Ringo Starr: “Con el tiempo me he convencido de que el fin de The Beatles fue la decisión correcta”

FILE - In this June 13, 2016, file photo, Ringo Starr poses for a portrait in New York. Starr turns 80 on July 7. (Photo by Scott Gries/Invision/AP, File)

En 2011, cerca de un mes antes de su debut en Chile el 4 de noviembre de ese año en el Movistar Arena, La Tercera conversó con el músico que hoy llega a las ocho décadas de vida. Ahí habló de su carrera, de sus emotivos recuerdos en torno a John Lennon, de por qué se considera un hombre afortunado y lo imposible que hasta hoy es girar junto a su camarada Paul McCartney.


Como casi toda la tarde, Ringo Starr tiene otra carcajada atorada en la garganta y está a segundos de lanzar un nuevo chiste acerca de su actual repertorio sobre el escenario. Pero, esta vez, se ayuda en un gesto y una canción que no le pertenecen: “Sería un poco raro si en mis shows cantara Hey Jude, ¿no? Heey Juuude, na na na naaaaa”, pregunta, mientras entona uno de los himnos de The Beatles e imita a Paul McCartney al mover sus manos sobre la mesa, como si aparentara tocar un piano.

Lo que asoma como apenas una anécdota, como la irresistible escena de un Beatle riéndose de otro Beatle, casi como una secuencia septuagenaria de la cinta A hard day's night, es también simbolismo puro: Richard Starkey, el baterista más célebre en la historia de la música popular, aún sigue fiel a su personaje de Ringo Starr. Al hombre que siempre asumió el costado más pagano del cuarteto y que nunca se tomó muy en serio el suceso de la banda. Al músico que explotó su carisma para contrapesar el genio apabullante de los compositores principales, convirtiéndose en el protagonista de casi toda la filmografía de los Fab Four y en el dueño de reflexiones pedestres que John Lennon tomó para bautizar creaciones lisérgicas, como Tomorrow never knows.

Si McCartney se sumerge en profundas respuestas que intentan descifrar su obra, Starr opta por las frases concisas, no profundiza demasiado y usa el humor para observar su presente, su legado y también para maquillar las diferencias que aún hoy laten entre los sobrevivientes de uno de los episodios artísticos más apasionantes del siglo XX. De figura muy delgada y de impresionante aspecto juvenil, con barba oscura, zapatillas, tres aros en la oreja derecha y un vistoso reloj que también funciona como iPod, el inglés se pasea por el salón de un hotel de Beverly Hills y bromea con cualquiera que pase por enfrente, como si aún vistiera traje y el planeta estuviera congelado en 1964.

Para recalcar la camaradería, la voz de Yellow submarine no estrecha la mano al saludar: simplemente choca su codo derecho con el de su interlocutor. Y cuando ambos brazos flectados golpean certeros, lanza un grito de júbilo. "Pero básicamente es por salud: tienes menos opciones de contagiarte de algo", explica a La Tercera. En este caso, su frescura y buen talante también desembocan en cierta honestidad brutal.

Tanto como cuando alguien busca su firma sobre un álbum de su banda madre: desde 2008 no da autógrafos. "Y no lo voy a hacer más. Me cansé de poner mi firma sobre un disco y después, al otro día, verlo rematado en eBay por millones de dólares", dice. Y su cara más cruda también brilla cuando llega la hora de la consulta protocolar que distiende toda conversación con una estrella foránea:

-¿Sabe o conoce algo de Chile?

Nada. De verdad: nada.

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Aunque no tenga la más mínima idea del país, Starr cortará pasajes, por primera vez, hacia Santiago, cuando el 4 de noviembre se presente en Movistar Arena junto a su All Starr Band, el proyecto que inauguró en 1989, junto al productor David Fishof y bajo el mismo espíritu que ha cubierto sus cinco décadas en la ruta: consciente de su acotado repertorio en The Beatles -cantó 11 piezas y, de ésas, sólo compuso tres-, el baterista empezó a telefonear a músicos amigos y levantó un conjunto de formación cambiante, que ya suma 11 elencos y donde alterna seis clásicos de los Fab Four con sus composiciones en solitario y éxitos de sus actuales compañeros de agrupación.

Starr sigue: "Todo fue idea de Pepsi. En 1989 se acercaron a David Fishof y él vino con la idea. Le dije que bueno y llamé a todos mis amigos. La primera alineación era como una orquesta, me contacté con todos los que conocía y con algunos con los que había trabajado, como Billy Preston y Joe Walsh. Funcionó muy bien, así que me invitaron a hacerlo de nuevo y lo hicimos. Cambié a los músicos y así empezamos a darle vida al proyecto". Para su primera vez en la capital viene con un contingente que incluye a virtuosos de The Romantics y Spooky Tooth (ver recuadro).

-Viendo la diversidad de estilos, ¿cómo eligen el repertorio?

Siempre lo hago con la ayuda de mis amigos. Cuando elijo a los músicos que van a tocar conmigo, escucho sus canciones y veo si van a ser una buena combinación con lo que hago yo, si vamos a sonar bien. Nunca estás seguro al principio, pero ha funcionado hasta ahora. También yo escojo mis canciones de los Beatles pensando en cómo se pueden acomodar al conjunto. Y, aunque no conozco Chile, somos buenos y tocamos para la gente, sin importar de dónde sean.

-El show incluye Yellow submarine y With a little help from my friends. ¿Qué siente tocar temas que nunca pudo mostrar en vivo con John, Paul y George?

Es cierto, muchos temas nunca los pudimos hacer. A mí me encanta tocar With a little..., porque la gente la reconoce de inmediato y genera muy buena vibra. Es una gran canción. Y del resto sólo toco las mías. No voy a ponerme a tocar Paperback writer, ja. O sería un poco raro si en mis shows cantara Hey Jude, ¿no?

-Pero los cierra con Give peace a chance, de John Lennon.

Sí, ese es un momento hermoso, porque, si te fijas, desde los inicios de mi carrera todo es acerca de paz y amor. Los Beatles difundieron la paz y el amor, al menos desde 1966. Trato de continuar con esa idea. Es mi regalo para la gente.

-Es el mismo tema que McCartney incluye en su actual gira. ¿Qué tan grande es la influencia que aún tiene Lennon sobre ustedes?

Fue un gran músico y un gran amigo, escribió canciones muy buenas y era un cantante fabuloso. Lo recuerdo como un bellísimo ser humano, lleno de talento. Para mí, Paul es un bajista más melódico, pero sigue siendo increíble como cantautor. Para un baterista, el bajo siempre es importante.

-¿Cómo es su relación actual con Yoko Ono?

Muy buena. Me encanta (silencio).

Ringo Starr y John Lennon, en los inicios de la carrera de The Beatles.

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Aunque se resiste a ahondar en su vínculo con la artista que la historia situó como responsable del cisma Beatle, su actitud gira veloz a la hora de hablar del autor de Imagine. Su labia se vuelve más exuberante, fija la mirada hacia arriba e intenta husmear con precisión las palabras que mejor retraten al músico asesinado en 1980. Una reverencia actual para una fraternidad de toda la vida: en el Liverpool de fines de los 50, mucho antes de asestar la fama, Starr era el reputado baterista de Rory Storm and the Hurricanes, banda que compartía viajes, escenario y noches de pastillas y cervezas con el grupo que en ese momento se perfilaba como The Beatles.

Eso sí, en clubes como The Cavern, el nombre de Rory Storm siempre lucía más grande que el de los aún desconocidos Fab Four. En 1962, cuando John, Paul, George y el olvidado baterista Pete Best estaban en los estudios de Parlaphone para grabar Love me do y prender la mecha del fenómeno, la historia quiso que la mala performance del hombre tras las baquetas los obligara a telefonear al viejo amigo Ringo y sumarlo a último minuto.

-La historia siempre lo ha situado como un tipo con suerte...

Y lo soy.

-¿Siente que es una visión injusta?

La gente debe entender que yo estaba en una banda, que toqué con otros grupos y que llegamos a conocernos como amigos. Ese día, el baterista que tenían ellos no tocó bien, entonces (el mánager) Brian Epstein me llamó y me preguntó si quería unirme. No tuve nada que ver, sólo estaba con Rory Storm. Pero me fascinaba la idea de estar en una banda que fuera más visible, así que dije que bueno. Nunca intuimos que íbamos a convertirnos en lo que terminamos. Siempre quise tocar con buenos músicos y ellos eran los mejores. Pero yo era muy bueno, así que todos fuimos afortunados.

-El productor George Martin no estaba conforme con usted y los fans de Liverpool tampoco lo querían. ¿Fue difícil unirse al grupo?

No, porque me sentía parte de él de mucho antes y éramos amigos. Tocábamos juntos en Hamburgo, 12 horas por noche los fines de semana. Así aprendimos a tocar.

-¿Cree que su personalidad más simple ayudó a equilibrar los caracteres de Lennon y McCartney?

De algún modo, todo funcionó siempre. La mezcla de las cuatro personalidades funcionaba, es lo que te puedo decir. Lo que sea que yo hice, te lo dejo a ti.

-En la serie Anthology se ve como el más afectado al recordar la separación. Con el tiempo, ¿cree que fue la mejor decisión?

Absolutamente, porque habíamos madurado. Creo que todas las bandas deberían estar juntas por un período de ocho años. Después llegaron los niños, tuvimos otras responsabilidades y otras vidas. Ese era el momento. Con el tiempo me he convencido de que separarnos fue la decisión correcta.

-¿Cómo es su relación con McCartney?

Fantástica, lo quiero mucho. Y quiero ver que ese titular diga: "Ringo ama a Paul" (se ríe).

-¿Podrían girar juntos?

No. Hoy somos muy amigos, por algo me invitó a su boda, pero nunca saldremos de gira. No va a pasar. Nos han ofrecido salir con los hijos de John y George, pero tampoco es la idea. Podemos hacer cosas puntuales, pero no pasa de eso. Si nos topamos en algún país, nos saludamos y nos juntamos.

-¿Vio el documental de Scorsese acerca de George Harrison?

Sí, y me encantó. Fabuloso. Martin hizo un trabajo increíble y Olivia Harrison también. Si yo lo hubiera hecho, quizás hubiera tomado un camino distinto. Pero vale muchísimo la pena.

-¿Tiene planes de un nuevo álbum?

Acabo de terminarlo. Es un disco netamente de Ringo y el proceso final se hará estas semanas. El disco sale el próximo año, por eso ahora prefiero promover el show, donde espero verte junto a todos. Peace and love, my brother.

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