Ringo cumple 80 años: mi papá es un Beatle

Ringo Starr está de cumpleaños este martes 7 y se convierte en el primer beatle en alcanzar las ocho décadas de vida. Zak Starkey, su hijo mayor, nacido en pleno frenesí beatlemaníaco y también baterista de The Who, habla con Culto acerca de crecer con un padre símbolo del siglo XX, aunque advierte: “En un momento me rebelé contra los Beatles”.


Cuando a los 14 años tenía su propia banda, The Next, y despegaba como baterista en los pubs londinenses, Zak Starkey (54) tomó una decisión drástica que para cualquier músico en cualquier lugar del planeta sería un acto kamikaze: renegar de los Beatles.

“Me rebelé y no quise escucharlos más. Ni a mi papá ni a mi mamá”, confirma. En su caso, la blasfemia era doble: no sólo se trataba de matar a la banda más grande de todos los tiempos; también se trataba de matar al padre. Un ejercicio freudiano contra la grandeza de la beatlemanía.

“Mi grupo empezó a recibir mucha atención, pero por las razones equivocadas, no por su música, no por lo que mostrábamos, no por lo que éramos. Por eso me rebelé. Pero fue sólo por un tiempo”, matiza ahora, al teléfono con Culto desde su residencia actual en Jamaica.

Si la historia de The Beatles se narrara como una dinastía, Zak Starkey sería uno de sus herederos más aventajados. Nacido el 13 de septiembre de 1965, es el hijo mayor de Ringo Starr -Richard Starkey, su verdadero nombre-, fruto de su primer matrimonio con la peluquera Maureen Cox. Llegó al mundo justo cuando el grupo empezaba a resentir los estragos de una popularidad sin precedentes y se alistaba para abrir la vorágine creativa inaugurada ese mismo año con el disco Rubber Soul.

Zak vivió el primer lustro de su existencia viendo a papá como un beatle, casi como un testigo silencioso de ese segundo período del cuarteto que cubre desde sus mejores álbumes hasta la ruptura en 1970, quizás con varias mañanas en que su progenitor se despedía de beso para ir a trabajar y le prometía estar pronto de vuelta: “Ahora debo terminar de grabar unas cositas en Sgt. Pepper y quedo disponible para que juguemos”, “termino con los chicos de hacer Abbey Road y nos vemos en la noche para leerte un cuento”.

Por lo mismo, fue finalmente un batalla perdida liberarse de la sombra del baterista más célebre de la historia y hasta hoy, con 80 años en el cuerpo, un hombre cuyo rostro junto al de sus tres excompañeros se sigue replicando casi imparable en pósters, poleras, documentales, llaveros, fotos de Instagram y cualquier artefacto posible. De hecho, alguna vez le bastó sentarse frente a una pantalla para darse cuenta que su padre incluso a veces no era humano: era un dibujo animado llegado desde otro mundo.

-¿Recuerda cuál fue ese momento exacto en el que por primera vez pensó “mi padre es uno de los Beatles”?

-Sí, cuando vi la película Yellow Submarine. Antes nunca tuve noción de que él estaba en la banda.

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Pese a mirar tan de cerca esos días, Starkey dice que no guarda demasiadas vivencias de todo el firmamento de personajes, hitos y canciones que giraban en torno a su familia en los años 60: “No tengo grandes recuerdos ni podría decir que se me quedaron escenas grabadas. Ni siquiera de John Lennon. Lamentablemente yo era muy pequeño”.

-Pero usted ya tenía más conciencia en los años 70, cuando su padre ya no formaba parte de los Beatles. Él siempre se ha mostrado como el integrante que más lamentó la disolución de la banda. ¿Recuerda haber percibido algo de eso en ese tiempo?

-Mi papá siempre estaba muy feliz de estar en casa con su familia. Entonces su estado de ánimo en esos años siempre fue bueno, siempre estuvo tranquilo con todo lo que sucedió. Al estar en casa, me dejó encontrar mi propio camino en la música a través de los discos que él tenía con mi madre.

Crecer en un entorno lleno de música fue clave para precipitar una carrera de baterista que comenzó a los ocho años, cuando se sentó por primera vez tras los tambores y platillos, para después a los 12 formar su primera agrupación, precisamente The Next. Fue tal su entrega que en los 80 abandonó el colegio para consagrarse por completo al rock, los escenarios, y el día y noche en la ruta.

Pero a su clan no le hizo demasiada gracia: papá Ringo, al mismo que había descubierto como un colorido y lisérgico dibujo animado a bordo de un submarino amarillo, ahora era un adulto más estricto y simplemente decidió echarlo del hogar al ver que había renunciado a sus obligaciones escolares.

En vez de desmoralizarse, se puso manos a la obra hasta transformarse en un cotizado músico de sesión, cuyos minutos de máximo brillo llegaron en 1996, cuando se hizo cargo de la batería de The Who, rol que cumple hasta hoy y que lo tuvo en Chile en 2017, en ese demoledor concierto en el Estadio Monumental; y entre 2004 y 2008, cuando se unió a otros coterráneos, Oasis.

-En su infancia, ¿qué discos se sentaba a escuchar con su padre en su casa?

-Mi casa estaba llena de vinilos por todos lados. Tanto mi papá como mi mamá tenían un excelente gusto musical y eso hizo que todo fuera mucho más fácil. Entre lo que oíamos estaba desde el blusero Lightnin’ Hopkins hasta Ella Fitzgerald, Freddie King, Billy Preston, Little Richard y todo el rock and roll de los años 50. ¡Y por supuesto The Who! Luego me empecé a meter en el glam rock, me hice fanático de T. Rex, David Bowie, Roxy Music, Suzi Quatro, Slade, The Sweet y Alice Cooper.

“Mis padres me dieron permiso para comprar un single de siete pulgadas por semana. Aún los tengo todos. El primero que compré fue ‘Hot love', de T. Rex”.

De hecho, en 1971 fue al primer show de su vida, cuando apenas tenía seis años y el ex Beatle lo llevó a ver a T. Rex, la agrupación más famosa de esos días en Gran Bretaña, comandada por Marc Bolan, ese magnético cantante de pelo ensortijado y voz afilada que mucha prensa proclamó como el sucesor natural de los Fab Four. El propio Ringo había trazado una fuerte amistad con él, participando como uno de los productores del documental Born to Boogie, el que exhibía el éxtasis detonado por Bolan y los suyos.

A la hora de preguntarle por sus héroes de infancia, Zak es claro en sindicar a T. Rex como todo lo que él quería ser: sus ídolos sin contrapesos. Pero al momento de ampliar la mirada y apostar por su grupo favorito, tampoco lo duda: “Mi banda favorita de todos los tiempos son los Sex Pistols”.

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Pese a toda la paz y amor que le prodiga, pareciera que Starkey aprovecha cada cierto rato alguna frase para volver a distanciarse de la omnipresencia de su progenitor. Está claro que su banda predilecta nunca fueron los Beatles.

Del otro lado, Ringo nunca quiso que él ejerciera como baterista ni que fuera parte de los vicios y pecados de la industria de la música. Apenas le dio una sola clase de percusión cuando era un niño, deseando en silencio que ojalá optara por un oficio más formal, como doctor o abogado, tal como ha contado en muchas entrevistas.

Quizás por lo mismo, Zak debió buscar a sus maestros en otros lados. Y ahí aparece otra figura capital: su principal influencia como baterista fue Keith Moon, el fallecido integrante de los años más salvajes de The Who. Fue su padrino y fue quien le regaló su primera batería, sosteniendo a partir de ahí -y hasta la muerte del músico en 1978- largas conversaciones acerca de cómo tocar mejor, en qué momento ser más elegante o en cuál arreciar como un bombardero y, por supuesto, cómo aprovechar el puesto para conseguir chicas. Cuando Ringo se ausentaba, Moon aparecía para cuidar de él como una suerte de segundo padre.

“Keith me regaló mi primera batería en 1976, tenía once años. Era una batería blanca. Yo era muy bajo y nadie podía verme tras el set. Pero todo el mundo podía escucharme, sobre todo nuestros vecinos, que siempre trataban de hacerme callar. Él me enseñó mucho”, rememora.

Como si el destino fuera circular, Starkey ocupó a partir de mediados de los 90 el espacio dejado por Moon en los Who, lo que hasta hoy define como “un auténtico sueño”, ganándose de forma definitiva los elogios de la crítica y el público.

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Esta semana, su apellido y su linaje nuevamente estarán en boca de todos. Y gracias a su padre. Ringo Starr celebrará este martes sus ocho décadas con un concierto en línea que tendrá una serie de invitados, como Sheryl Crow, Gary Clark Jr., Sheila E., Ben Harper y, cómo no, su camarada Paul McCartney. Se emitirá a las 20 horas de Chile en el canal de YouTube del inglés.

Zak no estará presente en la fiesta. “No, no participaré”, subraya. Hoy pasa una parte importante del año en Jamaica, donde lidera un sello discográfico llamado Trojan Jamaica, el que graba a artistas locales y donde materializa su amor por el reggae, uno de los credos espirituales y artísticos que ha abrazado en los últimos años.

En ese país reside junto a su pareja, la cantante australiana Sharna Liguz, con quien desde 2010 integra SSHH, una agrupación de electropunk cargada de capas sintéticas y baterías digitales, un proyecto que suena como si Siouxsie Sioux chillara entre riffs y computadoras. Por supuesto, nada que ver con los Beatles. Además, ahí Starkey deja de lado las baquetas y se prueba como guitarrista. Nada que ver con su padre.

Alto: Zak no estará en el festín virtual de Ringo, pero sí guarda un último mensaje para el hombre que le dio la vida y la música.

-Si tuviera que hacerle un regalo en estos 80 años, ¿qué le obsequiaría? ¿O qué le diría?

-Mi papá es el mejor baterista de rock and roll del mundo y también el mejor papá. Me gustaría darle mucha paz y mucho amor por su cumpleaños. Y muchas gracias por todo.

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