiador norteamericano William F. Sater, entre 1880 y 1895, la figura heroica de Prat tendió a declinar para después revivir de la mano de la elite política correspondiente al período parlamentario que potenció su persona como una figura moral".

No obstante, a mediados del siglo XX se produce la masificación de la historia del conflicto. "Hacia comienzos de la década de 1950, la historia de la Guerra del Pacífico fue transformada en un producto mediático masivo, lo cual potenció la admiración nacional hacia los héroes de este conflicto. Se trataba del radioteatro Adiós Al Séptimo de Línea del escritor y guionista Jorge Inostroza, que tras su éxito fue editado en formato de libro (cinco volúmenes) por Zig Zag, en 1955. Su primera edición vendió 250.000 ejemplares y al momento de la muerte de Inostroza, en 1975, se afirma que había llegado a más de cinco millones. En otras palabras, se transformó en un best seller, cuyo éxito se basó en el alto grado de identificación que los chilenos tenían con esta guerra", asegura Bernedo en el artículo citado.

De las propuestas de monumentos a Prat y los oficiales fallecidos en combate, surgidas en ese momento, la que finalmente prosperó fue la que hoy se encuentra en la Plaza Sotomayor de Valparaíso, con esculturas de Dennis Puech y Virginio Arias, el que fue inaugurado en el aniversario del Combate en 1886.

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