Columna de Marisol García: La canción inescapable

Producir canciones para las masas es una labor de raro equilibrio entre la fórmula y el misterio. Diversos estudios han intentado reducir a variables matemáticas la pregunta filosofal: ¿qué hace a un hit?



Canciones que más que escucharse, se padecen. Melodías chiclosas, pulsos machacones, voces como en cinta transportadora. A veces, la noble persecución de un éxito se vale de recursos bajos y tácticas vulgares; otras, el pop eficaz resulta simplón y ya.

Producir canciones para las masas es una labor de raro equilibrio entre la fórmula y el misterio. Diversos estudios han intentado reducir a variables matemáticas la pregunta filosofal: ¿qué hace a un hit? Y hay pistas al respecto (las vocales alargadas en el estribillo, un segundo de expectativa previo al peak melódico, el inicio calmo y la cumbre ruidosa), mas no un manual a prueba de garantía. A ninguna de las imitaciones de Despacito aparecidas después de 2017 las recordamos: su mismísima razón de ser fracasó.

Asciende por estos días en plays -cientos de millones- Quédate, un tema del argentino Bizarrap cantado por el rapero español Quevedo, y que en rigor debe buscarse bajo su título técnico: “Bzrp Music Sessions, Vol. 52″. Si no lo has escuchado ya, esto va como advertencia: antes de que termine septiembre será inescapable.

Son 3:18 minutos hábiles en variaciones para un mismo motivo bailable, tarareable, nocturno, caliente; de barniz trapero para ideas tomadas de las raves y el hip-hop. El clip asociado es tan aburrido como barato: en el espacio reducido de lo que parece un estudio de grabación casero, el vocalista dobla su propia voz (súper procesada) mientras, a su lado, el productor-geniecillo de 24 años nos da la espalda mientras hace como que manipula un reducido equipamiento.

Es el mismo espacio por el que en los últimos tres años han pasado Residente, Nathy Peluso y montón de nuevas estrellas de reguetón y cumbia (también el chileno Polimá Westcoast). Bajo sus reglas, Bizarrap -joven bonaerense con estudios incompletos de marketing, a quien nunca se le ha visto sin anteojos de sol ni gorra- no publica discos, sino que hace circular “sesiones”, un concepto atado a la pandemia y sus necesidades, tanto técnicas (trabajo en casa, asociación directa y sin intermediarios, promoción viral) como emocionales (invitación de baile, erotismo… conexión). Apenas se encuentran entrevistas suyas. Para qué. La viralidad interpantallas ha hecho lo suyo, y el argentino puede anotarse, entre otras, la incontestable conquista cultural de que Quédate ya esté siendo adaptada como cántico futbolero en estadios.

El impulso-boomer de acoger hits musicales desde el estricto análisis sobre su calidad olvida que a piezas como Quédate no puede medírseles sólo desde su factura sino también, y sobre todo, de sus efectos. Hay, además, nuevas pistas de referencia social que acaso anuncien una nueva era de estrellas de impulsos reconocibles (“quéeeeedate / que la noche sin ti dueeeeele”) y rutinas convencionales incluso en su contradicción: “… bebé: sólo avisa / el sábado, teteo (jerga urbana para fiesta) / el domingo, misa”.

Nada de esto tiene relación con las Fiestas Patrias, me temo, salvo el saludo a lo pegajoso al oído como síntoma de cohesión colectiva.

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