Baño de mar en Malibú: Mon Laferte sorprende con un disco melancólico y californiano

Compuesto y grabado en un Airbnb de Hollywood, 1940 Carmen, el álbum que la viñamarina liberó anoche y su segundo lanzamiento de 2021, cambia los ritmos latinos por el imaginario de la Costa Oeste de Estados Unidos. Diez nuevas canciones -tres de ellas en inglés- donde el universo personal de la artista se entrecruza con el indie pop, las guitarras oníricas y evocativas y el "sadcore" californiano de Lana del Rey y Nancy Sinatra.



Hollywood le sienta bien a Mon Laferte. Durante una estadía de sólo cuatro meses en el mítico distrito de Los Angeles, a mediados de este año, la cantautora viñamarina grabó un videoclip en las playas de Malibú, pintó un mural en West Hollywood y grabó las diez nuevas canciones que componen su nuevo álbum, el séptimo de su discografía y el sucesor de Seis, lanzado hace sólo siete meses. Todo, según ella misma contó a Culto, en medio de un tratamiento para quedar embarazada.

Dos discos en un mismo año es una jugada poco usual para cualquier artista de su categoría. Y la propuesta de 1940 Carmen, bautizado así en honor a la esquina donde se ubica el Airbnb que la hospedó durante su estancia en California, sorprende aún más. Desprendida totalmente del influjo latino presente en toda su discografía desde Mon Laferte vol. 1 (2015) y luego de entregar en Seis su mirada personal de la diversidad regional de la música de raíz mexicana, Monserrat Bustamante abraza en su nuevo trabajo el imaginario de Los Angeles y particularmente de Hollywood, donde la artista parece haber encontrado su propia conexión con esas calles donde se entrecruzan el glamour y la decadencia, la belleza y la violencia, un futuro de oportunidades y un pasado sombrío.

Una especie de versión porteña del “Hollywood sadcore”, como le llama la prensa especializada del Hemisferio Norte a esa música melancólica y depresiva surgida de las entrañas de la ciudad del pecado, que Nancy Sinatra inmortalizó en su sociedad con Lee Hazlewood hace más de medio siglo y que en años recientes ha revitalizado Lana del Rey.

Una erótica triste y onírica que la chilena abraza con propiedad en su nuevo disco y logra empalmar exitosamente con su propia matriz cebolla. La de Juan Gabriel, Los Ángeles Negros, Cecilia y Raphael, esta vez pasados por un filtro a ratos cercano al dream pop, al indie, al folk de la costa Oeste de EE.UU. y a la sicodelia.

Es, sin duda, su disco más anglo. Lo reafirman sus primeras tres canciones cantadas íntegramente en inglés y una apuesta por un sonido más cinematográfico que ya había explorado en La trenza (2017) y en su single Antes de ti (2018), inspirada en Lady Snowblood (1973), la película japonesa en la que se habría basado Quentin Tarantino para hacer Kill Bill.

Es, también, su disco más cargado a las guitarras. Aquí nada de bronces ni cuerdas acústicas, todo pedales y efectos de trémolo reverb. Las hay oníricas, distorsionadas, sicodélicas, evocativas, pero sobre todo protagónicas, siempre como telón de fondo de diez canciones sobre amor, decepción, sexo en pareja, romance de autopista e, incluso, la que parece ser la primera composición en plan maternidad de Mon Laferte, actualmente embarazada de cinco meses.

Lista de canciones

1. Placer Hollywood. Un título que cruza dos conceptos presentes a lo largo de todo el disco. “La la land I love you”, canta Mon Laferte en el que se presenta como el segundo sencillo del álbum, con pasajes en español, inglés y hasta francés. Amor en todos sus idiomas en una apología a los días y noches de romance entre cuatro paredes, con una guitarra llena de sentimiento y vibración que recuerda al recientemente fallecido Mario Gutiérrez y el sello que le imprimió con las seis cuerdas a la discografía de Los Ángeles Negros.

2. Algo es mejor. La única canción que ya se conocía del disco gira en torno a un romance tipo road-movie, una balada indie pop de autopista donde la artista celebra el amor sobre cuatro ruedas con el Pacífico y las playas Malibú de fondo. A ratos, su resultado recuerda a You & me de los suecos The Wannadies, o a algunos de los éxitos de los escoceses Camera Obscura.

3. Good boy. La primera canción en inglés de 1940 Carmen. Un midtempo de sencillo acompañamiento, cercano al indie folk y secundado por una armónica, nuevamente sobre guitarras cargadas de melancolía que al cierre devienen en derechamente psicodélicas.

4. Supermercado. Una suave balada pop rock que usa la imagen de las compras en los pasillos de un supermercado como analogía de la intimidad y el cotidiano con un otro, de los códigos de una pareja. “En marzo llegué a Los Angeles con la ilusión de quedar embarazada (llevábamos un año intentándolo con mi compañero), rentamos un airbnb y empezamos el tratamiento. Las hormonas me tenían muy sensible y los dolores de cabeza me estaban volviendo loca, entonces empecé a escribir canciones y me propuse hacer un disco para concentrarme en otra cosa y no sentir tanta ansiedad”, contó la artista, a modo de contexto de esos cuatro meses en pareja en California.

5. Niña. Uno de los puntos altos del álbum es una eficaz y hermosa balada donde la voz de la cantante solo se acompaña de una guitarra, y donde la autora abandona momentáneamente el rol de amante para asumir el de madre. Es, como dice su letra, una canción de cuna, donde la solista le habla a una niña, o tal vez a su yo del pasado. Ya en la recta final del tema entra un sorprendente teclado espacial que reafirma la búsqueda de nuevas atmósferas de este disco.

6. Beautiful sadness. Su título resume el espíritu del disco completo. Una pieza midtempo con dejo oceánico y brisas de soul.

7. Química mayor. Otro himno romántico de alma retro aunque algo más rocanrrolero, con influjo del R&B y el doo wop de Nueva Orleans, que a ratos recuerda a Oh Darling de los Beatles y donde la viñamarina hace gala de todo su caudal vocal a la par de una guitarra eléctrica atronadora.

8. A crying diamond. Si Lana del Rey ha sido criticada en algunas ocasiones por su apología a las relaciones tóxicas y violentas, Mon Laferte narra aquí un abuso de un hombre de 40 a una niña de 13 con aspiraciones de estrellato, aunque sin concesiones ni dobles lecturas. “Él mató la última gota de su felicidad y se llevó toda su juventud. Y eso lo hace sentir bien. Sabe que Dios lo comprende porque Dios también es hombre”, canta Monserrat Bustamente en inglés, en una oscura canción de voz y guitarra que inevitablemente recuerda a la versión de Bang bang (My baby shot me down) que Nancy Sinatra lanzó en 1966, grabada precisamente en un estudio de Hollywood junto al fallecido Billy Strange, uno de los Wrecking Crew que dio ese trémolo característico que este tema evoca.

9. No soy para ti. Pop puro y duro, vintage y a la Phil Spector, en la única pieza cercana al desamor que parece dejar 1940 Carmen.

10. Zombie. Otro tema de producción decididamente vintage que bebe de la música anglo de los 60, donde la autora nuevamente invita a la confusión con una letra que a ratos parece hablar de plenitud amorosa y en otros, de decepción. “No siento nada pero todo está muy bien así”, dice con cierta ambigüedad.

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