El “estilo Roser Bru”: su legado artístico e intelectual en el arte chileno

Si bien en sus inicios se le asoció con el informalismo abstracto en la pintura, su talento desbordó fronteras y se expandió también al grabado, la neofiguración, y sobre todo, tras el golpe de 1973, a un trabajo que no tuvo dudas en tocar temas contingentes a través del arte. Aquí, cuatro especialistas describen la huella artística y política que deja la creadora, fallecida hoy a los 98 años.



“Se veía venir”, dice al teléfono con Culto el pintor nacional Eduardo Martínez Bonati, debido a la avanzada edad que tenía Roser Bru Llop, la destacada artista visual nacional, Premio Nacional de Artes Plásticas 2015, quien falleció esta mañana a los 98 años.

Como otros intelectuales y artistas de su generación, Bru llegó a Chile en 1939 desde su natal Barcelona a bordo del carguero Winnipeg, que gestionó Pablo Neruda con la venia del gobierno de Pedro Aguirre Cerda, con el fin de dar asilo a refugiados españoles que huían de su país tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil. Rápidamente, ese mismo año de hecho, Bru comenzó a integrarse en el ambiente artístico chileno.

Su deceso no dejó indiferente al mundo de las artes y la plástica nacional, dejando un importante legado en el país que es abordado por cuatro especialistas contactados por Culto.

“Era pintora, pintora, pintora, era capaz de traducir cualquier cosa a un cuadro. No cualquier cosa vulgar, no. Eran cuadros en base a crítica social, análisis político. Eso lo heredó de Pablo Burchard, de quien todos fuimos discípulos”, dice Martínez Bonati, quien compartió escuela con ella. “Al lado de los borrones que yo hacía, Roser era una maestra. Cuando yo empecé, ella era potente en la imagen, y así fue toda su vida, alegremente pintando”.

"La letra con sangre entra", de Roser Bru.

Pero no solo fue pintora. “En su casa, con una prensa, creó un taller de grabado para artistas. No era un taller de formación, sino lo que quería era llevar a los artistas a producir en el campo de grabado. Ella jugó un rol primordial en ese campo”, señala Francisco Brugnoli, artista y exdirector del Museo de Arte Contemporáneo (MAC).

De ese tiempo, Brugnoli rescata una anécdota: “Cuando estábamos armando el taller de grabado, me dice: ‘Mira Brugnoli, grabar significa ‘poner en orden’, y poner en orden significa poner en fila’. Se refería al orden de los tarros de tinta con los diluyentes (ríe)”.

Brugnoli agrega: “Ella fue una gran dibujante y eximia pintora. La cantidad de premios que acumuló Roser es muy escasa en la historia del arte chileno”.

Sobre su personalidad, el exdirector del MAC añade: “Tenía un carácter fuerte, muy fuerte. Yo no estuve bajo su dominancia, pero imagino que mucha gente lo tiene que haber sentido así”.

El escultor Gaspar Galaz fue su alumno en el Instituto de Estética de la UC “que ella ayudó a fundar”, acota. Y agrega más rasgos sobre su carácter: “Tenía una gran inteligencia emocional, era afable, cariñosa. Si uno se equivocaba no se enojaba nada, sino que te decía ‘ve por allá', ‘prueba por acá'. Muy acusiosa en su trabajo docente, muy responsable”.

Roser Bru. Foto: RAUL LORCA. / La Tercera.

A Roser Bru, comúnmente se le suele asociar al movimiento del informalismo abstracto, pero en rigor, su talento dio para pasar por más de un estilo. “Ella paseaba por el lenguaje del arte, cuando hizo pintura abstracta era preciosa. Cuando pintaba una flor era preciosa, y cuando pintaba un paisaje, era precioso. Ella tenía la capacidad de representar las cosas llenas de vitalidad, no pensaba el cuadro, era directa. Podía saltar por curiosidad hacia los retratos, por ejemplo”, dice Martínez Bonati.

Brugnoli, en esa misma cuerda, indica: “Las obras más antiguas pertenecen al período del informalismo, que tienen que ver con trabajos matéricos. Pero la parte más destacada de su obra tiene que ver con la neofiguración. Yo creo que fue una anticipadora de la neofiguración en Chile, ahí se incluyen José Balmes y Gracia Barros. Toda una época del arte chileno, fueron mis profesores”.

Por su lado, Ramón Castillo, director de la escuela de Arte de la UDP, señala: “Lo bueno de Roser Bru es que al final vamos a terminar hablando del Estilo de Roser Bru. Efectivamente, como hija de su tiempo, ella recorrió varios estilos. La encontramos en el informalismo abstracto, se le vincula históricamente a ese movimiento. Pero ella nunca dejó la figura humana. En ese sentido, no podemos hablar de una artista que trabajó la abstracción, sino más bien, con el gesto, con la autonomía expresiva del lenguaje artístico. Podemos decir que Roser Bru es su propio estilo, muy figurativo, con una estrategia visual, matérica, gestual, donde hay una fuerte presencia de azar, del gesto, del accidente”.

Castillo añade: “Trabajó los distintos desplazamientos de la gráfica, un dibujo se convertía en un mural, una pieza muy expresiva en óleo sobre tela, o podía ser materia, tierra, yeso. Tuvo mucha soltura, porque en el fondo sentía que su trabajo podía tener distintos soportes, porque comunicaba algo, por eso no daba lo mismo cualquier forma, a ella le importaba la figura, porque comunicaba”.

Homenaje como práctica

Pero la obra de Roser Bru, acaso marcada por la huella de haber tenido que huir de su tierra, no fue indiferente a la contingencia. Por eso, tras el golpe de 1973, su obra se volcó profundamente hacia lo que ocurría en su país adoptivo. “Era una artista visual intelectual”, así la define el escultor Gaspar Galaz.

“Un artista nunca puede dejar de lado la contingencia, la historia, los sucesos en el mundo, pero fundamentalmente, estar muy atentos a la condición humana, o sea, ¿qué pasa con el ser humano? Y esa era la motivación fundamental del trabajo de la Roser”, agrega Galaz, hoy profesor del Instituto de Estética de la UC.

“Estuvo siempre preocupada del golpe y de la dictadura en España. Era muy amante de la poesía y la literatura, tenía una serie de cuadros de poetas chilenos y españoles maravillosos. Por eso es que era una gran intelectual, desde el arte”, agrega Galaz.

"Soy un otro", obra de Roser Bru.

Ramón Castillo también se refiere a este punto: “Hizo del homenaje una práctica estética, es decir, habla de otro, al mismo tiempo de uno mismo, es como un manifiesto. En Chile, es la artista que dedicó más tiempo a realizar homenajes a las personas que la seguían, que le dolían, toda esa galería de hombres u mujeres notables, fueron desfilando a través de su arte”.

Y agrega: “Estaba atenta a la realidad, a los acontecimientos históricos. Lo que ocurría en Chile y el mundo a ella le importaba, los graficaba y los representaba en su pintura. Su sensibilidad estaba a flor de piel con el tiempo histórico. Todo lo que dañaba al ser humano le afectaba, pero al mismo tiempo, todo aquello que constituya elementos de esperanza, de alegría, los trabajaba profundamente, porque fue desde los fusilados de Robert Capa hasta los Detenidos Desparecidos en Chile, que tiene un capítulo importante en su obra”.

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