El Poder del Perro: gran villano y una de las mejores cintas del año

La enorme actuación de Benedict Cumberbatch y banda sonora de Jonny Greenwood son dos puntales de esta historia con ecos a la actual era #MeToo, pero en los años 20. El filme, que acaba de estrenar Netflix, merece todas las nominaciones al Oscar que seguramente tendrá.



El villano que interpreta con aplomo Benedict Cumberbatch bien puede estar dentro de los más complejos que ha mostrado el cine de los últimos años. Phil Burbank es un machista a sus anchas, en el año 1925 y como dueño de una hacienda. Cree tener el permiso para denigrar, ridiculizar lo que se le venga en gana, gracias a su poder económico. Es un tipo que, cuando habla, el resto guarda silencio. Y es un hombre inteligente y hábil cuando decide hacerle una guerra psicológica a la esposa de su hermana (solo con un silbido) y al hijo de ella, al que rápidamente califica de “amanerado” por su delgadez, movimientos suaves y gusto por hacer flores de papel.

Phil, el protagonista de El poder del perro, tiene varios tormentos que guarda celosamente y el guion se encarga de develar algunos e insinuar otros, no para justificar su comportamiento, sino para darle carne y hueso al personaje y no caricaturizarlo como vaquero de masculinidad tóxica, como seguramente lo habrían hecho otros cineastas. El guion y dirección es sutil todo el tiempo y esa es una virtud de la neozelandesa Jane Campion, quien llevaba 12 años sin filmar una película y que cumple tres décadas desde que hizo La Lección de Piano -por la que logró ser la segunda mujer nominada a Mejor Dirección en los Oscar-, donde también había un hombre que desataba el conflicto.

El poder del perro habla de machismo, de represión y funciona como una sinfonía que va acrecentándose cada minuto, por la tensión de la historia -creemos que Peter, el adolescente, está en serio peligro a causa de Phil- y la descomposición psicólogica de Rose (Kirsten Dunst, muy media en su papel, sobria y justa en sus dosis), la mujer que está siendo objeto de bullying, por parte del protagonista, donde la banda sonora juega un rol fundamental. Jonny Greenwood, guitarrista de Radiohead y quien ha tocado la cumbre en cine gracias a su trabajo para Paul T. Anderson (en Petróleo sangriento y El hilo fantasma), le otorga un tono de thriller psicológico a este particular western, acompañando escenas de una tensión que sofoca, y donde Phil siempre es el gran protagonista.

A mitad de metraje, la película cambia de foco y Rose y su esposo (el cada vez más solicitado Jesse Plemons) desaparecen mayormente de la trama, que se vuelca sobre Phil y Peter (Kodi Smith-McPhee, una revelación), donde la tensión acelera el pulso. Quizás, uno extraña que el matrimonio de la historia no tenga más desarrollo, pero el guion puede, justo por esa decisión, profundizar en la tensa relación que mantienen el villano protagonista con el aparentemente frágil adolescente.

A ratos asfixiante, con una espectacular fotografía y tono lúgubre, que presagia que acá las cosas no van a terminar bien, El poder del perro es favorita para las nominaciones al Oscar y, la verdad, merece cada postulación que seguramente tendrá, desde la directora y guion adaptado, como las cuatro actuaciones centrales, el soundtrack y la foto. Se trata de una cinta enorme en tantos sentidos, con ecos a la actual era #MeToo (la violencia contra la mujer también es psicológica y puede destruir una vida sin golpe de por medio), brillante en la construcción de personajes y que deja a un villano de antología y un descenlace feroz.

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