José Ignacio Valenzuela y su serie para Netflix: “La TV en inglés se está telenovelizando a pasos agigantados, hoy hasta The Crown es una telenovela”

El guionista chileno lanza este 24 de marzo su primera serie creada y producida para la plataforma, la ficción mexicana ¿Quién mató a Sara? Aquí, habla con Culto sobre el homenaje que le rinde a Agatha Christie, la inspiración que tomó de los grandes magnates y entrega su mirada sobre la vigencia del género que lo convirtió en una pluma cotizada de la industria.



En un cuarto de siglo hay aspectos del trabajo de José Ignacio Valenzuela que no han cambiado radicalmente. El grueso de sus creaciones están dedicadas al extranjero, hace rato que no escribe una historia televisiva para Chile y ahora se transforma en uno de los primeros guionistas locales en estrenar una serie en el streaming como creador y productor.

Pero el escritor, apodado “Chascas”, dice que mantiene la misma falta de expectativas que en sus inicios en los años 90, con el doblete de teleseries que lanzó en Canal 13, Amor a domicilio y Marparaíso.

“Mi primera telenovela la hice sin desear hacer una segunda”, dice por videollamada. “Así me he manejado toda la vida. De esa manera no me desilusiono o no me amargo si las cosas no llegan”.

De todos modos, por cómo operan las plataformas de streaming, explica que tuvo que presentar una historia con el potencial suficiente para crear varias temporadas una vez que dio forma a su primera ficción para Netflix, ¿Quién mató a Sara?, la producción que debuta este 24 de marzo.

La historia transcurre en dos épocas. Foto: Netflix © 2020

“Eso es una suerte de requisito del streaming, y lo sé porque estoy trabajando en nuevos proyectos para el streaming. En general, presentas un arco de historia que te dé para al menos tres temporadas”, señala a Culto desde Miami.

Así, el intrigante combo de venganza y crimen que ofrece su serie no debiera terminar en los diez capítulos que debutan en el servicio, una primera tanda de episodios en los que retrata al poderoso clan mexicano de los Lazcano. Involucrados directamente en la muerte de Sara y en los casi 20 años que pasa injustamente en la cárcel su hermano Álex (Manolo Cardona), durante la historia serán acechados por este último y su sed de ajustar cuentas.

Ese detonante opera como una excusa para que Valenzuela ejecute su propio homenaje a Agatha Christie, de quien aparece una cita al inicio del primer capítulo. “He estudiado mucho su obra. Más que un título particular, apliqué el método Christie, por decirlo de alguna manera. La gran importancia de ese método no es la resolución del crimen en sí, sino lo que provoca a nivel humano ese crimen. Todas las esquirlas que saltan a partir de eso”.

-El utilizar el género permite tocar diferentes temas, y aquí tenemos un retrato de la clase alta, de la desigualdad social, la homofobia, todo situado en el presente. ¿Cuáles eran los acentos que más le interesaba poner en esta historia?

A mí, ya sea vaya a contar la ficción más mentirosa de la vida, siempre me gusta anclarla en la realidad. Eso es una obsesión personal. Hago mucha investigación previa, veo qué es lo que está sucediendo, qué es lo que está atormentado a la sociedad de la cual voy a escribir. Incluso hago ejercicios en Google, (pongo) palabras recurrentes buscadas en México, palabras recurrentes buscadas en Chile. Porque te empieza a dar una idea de cuáles son las obsesiones de la sociedad con la cual voy a trabajar.

Manolo Cardona protagoniza la ficción. Foto: Netflix © 2020

-¿Cuál fue su diagnóstico en este caso?

En estos momentos son las desigualdades. Son las verticalidades. Son los de arriba tratando de mantener esa impunidad que los ha hecho mantenerse en el poder y allá arriba por décadas, y los de abajo, que estamos tratando de conseguir derechos y conseguir algún tipo de garantía frente a este mundo tan incierto en el que estamos viviendo. Eso fue un telón de fondo que yo le di a la serie. La serie va de un crimen, no es un documental social, no es una aproximación política ni ideológica a un país o a una sociedad en particular, pero obviamente esos personajes están insertos en un mundo donde están pasando cosas. Entonces yo traté de graficar en ciertos personajes estos elementos: esta impunidad con la que se mueve mucha gente porque lo han tenido todo siempre, porque las leyes se han hecho para ellos o, peor aún, ellos han mandado a hacer leyes que los favorezcan. Por lo tanto, todo este mundo de los Lazcano y en particular de César Lazcano representa eso y no es una realidad netamente mexicana, eso es una realidad, punto, que puede ser reconocida y reconocible en muchísimos países. Además, hay que pensar que esta es una serie global, que se va a ver en más 190 países, por lo tanto los temas también tenían que ser mientras más particulares, más universales.

-¿Tomó inspiración de alguna figura real al construir por ejemplo a César Lazcano, el jerarca de la familia?

César Lazcano no está inspirado en alguien concreto, pero sí es una gama de personas, de personajes de los que me ha tocado leer, estos grandes empresarios que también son muy carismáticos y a los que la prensa les ha dado mucho vuelo, que siempre han estado en las páginas sociales. Eso es una realidad muy contemporánea. Lo podemos ver en España, lo vemos en México, lo vemos en Chile, por supuesto, donde son unos ocho. Se mezcla la política con su mundo social, son personas que hacen negocios que después terminan afectando a un país entero. Entonces no me basé en uno en particular, claramente es un resumen de ese tipo de ser humano.

La familia Lazcano en la serie. Foto: Netflix © 2020

-En plena era del streaming, hay producciones de Netflix que le hacen honor a la tradición de la telenovela, desde Luis Miguel, la serie hasta La casa de las flores. Probablemente, en la creación de ¿Quién mató a Sara? también incorporó esos elementos.

También. Por supuesto, muchísimo. Ahí está el melodrama.

-¿Por qué cree que ese género sigue tan vigente?

Porque el melodrama es una oferta de esperanza. Esa es la finalidad del melodrama, la finalidad del melodrama es venderte esperanza. Es venderte la lucha del bien y el mal, donde el bien va a ganar. Eso no tiene que ver con formatos, no tiene que ver con modas, no tiene que ver con idiomas, no tiene que ver con épocas particulares. Eso tiene que ver con la base, con el alma del ser humano. Por lo tanto, la telenovela nunca va a desaparecer. La telenovela se podrá reinventar, podrán cambiar de alguna manera los conflictos que la aquejan, podrán variar los tipos de personajes que incluye, pero el formato más puro de la telenovela no va a desaparecer nunca.

“Lo que pasa en que Chile tenemos la imagen de que la telenovela está en decadencia –y lo digo entrecomillas, porque no lo está–, porque acá se ha manejando muy mal, han administrado muy mal los canales a sus productos. Los cortan, los cambian de horario, los mueven a su antojo, los reeditan, lo que es una ofensa muy grave encuentro yo al género. Eso tiene que ver con una mala administración en pantalla del producto, no tiene que ver con el producto. Porque cuando un producto es bueno, se defiende a pesar de todo, y los ratings así lo muestran. A pesar de los cambios, la gente los sigue viendo. Por lo tanto, yo creo que esta gran apuesta que está haciendo Netflix, de rescatar de alguna manera esa alma melodramática que tan poderosa es en nosotros los latinoamericanos y que tanto gusta en el mundo entero… Porque la televisión americana, gringa, estadounidense, en inglés, se está telenovelizando a pasos agigantados”.

-¿Qué ejemplos daría en ese sentido?

Desde Ugly Betty en adelante. Si ves las grandes series de Netflix… Hasta The Crown es una telenovela a estas alturas. Hay una triangulización clásica del melodrama, hay un giro donde los buenos son bien buenos, los malos son bien malos. Donde los cliffhangers son telenovelescos muchas veces. Estamos volviendo un poco a la narrativa oral de los personajes y estamos dejando un poco de lado que sea la imagen la que nos cuente las cosas, que es la herencia del cine; en el cine las cosas se ven, en televisión las cosas se cuentan. Y durante un tiempito se nos olvidó eso, entonces llenamos de citas y de estructuras cinematográficas nuestras telenovelas o nuestras series, y ahora estamos volviendo un poquito a que las cosas se vuelvan a decir. Son estructuras internas que a lo mejor pueden ser un poco aburridas de explicar, pero tiene que ver con esta reconquista que la telenovela está haciendo de ciertos formatos.

-¿Se siente a la cabeza o como parte importante de esa reconquista?

Yo no me siento nada, yo no me siento nada. Yo soy un esclavo de las letras y desde ahí trabajo. Punto. Nunca me he sentido nada de nada particularmente.

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