Reseña de libros: de Michel Houellebecq a Fernando Pessoa

El escritor francés Michel Houellebecq, fan de H.P. Lovecraft.

El sagaz ensayo del escritor francés sobre H.P. Lovecraft, una cuidada antología de los heterónimos del poeta portugués, la novela negra y violenta de Andreu Martín, y una versión ilustrada y para primeros lectores del clásico Mujercitas, en las lecturas de esta semana.



H.P. Lovecraft: Contra el Mundo, contra la Vida, de Michel Houellebecq (Anagrama)

Reaccionario, un gentleman que detesta el mundo, obsesivamente racista y puritano, pero sin la esperanza del puritanismo, H.P. Lovecraft ya era una figura extraña en su tiempo. Creador de un universo de pesadilla, atravesado de horrores, la leyenda de Lovecraft creció tras su muerte. Michel Houellebecq lo leyó a los 16 años y sintió una poderosa atracción que se mantuvo en el tiempo y lo llevó a escribir este ensayo. “Si has leído todo Lovecraft, puede que Contra el mundo, contra la vida te tiente a volver a hacerlo, y te haga verlo bajo una nueva luz; y si llegas al Príncipe de las Tinieblas de Providence por primera vez, no podrías haber encontrado a nadie que te ‘abra el camino’ de una forma más estimulante y fascinante”, escribe Stephen King en el prólogo del texto. Militante del pesimismo, Houellebecq recupera con sagacidad a Lovecraft “para otorgarle su verdadero lugar”, afirma, “igual o superior al de Edgard Alan Poe”.

[Prótesis], de Andreu Martín (Tres Puntos)

La venganza puede ser un gran movilizador, una energía explosiva y transformadora. Pero ejecutar la venganza no es un asunto sencillo. Aquella es la gran disyuntiva de Migue el Dientes, el protagonista de esta novela negra, áspera y violenta ambientada en Barcelona en los 70. Migue quiere vengarse de El Gallego, un ex policía violento y brutal que le rompió los dientes y lo mandó a la cárcel. Ha pasado el tiempo y El Gallego vive una vida  aburrida luego de ser expulsado de la policía por motivos poco claros, una vida en la que arrastra frustraciones y acumula rencores. Migue va en busca de El Gallego con un astuto plan. Pero este tiene sus propias cuentas que cobrar, con el único lenguaje que conoce: la violencia. A 40 años de su primera edición, la novela conserva su energía, tensión y su fuerza moral. Gran rescate.

Poemas Clave, de Fernando Pessoa (Ed. UDP)

¿Cuántas voces caben en un poeta? ¿Cuántos poetas pueden expresarse a través de una voz? El portugués Fernando Pessoa convivía en su interior con una sociedad de poetas, muy distintos entre sí. En esta edición, traducida, seleccionada y prologada por Adán Méndez, se recogen tres de aquellos autores imaginarios, además de él mismo: comienza con la voz contenida, en algún grado similar a la del autor, de Alberto Caeiro; prosigue con Ricardo Reis, el “más apagado de sus tres heterónimos principales”,  un conjunto de poemas firmado por Pessoa, y culmina con Alvaro de Campos, una “auténtica expansión de sí mismo”, como anota Méndez. “Todas las cartas de amor son/ Ridículas./ No serían cartas de amor si no fueran/ Ridículas”, escribe de Campos. “(Todas las plabras esdrújulas,/ Como los sentimientos esdrújulos,/ Son naturalmente/ Ridículas)”, agrega. Estupenda edición publicada en versión bilingüe.

Mujercitas, de Louisa May Alcott (Ed. Alma)

Mujercitas, el clásico de Louisa May Alcott, atravesó del siglo XIX al XX y encontró nuevas ediciones y nuevas lecturas en el inicio del siglo XXI. La historia de las hermanas March durante la Guerra de Secesión volvió a brillar, esta vez por sus resonancias feministas. Publicada en 1868, la novela ha sido adaptada al cine y también como relato para las primeras lecturas. “La Navidad ya llegó./ Aunque es un tiempo que adoran,/ ¡Al señor March cuanto añoran/ Mamá, Amy, Meg y Jo!”, escribe Carmen  Gil en esta versión ilustrada por Daria Solak. “A Jo escribir le fascina./ En sus cuentos, cada día,/ mientras cuida a su tía,/ ¡mil aventuras imagina!”, anota. El relato conserva los hilos esenciales de la historia, en un lenguaje muy sencillo y donde el dibujo, los colores y el diseño se vuelven un lenguaje propio.

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