Crítica de discos de Marcelo Contreras: buenos momentos de The Black Keys, The Smile y Kendrick Lamar

El dúo encapsulado en el viejo blues y el rock and roll lanza su mejor disco en años; algo similar sucede con Lamar, aunque a veces los anzuelos publicitarios en torno a su figura resuenen exagerados. En cambio, The Smile, integrada por músicos de Radiohead, es puro brillo y calidad.



The Smile - A light for attracting attention

Especulemos. Ed O’Brien, Colin Greenwood y Phil Selway experimentan el trauma del engaño. La otra facción de Radiohead -Thom Yorke, Jonny Greenwood y el productor Nigel Godrich- arma este proyecto, integra al baterista Tom Skinner, cuyo beat se confunde fácil con el estilo de Selway -pulsos fraccionados y repetitivos con tonalidad jazz-, y el conjunto resuena como un álbum del quinteto de Oxford con la mitad del personal, sin extrañar al resto. La inconfundible voz de Yorke contribuye enormemente a esa sensación, pero acá hay algo ausente en otros proyectos del cantante, un enlace a la raíz más roquera. La espectacular You will never work in television again -gran título- rejuvenece su canto, como un veinteañero furioso atravesando un riff reverberante y primitivo.

El debut de The Smile rebosa joyas construidas en torno a frases circulares, matemáticas, adornadas con los arreglos orquestales de Greenwood, un consumado en la materia, como ocurre en Pana-Vision; la métrica ajustada de Thin thing, zurcida a un riff nervioso y acechante con voces que vienen y van, entramadas a efectos sonoros de vieja ciencia ficción; la melancolía androide de Open the floodgates; los acordes progresivos de A hairdryer. Un lado b de Radiohead con el mismo atractivo del original.

The Black Keys - Dropout boogie

Atrás quedan los días en que se proclamaba con exagerado entusiasmo que el dúo formado por Dan Auerbach y Patrick Carney de Akron, Ohio, era una especie de reserva con lo mejor que podía ofrecer Estados Unidos en materia rock. A lo sumo, fueron pioneros en vender canciones para fines publicitarios desatando la ira de Jack White, que de patudo se consideraba plagiado en el arte de la música vintage. El tiempo opera y las expectativas se aterrizan. The Black Keys sigue siendo básicamente una banda de perspectiva retro, con guitarras resecas y afiladas que rememoran a la intro de un capítulo de Better call Saul.

Si Marc Bolan de T-Rex estuviera vivo, se sentiría honrado de un título como Dropout boogie, en especial en canciones como Your team is looking good, una ligera variación del clásico Bang a gong (Get it on) de 1971, del fallecido astro glam británico. La reverencia es redonda, inapelable. Las piezas contienen riffs espesos, desérticos, la voz de Auerbach melódica y arrulladora entre tiempos cadenciosos y cruces naturales con el soul. Después de once álbumes en dos décadas, The Black Keys superó las presiones y opera con autonomía. En esas condiciones, Dropout boogie es lo mejor del dúo en largos años.

Kendrick Lamar - Mr. Morale & The big steppers

Kendrick Lamar (34) atraviesa una etapa en su extraordinaria carrera como una figura de la cual se esperan exclusivamente obras maestras, como la voz generacional que mejor encarna el movimiento Black Lives Matter. A cinco años de DAMN., tras el premio Pulitzer en 2018 en una categoría que solía reivindicar a figuras de la música clásica y el jazz, y un bloqueo creativo, el poeta callejero de Compton regresa con un álbum doble que explora su propia intimidad -la niñez y las relaciones de pareja, entre otros asuntos-, y contingencias como las noticias falsas y la cultura de la cancelación. Siguiendo las normas del género, hay numerosos invitados y el mismo equipo de producción que lo acompaña hace años.

La idea de un músico despachando sólo títulos redondos -”la obra maestra más reciente de Kendrick Lamar ya está aquí”, reza la promoción de Apple Music-, no parece realista ni justa. Mr. Morale & The big steppers es denso, ambicioso y definitivamente más largo de lo necesario, sin que los momentos flojos atenúen la calidad de la obra. Los recursos musicales siguen apelando a cierta abstracción para concentrar el poder en la palabra, sin cambios sustanciales. ¿Un buen retorno? Absolutamente. ¿Un disco imprescindible? No parece.

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