De las páginas a las tablas: libros que han sido llevados al teatro

Una escena de La Negra Ester.

En el marco del Día Nacional de Teatro, en Culto repasamos algunas publicaciones en narrativa que terminaron convertidas en montajes. Desde Roberto Parra a Nona Fernández, pasando por Antonio Skármeta, Pedro Lemebel y Roberto Bolaño.



Las décimas de la Negra Ester

Originalmente fue un texto autobiográfico, en décimas, escrito por Roberto Parra Sandoval, publicado en 1980. A partir de eso, tuvo dos intentos frustrados y efímeros por llevarlo a las tabas, en 1986 y 1987. De este último, participaron los actores Willy Semler y María Izquierdo. Fueron ellos quienes le acercaron el texto al director Andrés Pérez Araya, quien, convencido, decidió montarlo con la compañía Gran Circo Teatro.

Así, se estrenó en 1988, y se convirtió en uno de los hitos del teatro nacional, con más de 25 temporadas en Chile y cinco giras internacionales. Entre los músicos de apoyo, organizados como La regia orquesta, se encontraba un flaco llamado Álvaro Henríquez.

No pasó nada

Esta novela de Antonio Skármeta, publicada en 1980, trata sobre uno de los tópicos recurrentes de la literatura chilena en los ’70 y ‘80, el exilio. En rigor, el paso de la niñez a la adolescencia de un muchacho en Berlin, donde se encuentra en el ostracismo junto a sus padres. En parte se basa en la experiencia del mismo autor, quien se encontraba exiliado en la entonces Alemania Federal.

Sin embargo, este caso fue al revés, puesto que primero fue una obra de teatro, estrenada en 1977. Tres años después apareció en formato libro. “Yo creo que una obra realmente no existe mientras no es libro. Yo creo que el libro es el instrumento que produce el instante de más intimidad entre el público y el autor”, dijo el mismo escritor en una entrevista con Andrea Pagni, en 1987.

Lear Rey & Mendigo

No le bastaba con crear hombres imaginarios, también con remixear clásicos de la dramaturgia a su entero antojo. En 1991, con la transición a la democracia en pañales, el poeta Nicanor Parra recibió un encargo particular de parte de Raúl Osorio, entonces profesor de la Escuela de Teatro de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Traducir la obra El rey Lear, uno de los clásicos de William Shakespeare, original de 1606, esto, aprovechando que el hombre de Poemas y antipoemas era un gran conocedor de la lengua y la literatura inglesa. “Para traducir a Shakespeare y comer pescado cuidado: poco se gana con saber inglés”, respondió en su particular estilo.

Parra se puso manos a la obra, y el resultado lo llamó Lear Rey & Mendigo, su propia versión de la tragedia del inglés. A las tablas llegó un año después, dirigida por Alfredo Castro en la dirección y con Héctor Noguera en el rol protagónico. “La traducción de Parra tiene un nivel de poesía muy accesible al público chileno. La traducción corre, se lee y se escucha muy bien, y permite a los actores un buen nivel de fluidez. El texto está trabajado con un sistema de respiración adecuado”, dijo Castro sobre el trabajo de Parra. Desde ahí, la obra se mantuvo inédita hasta su publicación por Ediciones UDP, en 2004.

De perlas y cicatrices

En rigor, no fue el único texto del fallecido Pedro Lemebel en llegar a las tablas, pero sí el primero en hacerlo. Original de 1998, De perlas y cicatrices fue una compilación de crónicas, tal como lo había hecho con La esquina es mi corazón (1995) y Loco afán (1996). La compañía Chilean business tomó el libro y armó un montaje que estrenó en el año 2000, dirigido por Rodrigo Muñoz e interpretado por Aníbal Reyna, Mario Soto y Claudia Pérez.

La obra fue un éxito, y la compañía repitió la estrategia y armó montajes con otros libros de Lemebel: Tengo miedo torero (2006) y Cristal tu corazón (2008), basada en crónicas de los volúmenes Zanjón de la Aguada y Adiós mariquita linda.

2666

Aunque parezca increíble, la monumental novela póstuma de Roberto Bolaño, de 2004, ha sido llevada al teatro. Claro que no en Chile, sino en España y en Estados Unidos. En 2007, y bajo la dirección de Alex Rígola, quien tuvo que realizar la adaptación durante 11 meses de trabajo, el montaje respetó la estructura original de la obra, de cinco partes, claro que se enfocó en dos temáticas: la relación de cuatro teóricos de la literatura fascinados por la figura de un misterioso escritor llamado Benno von Archimboldi, y, sobre todo, el misterio de los asesinatos de mujeres en Santa Teresa(una referencia muy bolañesca a Ciudad Juárez). Se presentó en el Teatre Lliure, de Barcelona, en dos temporadas, y también en México.

Luego, en 2016, y bajo la dirección de Robert Falls y Seth Bockley, una adaptación teatral de 2666 se presentó en el Teatro Goodman, de Chicago, Estados Unidos. El montaje fue tan monumental como el libro, pues duraba 5 horas y ocupaba 15 actores (quienes interpretaban 80 personajes). “Adaptar 2666 con Seth para el escenario de Goodman ha sido un evento extraordinario en mi carrera artística, un proyecto de amor, descubrimiento y pasión”, aseguró Falls en aquel tiempo.

Space Invaders

Pensada desde un inicio como una obra de teatro, la actriz Nona Fernández publicó en 2013 su novela Space Invaders, una lectura de la dictadura en los ‘80 bajo la mirada de una niña. Esta novela fue la que de alguna forma la consagró como autora.

En 2020, en plena pandemia, la compañía La Pieza Oscura, que encabezan la misma Fernández junto a Marcelo Leonart, realizó una lectura dramatizada de la novela, en junio de ese año, en una coproducción junto a la Corporación Cultural de Quilicura, Fundación Teatro a Mil y Teatro UC.

Comenta

Por favor, inicia sesión en La Tercera para acceder a los comentarios.