Jake Angeli, el chamán de la conspiración que se tomó el Capitolio con unos cuernos

Oriundo de Arizona, se trata de un actor que es un habitual activista en las manifestaciones de apoyo a Donald Trump. Además de sus tatuajes que remiten a iconografía celta, viste un llamativo accesorio de piel y cuernos tomado desde la cultura sioux para llamar la atención de la gente. En poco tiempo, pasó de activo promotor de teorías conspirativas en su estado natal, a encabezar una revuelta en los jardines del capitolio. Acá, algunas claves para entender al personaje que llamó la atención en una jornada que pasó a la historia.



Fue una de las imágenes del día. Más de alguno reparó en el joven que por unos segundos se ubicó en la cabecera del Senado en la capital misma de EE.UU. Un hombre barbado, que a torso desnudo vestía un llamativo sombrero de cuernos y lucía pintura facial en el rostro. Algo así como un guerrero místico que se hizo notar entre los seguidores de Trump que, como los vándalos en Roma, asaltaron el capitolio y forzaron la suspensión de la ceremonia en que se ratificaría la victoria electoral de Joe Biden, la que finalmente se reanudó horas más tarde.

Mientras posaba para las fotos, levantó su puño izquierdo. En la otra, llevaba una lanza de la que colgaba la bandera de las barras y estrellas. Sonreía satisfecho.

En las redes sociales no tardaron en identificarlo. Su documento de identidad dice que un hombre llamado Jake Angeli, pero en la vida pública toma otra identidad. Se hace llamar “Yellowstone Wolf” una suerte de alter ego con el que ganó atención desde que comenzó a circular frente al capitolio de su natal Arizona, en 2019.

Durante esos días, se le veía vociferando algunas ideas tomadas de las teorías de conspiración, vinculadas a QAnon, una corriente nacida en foros de internet que plantea la existencia de un orden mundial controlado por una elite en las sombras, cuyos integrantes desarrollorían prácticas de satanismo y pedofilia (mencionan como partícipes a políticos demócratas como Barack Obama y hasta al papa Francisco). De hecho, en 2020, durante una concentración en apoyo a Trump, el infaltable Angeli portó un cartel en que se leía: “Q me envió”.

En Internet hay quienes aseguran que el chamán de la conspiración ha pintado su auto con algunas de sus consignas. Sería algo así como un activismo a tiempo completo.

También ha participado en manifestaciones contra las restricciones sanitarias impuestas por las autoridades debido a la pandemia, en las que se exigía la reapertura del comercio. Y, cómo no, se unió a las protestas de los partidarios de Trump, una vez que este comenzó a difundir -sin pruebas- la tesis de un fraude electoral, con la que buscó desacreditar su derrota frente a Biden. “Trump siempre parece que va a perder. Y luego gana “, le dijo a la AP.

Por entonces algunos medios se acercaron a este sujeto de aspecto excéntrico y retórica áspera. “Estamos haciendo frente a la narrativa global de que Biden ganó mediante desobediencia civil, como Gandhi, Jesús, o Martin Luther King hicieron”, le comentó a la agencia EFE en noviembre.

Lo que se sabe de Angeli es que es un sujeto de 32 años, que anteriormente a su aparición en los medios probó suerte como actor y cantante de poca monta. Entre el torso y los brazos luce algunos tatuajes, en los que destacan símbolos indoeuropeos y celtas, además del martillo del dios germano Thor y un árbol de la vida.

Su atuendo -que en las redes compararon con los sombreros de Jay Kay de Jamiroquai-, está pensado para llamar la atención de la gente y así hacerse de una audiencia para sus ideas. El llamativo accesorio de cuernos con el que cubre su cabeza -y una avanzada calvicie- es tomado desde la cultura sioux, una de las orgullosas primeras naciones del territorio estadounidense.

“La bola de nieve ha estado rodando y sólo se está haciendo más grande. Somos la corriente principal ahora”, cita Azcentral. Y por unos segundos, frente a una sala del congreso vaciada de ocupantes, pudo saborear el espejismo de la gloria. La misma que se le hizo esquiva en sus años anteriores.

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