Jazmina Barrera, escritora mexicana: “El embarazo fue un relato gótico y encontré en esa literatura muchas historias”

Se define como ensayista y, en esa cuerda, acaba de publicar en Chile su libro Linea nigra, vía Montacerdos. Un diario sobre su propio embarazo, pero que también habla de la literatura de lo extraño, del tabú del amamantamiento en público y del terremoto de 2017 en México.



Una novela, un ensayo, o quizás las dos cosas al mismo tiempo. Eso fue lo que se planteó la escritora mexicana Jazmina Barrera (33) al momento de llevar un diario sobre el embarazo de su primer hijo. El resultado se llama Linea nigra (sin tilde, pues es un título en latín, explica) un libro que apareció en España y México en 2020, y que acaba de llegar a las vitrinas nacionales con la editorial chilena Montacerdos. No es casualidad, la casa editora publicó en 2019 el celebrado Cuaderno de faros.

“Fue muy natural mandarles este libro, son lo máximo. Hicieron un gran trabajo en Chile con mi libro anterior, estaba impresionada por la recepción que tuvo”, cuenta la mexicana -esposa del autor chileno Alejandro Zambra- en videollamada con Culto.

En 2019, ya hablabas de Linea nigra y decías que era una mezcla de novela y ensayo, ¿mantienes esa definición?

Sí. A mí me cuesta mucho hablar de géneros porque no pienso en ellos cuando escribo. Los géneros son un artificio. Pienso cada libro como un proyecto y los libros que más me gustan escapan a esas clasificaciones. Prefiero mantener la libertad de usar las herramientas que yo necesite de la lírica, del argumento, de la narrativa, y eso muchas veces hace que mis libros sean difíciles de clasificar. Para los libreros eso puede ser un problema (ríe), pero para mí no.

¿Pero te consideras novelista, ensayista, una híbrida?

Si tengo que elegir, me considero ensayista. Porque con la palabra ensayo pensamos en experimentación, proceso, performatividad. Todo buen libro es un ensayo.

Entre diarios y preguntas

En Linea nigra planteas interrogantes sobre el embarazo, como la del misterio de ser dos personas en una. Con tu hijo ya nacido, ¿sigue siendo un enigma la preñez?

Sí, creo es una de las situaciones más inquietantes y extrañas que he vivido en mi vida. Pese a que hay un montón de información sobre lo que es el embarazo, creo que todavía hay mucho que no sabemos, tanto en temas biológicos, como filosóficos.

En el libro relacionas el embarazo con la literatura de lo extraño, mencionas que leíste muchos de esos libros durante el proceso.

El embarazo fue un relato gótico, y encontré en esa literatura muchas historias que me hablaban directamente de lo que yo estaba viviendo. Todo lo que tiene que ver con los dobles, con los vampiros, con Frankenstein. En esa literatura encontraba referentes a lo extraño, a lo sublime, lo indescifrable y misterioso del embarazo.

Señalas que han surgido diarios del embarazo y que quieres que sea “más que una moda”. ¿No temes que se vuelvan algo cliché?

Fíjate que no (ríe). El diario del embarazo siempre ha sido una especie de género literario, y como en todos, surgen cosas buenas y cosas malas. Se vienen escribiendo desde que las mujeres saben escribir, porque es muy natural, sólo que no había espacio para publicarlos. Es un período de transformación permanente y dan ganas de documentarlo.

Uno de los temas que tocas en Linea nigra, es el tabú que existe en la sociedad hacia el amamantamiento en público, ¿Por qué crees que se da?

Tiene que ver con el papel del cuerpo de la mujer. En el heteropatriarcado, se ha visto como objeto del que se pueden apropiar los hombres. El cuerpo desnudo de una mujer funciona para la pornografía, pero como la lactancia no tiene que ver con el consumo sexual de los hombres, eso no sirve. Los senos se han sexualizado tanto, que verlos vinculados a un bebé les resulta inquietante.

En una parte dices que te gustaría finalizar el libro con el destetamiento de Silvestre, ya que partes desde el momento del embarazo, sin embargo, el final es otro. ¿Por qué?

Este libro fue tomando sus propias decisiones, lo acabé cuando Silvestre tenía más o menos 9 meses, y lo destesté cuando tenía 1 año y 8 meses. Por un lado sentía que el libro ya estaba terminado, pero no había destetado a Silvestre, y no se veía cerca ese destete, por ese motivo lo terminé. Luego, me gustaba dejar ese final abierto, que no fuera tan conclusivo, porque al final creo que ese vínculo no se termina en el destete. Porque incluso después de eso, sigo sintiendo que una parte de mi cuerpo está fuera de mí (ríe), entonces tampoco era tan tajante.

Al final de Linea nigra, pones la lista de libros que leíste durante la lactancia. La mayoría son de mujeres, ¿siempre has leído la mayoría de las veces a mujeres?

Siempre he tenido el interés de leer a mujeres, desde muy chica, mucho antes de hacerme consciente del feminismo. No necesariamente buscaba autoras, pero sí libros donde las mujeres tuvieran protagonismo y se sintieran reales, y eso coincide con las escritoras. En mi adolescencia, eran necesarios esos espejos porque iba forjando mi identidad espejeándome en personajes femeninos. Se me ha dado siempre de manera natural. Yo estudié Letras inglesas y tuve la suerte de tener buenas maestras que incluían mujeres en su lista de lecturas. Luego, a partir del feminismo, sí empecé a hacer el esfuerzo consciente de leer mujeres, aunque no me gusta la idea de decir ‘solo voy a leer mujeres’, me parece interesante si alguien lo quiere hacer, pero a mí no me interesa porque hay cosas que han escrito los hombres que me sirven, que me encantan. Pero los temas que me han interesado últimamente, coinciden con la escritura de las mujeres. En esto hay más bien una falta de los escritores hombres, que no se han acercado tanto a temas de género, crianza, trabajo doméstico, cuidados, que es de lo que va este libro.

Violeta y el caos

También metes otros temas, como el arte, el cáncer de tu madre y el terremoto del 2017 en México, ¿cómo fue organizar tanta cosa que contar?

Eran temas que iban apareciendo porque iban sucediendo en la vida, y como este libro tenía esa estructura de diario, era inevitable meterlos porque influían en mi embarazo, y repercutían en mis ideas sobre la maternidad. Pero encontré un hilo conductor que unía todos estos temas, y lo digo con una cita a Mary Shelley: “Nunca creamos desde el vacío, sino que creamos desde el caos”. Eso es lo que tienen en común la maternidad, el terremoto, la enfermedad: son procesos de transformación radical. La pregunta de este libro es cómo creamos a partir de este derrumbe, juntar los pedazos que nos quedan y hacer algo.

En una parte citas dos canciones de Violeta Parra (“Rin del angelito” y “Verso por la niña muerta”) y dices que te matan de tristeza. Eso fue cuando lo escribiste, ¿sigues pensando así?

Sí, por supuesto. Tengo una tía que canta precioso, y cuando yo era niña, ella cantaba con su guitarra canciones de Violeta Parra, y a mí me encantaba. Pero esas canciones en particular, y sobre todo cuando las cantaba mi tía, me mataban de tristeza. ¡Me hacían llorar! Y desde que nació Silvestre me he vuelto hipersensible a todo lo que tenga que ver con muerte de bebés o de los hijos. Eso, con la belleza y perfección de Violeta Parra es Kriptonita.

Libros sobre un antílope

¿Qué libros lees por estos días?

Estoy leyendo sobre plantas (ríe). Estoy pensando un nuevo proyecto que tiene que ver con plantas, entonces estoy leyendo mucho de ecología, de historia cultural y biológica de las plantas. También a Elena Garro, que es una autora mexicana, porque tengo que escribir un texto sobre ella, me tengo que echar su obra completa, llevo ya un buen rato leyéndola porque escribió un montón.

¿Te encuentras preparando un nuevo libro?

Sí. A fines de año, en México y en España, va a salir una novela que se llama Punto de cruz, además estoy ideando estas cosas que te platicaba.

Además de escritora, lideras una editorial, Ediciones Antílope, ¿cómo va eso?

Ahí vamos. Estuvo dura e interesante la pandemia, porque fue un momento de reinvención absoluta, todas las herramientas que nos funcionaban anteriormente: las ventas presenciales, las ferias, las presentaciones, se acabaron, y tuvimos que empezar a entrarle a los libros electrónicos, las preventas en línea y otro tipo de cosas con las que hemos estado experimentando, y hasta el momento va bastante bien. Ha sido un espacio maravilloso de comunidad, de compañía. Hacemos poquitos libros porque tenemos una capacidad económica diminuta, porque no recibimos un salario de esto, lo hacemos por puro amor al arte, el tiempo que le podemos dedicar es poco; pero nuestra mayor satisfacción es que los libros queden bien, entonces le echamos todas las ganas del mundo, y siento que lo hemos logrado, estoy muy orgullosa de lo que hemos alcanzado pasito a pasito en Ediciones Antílope.

¿Hay alguna autora que te encantaría publicar con Antílope?

(Piensa) Hay una autora canadiense que a mí me gusta mucho, no sé si deba decir esto (ríe), pero está bien. Se llama Leanne Shapton, tiene un libro que se llama Swimming Studies, y estoy viendo la posibilidad de publicarlo en México, y es justo ese tipo de libros que una dice esto tiene que existir, esto tengo que poder regalárselo a mis amigas, poder verlo en las librerías. Qué genial si lo hace alguien más, pero si no lo hace alguien más, híjole, que lo haga Antílope.

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