Un mar de gente en el corazón de Los Jaivas: las claves de un documental más allá de la leyenda

El documental Los Jaivas, Todos Juntos -que llega esta noche a las pantallas de la televisión abierta-, refresca el relato sobre la banda viñamarina. Con el aporte de valioso material de archivo inédito y la convocatoria a voces poco consideradas habitualmente -mujeres e hijos-, la producción de un poco más de dos horas reconstruye como nunca las dinámicas de su vida en comunidad, aporta algunas historias sobre sus procesos creativos y deja entrever el real impacto de la muerte de sus integrantes fundadores.



Fundidas con la voz profunda de la bocina de un barco, sonaron las trutrucas que “Gato Alquinta, Gabriel y Claudio Parra, tocaron en el puente, mientras en el muelle, amigos, vecinos y admiradores les prodigaban un último y sentido aplauso. Era la despedida para sus días de residencia en la localidad argentina de Zárate, y desde el enorme trasatlántico que los llevaba hacia Europa, en marzo del 77′, los músicos de Los Jaivas hicieron carne la línea de una canción que habían compuesto muy poco tiempo antes. “Tocar, tocar y tocar, mágica historia”.

Porque en la extensa carrera de los viñamarinos que ya se acerca a las seis décadas, la música se cruza como una larga trenza amerindia con la vida cotidiana. Esa idea es la que articula el eje narrativo del documental Los Jaivas, Todos Juntos, producido por Invercine & Wood a partir de una idea impulsada por el periodista y figura televisiva, Sergio Lagos; un retrato desde el perfil más íntimo.

El filme -al que Culto tuvo acceso- propone un arco narrativo evidente; es una revisión cronológica que abarca desde los encuentros de niñez en los pasillos del Liceo Guillermo Rivera de Viña del Mar, el desarrollo de la actividad musical -desde los días como orquesta de baile bajo el nombre de High Bass- hasta la celebración de los 55 años del grupo, con su alineación actual.

A la manera de trabajos como The Beatles Anthology, la historia es narrada por los mismos músicos -incluso con material de los fallecidos Gato y Gabriel-, sin voz en off de apoyo. Además, entre los testimonios se incorporan voces a menudo poco consideradas en las reconstrucciones sobre la banda; allí pasan los primeros amigos que trabajaron como iluminadores y técnicos, como Hernán “piola” Poblete y Jano Parra, el ilustrador René Olivares, los músicos rioplatenses que integraron la formación (Alberto Ledo y Carlos “pájaro” Canzani), además de la pareja de Gato Alquinta, Mónica Monsalve, y otros familiares.

Ese contacto con el pasado está enriquecido, como nunca, con el ingente archivo de la banda -administrado por Claudio- y que en este documental está muy bien aprovechado. Entre otras cosas, pasan imágenes inéditas de la grabación del primer álbum del grupo, para el sello IRT, además de un registro del Festival Los caminos que se abren, organizado en Viña del mar en el tenso 1973, entre melenas, chancho chino y crecientes tensiones políticas que derivaron en el quiebre de la democracia ese año.

Es allí donde el documental empalma con uno de sus mayores aciertos; una revisión profunda a los años de vida en comunidad -que reunió a músicos, técnicos y asistentes con sus familias- durante sus estadías en Argentina y en Europa. Si bien, era algo que se conocía casi como un mito urbano, el relato se adentra en los días en que el grupo llegó hasta la localidad de Zárate -en octubre de 1973-, sin contactos ni dinero y que por necesidad articularon una forma de vida conjunta que les permitió empujar su trayectoria. “La familia se salvará si seguimos la carrera musical de los Jaivas”, sentencia Eduardo Parra en un pasaje del filme.

El repaso de la ruta trasandina incluye la visita a la antigua casa del grupo; una mirada a las normas de convivencia comunitaria con tareas diarias para todas las familias; la construcción de trutrucas y flautas, con cañas recogidas a orillas del río Paraná (en que destacó la habilidad de Gato Alquinta); las exitosas presentaciones en el Teatro Coliseo de Buenos Aires -en pleno auge de nombres capitales como León Gieco, Luis Alberto Spinetta, y otros tantos- , y la angustiosa búsqueda de Eduardo Parra, tras ser detenido a poco de ocurrido el golpe militar en marzo de 1976.

Caso similar ocurre con el relato sobre los días en la fabulosa casona de Les Glycines, durante los años en Francia. No solo por el material de archivo -que nos muestra a la banda ensayando o en sus animados partidos de fútbol-, sino por el desarrollo de voces a menudo olvidadas. Se indaga en la vida privada de los niños -la prole de los músicos-, a partir de sus juegos y el vínculo con el parque de ensueño en que vivían (en particular con los árboles), donde desarrollaron una suerte de universo paralelo al de sus padres artistas.

Los Jaivas en los años de Paris. De izquierda a derecha: Claudio Parra, Eduardo "Gato" Alquinta, Gabriel Parra. Alberto Ledo, Eduardo Parra y Mario Mutis

También hay un segmento en que se desarrolla el aporte de las mujeres en la estructura de los Jaivas. No era menor. Básicamente, sostenían la economía del clan a partir de su trabajo confeccionando tejidos y ropa colorida con diseños andinos que vendían en las calles; un ingreso clave cuando escaseaban los shows. “Las señoras eran las que mantenían toda esta industria”, reconoce René Olivares en un momento. De alguna manera, la narración reconoce su actividad como una acción creativa, lo que permite comprender la espesura de la comunidad jaiveana como un crisol artístico.

Aunque el relato mantiene un tono emotivo, en contadas ocasiones se permite desplazar algunas reflexiones de los músicos sobre el choque de su ideario comunitario con la vida más convencional. Es decir, eran totalmente conscientes de que la novedad de su creación artística, se vinculaba con su estilo de vida. “Este paraíso [Les Glycines] nos permitió alejarnos mucho de la sociedad, nosotros no entramos en la sociedad, a ninguna sociedad, menos a la francesa”, explica Eduardo Parra.

Hay que entender esa idea como una expresión creativa. La idea de familia en el siglo XX, como afirma Phillipe Áries, en la introducción del volumen 5 de su célebre Historia de la Vida Privada (Taurus, 1987) mutó hacia una estructura más individualista que “tiende a convertirse en lo que nunca ha sido anteriormente: un lugar de refugio en donde uno escapa de las miradas del exterior”.

En el caso de Los Jaivas, el colectivo concentra el vínculo de lo público -a través de la música- y lo privado, en un mismo espacio. “El trabajo en comunidad consiste en que vos te vas adaptando, vas encontrado el lugar dentro de un sistema de funcionamiento, y si es con creatividad, más interesante todavía”, aclara “Pájaro” Canzani. Además, desde la actividad de las mujeres hay un desarrollo de la economía familiar -al estilo de las estructuras tradicionales con segmentación de espacios- que fortalece su dinámica interna.

De gira por europa. Los días de viajeros de Los Jaivas.

De alguna forma, esa idea resuena en una década -los setentas- en que primó el pesimismo y un cierto desencanto que el punk comprimió en canciones de dos minutos. Ajenos al barullo, para el grupo se trató de un momento único, en que germinó un proyecto colectivo único que el mundo conoció en los surcos de los elepés. “Para mi lo mas bello de lo que hemos vivido, ha sido justamente el período en que vivíamos todos juntos”, afirma Mónica Monsalve en otro instante.

Por cierto, en el documental hay espacio para apreciar el proceso de creación colectiva. Allí está el origen de la canción “La Conquistada” en Argentina a partir de una idea de Gabriel Parra en el piano, a la que Eduardo le puso letra tras escucharla desde su pieza. O en los días de las Alturas de Macchu Picchu, se sumaron esfuerzos para crear temas como “Del aire al aire” -un título de Eduardo para una grabación de Alberto Ledo-, “Sube a Nacer Conmigo Hermano” -una idea de Eduardo al piano-, o “Águila Sideral” -una improvisación de Mario, Gabriel y Claudio, a la que Gato sumó la quena y Eduardo, el delay para el tambor-.

Tal vez por esa razón, es que las muertes de Gabriel primero, y Gato Alquinta después, impactaron en la dinámica del grupo. De hecho, la partida del cantante y guitarrista (en enero de 2003), les sorprendió en medio del proceso de investigación para una obra sobre la Araucanía. En ese punto, confiesan, la continuidad estuvo en riesgo. Pero se sobrepusieron gracias a la retroalimentación de la gente, y a la conciencia del valor de lo comunitario en toda su vida.

Los Jaivas en Pachu Picchu 1981

¿Es el documental Los Jaivas, Todos Juntos un relato definitivo sobre la banda? al indagar en momentos menos conocidos de su trayectoria y repasar algunas historias desde perspectivas diferentes, gracias a su valioso material de archivo, sin dudas se vuelve un producto bien logrado, a la altura de los homenajeados. Sin embargo, siempre quedarán claros por explorar y preguntas desde el presente que ameriten nuevas lecturas. La relación con otros artistas chilenos, el retorno al país en la era de la transición y otras voces no incluidas, pueden ser otras aristas a explorar.

Pero en una carrera marcada por la persistencia, la resiliencia y el talento, los músicos tienen muy claro lo que les llevó hasta la cúspide creativa. Con su hablar pausado, Eduardo lo resume en un momento. “Éramos un grupo de amigos que al final de cuentas, lo que más nos iba a distinguir era la humildad”.

Los Jaivas, Todos Juntos se transmite por la señal de canal 13 este viernes 20 de noviembre, desde las 22.30 horas.

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