“Era un músico muy aventurero y un alma hermosa”: mi amigo Vangelis

Jon Anderson, el legendario vocalista de Yes, recuerda para Culto a su amigo, el fundamental músico griego Vangelis, fallecido esta semana y con quien a comienzos de la década de los 80 formó el exitoso dúo Jon & Vangelis. “Fue mi maestro, realmente”, sentencia.



“Él era un hombre maravilloso y especial, un músico increíble y nos hicimos amigos. Fue mi maestro, realmente”, dice emocionado Jon Anderson al teléfono con Culto, el legendario vocalista de la influyente banda progresiva británica Yes, recordando al indispensable músico griego Vangelis, fallecido el 17 de mayo recién pasado, autor de un cancionero instrumental mayúsculo y de bandas sonoras como Carros de fuego y Blade Runner.

Junto a él, Anderson formó el dúo Jon & Vangelis, logrando ambos suceso comercial a comienzos de los años ochenta con singles como I hear you now, He’s sailing, I’ll find my way home (revisitada en español por Chayanne en 1987 como Para tenerte otra vez) y State of independence, cuya versión en manos de Donna Summer y con producción de Quincy Jones en 1982 incluyó entre sus invitados un selecto grupo de vocalistas como Dionne Warwick, Diana Ross, Stevie Wonder, Lionel Richie, Michael Jackson, James Ingram, Kenny Logins y Michael McDonald.

“La cantaron todos los grandes”, recuerda Anderson. “Hay una bella fotografía de todos ellos cantando esa canción que creamos juntos Vangelis y yo, y verla me genera un sentimiento increíble”.

En el caso de The Friends of Mr Cairo, el tema titular de aquel disco de 1981, Jon recuerda que la idea era tan simple como hablar de viejas películas de Hollywood y de cómo los gangsters ponían dinero para hacer películas sobre ellos mismos. “Era todo siempre espontáneo, como jazz, o música aleatoria”.

Te escucho ahora

Jon quedó inmediatamente cautivado cuando escuchó la composición de Vangelis Création du monde, incluida en su álbum de 1973 L’Apocalypse des animaux. En aquel entonces, y tras la salida de Rick Wakeman posterior al lanzamiento del ambicioso álbum doble Tales from Topographic Oceans de Yes, el vocalista quiso tenerlo de tecladista para el posterior Relayer, idea que finalmente no se concretó por los diferentes estilos de trabajo de la banda y del compositor, quedándose con el puesto Patrick Moraz. Sin embargo, Anderson de igual forma incluyó el tema de Vangelis como obertura en varios shows de Yes durante 1975.

“Él era muy opuesto a Yes”, apunta. “Yo tenía ese cassette y quería que la gente lo escuchara antes de que saliéramos al escenario, porque pensaba que era una música que se iba a escuchar en el futuro, era muy moderna y sinfónica. Era algo muy claro para mí”.

Juntos, estamparon por primera vez su dinámica en la canción So long ago, so clear, parte del grandilocuente álbum Heaven and Hell del griego. “Él estaba terminando el disco y yo fui a su estudio en Londres, donde comencé de inmediato a cantar sobre un piano que él estaba tocando y así fue que grabamos la canción, que trata precisamente sobre haberse conocido en otra vida y estar aquí juntos de nuevo, haciendo música, ese algo especial. Y todo lo que hicimos siempre juntos fue muy espontáneo. Yo lo pillaba en cierto momento y si había un micrófono y él estaba grabando, entonces yo cantaba y en una hora aparecían cinco o seis ideas, y luego de unas copas de vino todas sonaban bien (risas). Así de espontánea era la música de Vangelis, y esa era la única forma de hacer las cosas con él, porque él componía todo el día”.

-Vangelis era muy reservado, pero en una de sus escasas entrevistas, en 2016, expresó su noción de que todos hemos sido creados por la música.

Es algo de lo que nosotros dos hablamos muchas veces. Conversaba con él sobre las Pléyades, las Siete Hermanas, y acerca de cómo la música llegó a la Tierra y creó el abanico de la experiencia humana. Es por eso que todos amamos tanto la música. Y ambos estábamos de acuerdo en que la música es lo que hace girar el mundo, como bien sabes, ya que allá en Chile y Sudamérica la música es hermosa y diferente, mágica y mística.

Jon Anderson junto a Vangelis

-Él le apoyó mucho cuando usted lanzó su disco solista Olias of Sunhillow

-Yo me inspiré en él y traté de hacer en mi estudio de grabación lo que él hacía en el suyo, aunque yo era musicalmente muy limitado en esa época. Vangelis fue mi mejor guía musicalmente porque era un músico muy aventurero y un alma hermosa. Justo ayer, cuando me enteré de la noticia de que había fallecido, yo podía sentir una hermosa energía alrededor mío y eso me hizo sonreír. Sé que ahora él está mucho más feliz en el próximo nivel, en el próximo mundo, y que está haciendo música diferente y cosas diferentes. Le aprecio mucho y respeto su trabajo, que es de una envergadura gigante. Él nunca dejaba de crear, componía una sinfonía cada tarde. Yo intentaba tocar como él, pero es imposible. Ahora hago música muy diferente a lo que alguna vez hubiera soñado crear y es gracias a él, porque me inspiró a pensar libremente en la música.

Jon Anderson.

Encontrando el camino a casa

Aparte de su negativa casi férrea a conceder entrevistas y su rechazo al estrellato por décadas, Vangelis también evitaba volar.

“Una de mis anécdotas favoritas trata de una ocasión en que él se encontraba en Nueva York -no sé cómo llegó ahí en primer lugar- y me llamó por teléfono a mi casa en Los Ángeles diciéndome que tenía que tomar un Concorde a Londres y que tenía un boleto de avión para mí porque no era capaz de viajar solo. ‘Jonny, por favor’, me decía. Le respondí que estaba grabando pero él me insistió. Así que tomé un vuelo nocturno a Nueva York, llegué a su hotel y él estaba recostado porque no se sentía bien. ‘No sé si puedo hacerlo’, decía”.

Vangelis.

“Pero aceptó subir al auto cuando le dije que yo había viajado exclusivamente para acompañarle y entonces llamó a su médico para que le encontrara en el aeropuerto con píldoras para relajarse. Al llegar al Aeropuerto JFK entramos a la zona especial para los pasajeros del Concorde y cuando estábamos a punto de subir Vangelis se sentó en un sofá, angustiado otra vez. ‘Vangelis, tu equipaje está en el avión, tenemos que ir’, le expliqué. Y justo en ese instante aparece la Princesa Margarita junto a su séquito. ‘Vangelis, está la Princesa y si no abordamos nos van a tomar detenidos’, le dije. Y así logré que subiera. Apenas nos sentamos, él se durmió de inmediato por las pastillas y duró hasta que llegamos a Londres ¡No era necesario que le acompañara!”, ríe Anderson.

“Pasamos muchos momentos encantadores. Solíamos ir a los restaurantes griegos en Londres, nos relajábamos y disfrutamos mucho juntos. Era un tipo muy dulce, divertido y maravilloso. Era un maestro”.

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