Leonardo Padura: “En Cuba, hay actos ilegales que no son indecentes y hay actos indecentes que pueden tener cierta legalidad”

20/10/2022 LEONARDO PADURA FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

El afamado autor cubano se encuentra en nuestro país para presentar su última novela, Personas Decentes, en el marco del Festival de Autores de Santiago. En charla con Culto, se explaya sobre la temática del libro, dos relatos paralelos ambientados en 2016 y 2010, el tema del poder, de la decencia y la valorización de la literatura policial.



Está en Chile, donde participará en la inauguración del Festival de Autores de Santiago (FAS) este viernes. Aprovechando la ocasión, Leonardo Padura Fuentes recibe a Culto en el lobby del hotel donde se aloja, en el sector oriente de Santiago.

Premio Princesa de Asturias de las Letras 2015, periodista y escritor, acaso uno de los autores capitales de la literatura cubana, Padura se ha hecho un nombre gracias a sus novelas de género policial. En ellas, ha utilizado frecuentemente como personaje al detective Mario Conde. Ahora, siendo un sexagenario, Conde vuelve en su nueva novela, Personas decentes, editada por Tusquets.

En este volumen, Padura narra dos historias paralelas. La de Mario Conde, en 2016, ya retirado de la policía, pero ayudando a investigar el crimen de Reynaldo Quevedo, un antiguo funcionario del régimen castrista cuya función era ejercer la censura en el mundo de la cultura. La otra, es la de Arturo Saborit, un joven teniente de la policía que en 1910 debe resolver dos cruentos asesinatos a prostitutas en La Habana. Ahí conoce a Alberto Yarini, un joven poderoso, perteneciente a la aristocracia, quien es el mayor proxeneta de su tiempo, y debe hacer frente a la competencia con los proxenetas franceses instalados en la capital cubana.

20/10/2022 LEONARDO PADURA FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

“Escribirla fue tan difícil como escribir cualquier novela, más cuando uno intenta que la literatura no sea un simple juego de comunicación, de contar una historia, sino de que diga algo mucho más allá. Es una novela que yo pretendí -desde el principio- que tuviera un carácter policiaco bastante fuerte y que fuera muy de La Habana. Y decidí poner en paralelo -en aparente paralelo- dos historias”, señala Padura.

“Fue complicado porque había que tomar decisiones de lenguaje, de estructura. Hay una narración en primera persona que siempre implica una penetración en la sicología de un personaje, que en este caso es de Saborit. A la vez, fue muy satisfactorio y pude concentrarme mucho porque en los primeros 7, 8 meses de trabajo pude darle dedicación total, debido a que estábamos en pandemia”.

La novela parte con el asesinato de Reynaldo Quevedo. Un censor que ejercía represión sobre artistas durante los años 70. ¿Cómo vivió usted ese período?

Yo era muy joven, estaba haciendo mis estudios preunversitarios y luego entré a la universidad. Conde lo dice en un momento determinado, hay épocas donde unas personas están viviendo una temporada en el infierno, y otras que no tienen conciencia de que eso está ocurriendo. Todo esto pasó con poca difusión, no te enterabas realmente si no eras muy cercano a esas historias. Fue un momento en que se marginaron a muchísimos intelectuales, escritores, cineastas, músicos, actores cubanos. Ya al final de la década empecé a tener conocimiento de que esto había ocurrido, pero el conocimiento que tengo es posterior, porque lo conversé con algunas de las personas que sufrieron ese proceso de marginación ocurrido en esos años, y empecé a entender cómo lo asumieron. Era algo muy difícil porque era una condena que no tenía fecha de vencimiento, no sabías hasta cuándo iba a durar aquello, y podía durar toda la vida. Para algunos duró toda la vida, como les pasó a José Lezama Lima o a Virgilio Piñera, quienes murieron en los 70 sufriendo esa marginación.

¿Existió Quevedo como tal?

No, es un personaje de ficción que está creado a partir de personajes reales. Es una síntesis de varios tipos que existieron, para los efectos de la novela me servía más eso y que le pusieran toda una serie de elementos de carácter personal que hicieran mucho más dramática la personalidad de este hombre, que es la imagen del represor y de censor cultural.

20/10/2022 LEONARDO PADURA FOTO: MARIO TELLEZ / LA TERCERA

También habla de Alberto Yarini, un personaje real, el mayor proxeneta cubano de la década de 1910. ¿Por qué le interesó esa historia?

Yarini me aparecía desde hace muchos años, es un personaje del cual escribí un reportaje para el periódico en que yo trabajaba, en 1987. La nota tuvo mucho éxito porque es un personaje muy conocido pero del que nadie sabía toda la historia. Se publicó en dos partes. Después intenté escribir un guión con un director de cine, en los 90, pero era un momento en que era imposible hacer una película, no había recursos. Desde entonces me persigue. Siempre pensé que Yarini en buena medida era la imagen de ese momento tan turbio, tan extraño que fueron los primeros años de la república cubana.

¿Por qué cree que Yarini era un tipo tan popular y con arrastre?

Es un caso muy peculiar. Él venía de la aristocracia cubana, su padre era el odontólogo más famoso de Cuba, al punto que hasta hoy la escuela de odontología de la Universidad de La Habana se llama Cirilo Yarini, como su padre. Estudió en colegios de los Estados Unidos, de Boston, de Nueva York, regresó a Cuba muy joven y se vinculó a la política y a la vida social. Terminó viviendo del negocio de la prostitución. Tenía una actitud muy especial respecto de las prostitutas y con todos quienes frecuentaban el barrio donde se ejercía el negocio. Tenía relaciones con la alta sociedad y el bajo fondo. En los dos mundos desarrolló ese magnetismo, esa capacidad de seducción con un discurso político muy raro. En la parte de la novela dedicada a él, la investigación apunta a saber quién fue realmente Yarini, y te puedo confesar que terminada la novela no tengo una respuesta definitiva.

Es un personaje bien particular Yarini...

Sí, es un personaje difícil de encasillar, todo el tiempo Saborit dice que trata de hacer un dibujo de él, y se le escapa el rastro.

Un nexo entre ambas historias -paralelas- es la euforia en La Habana, tanto en 2016 con la visita de Obama como en 1910 con la inminencia de la llegada del cometa Halley. ¿Por qué le interesó ese aspecto?

Porque creo que son momentos en que se manifiestan mucho las esperanzas de una sociedad, también las desesperaciones, por eso me interesaba. El origen está en ese 2016 en que ocurrieron cosas en Cuba que no pensábamos que iban a ocurrir, y sucedieron. La gente empezó a abrir negocios, hostales, restaurantes, automóviles para alquilar, viajaba a los EEEUU, los cubanos de Miami venían a La Habana, intercambios culturales, deportivos, religiosos, académicos, se movía el dinero, y sobre todo, se movía la esperanza. Eso fue un momento muy especial en medio de un largo período de crisis. Luego, en el 2017 llegó Trump y desmontó esa política de cercana y volvió a poner el embargo en unos límites como nunca antes los había tenido. Y esa relación de Cuba y los EEUU estuvieron en su punto más bajo.

En ambas historias, la del asesinato de Quevedo y la de Yarini, tanto Mario Conde como Arturo Saborit se meten en tramas oscuras, con gente poderosa detrás. ¿De alguna forma es el poder el tema central en esta novela?

Saborit acude a Yarini para protegerse, y poder tener acceso a una verdad que puede ser peligrosa. En el caso de Conde, en su investigación hay una presión porque se revela una verdad, aunque él no sabe si va a ser publicitada, ahí hay unas tramas de poder que influyen en ambos casos, tienes toda la razón.

Leonardo Padura © Raúl Prado.

Gente decente

Ya que esta novela se llama Personas decentes, hablemos sobre ese concepto. En un primer momento, Saborit intenta ser un policía decente, pero poco a poco va observando que es muy difícil. ¿Qué es la decencia para usted?

La decencia es un valor ético que no depende la clase social a la que tu pertenezcas, depende fundamentalmente de tu comportamiento. Saborit -quien se considera una persona decente- entra en un mundo de plena indecencia, donde además hay unas personas que históricamente han sido catalogados de indecentes, que son las prostitutas a las que trata de comprender, y se da cuenta que esa indecencia es el resultado de las condiciones económicas y sociales que las marginan y las obligan a ejercer ese oficio. Conde siempre dice que es persona decente y yo necesité siempre que lo fuera, porque él busca a los indecentes, y con esa actitud, el juego de las dos decencias está presente en la novela. En el caso de la Conde, la puede sostener en su precaria condición económica, y en el caso de Saborit, la ve amenazada todo el tiempo por un contexto en el que es prácticamente mantener una ética estricta frente a determinados comportamientos que implican ser o no ser decente.

En la realidad cubana de hoy, ¿es posible tener esa aspiración como la de Saborit?

Es muy difícil. No se puede limitar siempre la decencia a lo legal o a lo ilegal, porque en un país como Cuba hay actos ilegales que no son indecentes, y hay actos indecentes que pueden tener cierta legalidad. Es muy complicado el tema. En la realidad cubana, es raro que las personas no participen de alguna medida en un mercado negro, que incluso pueda tener su origen en el robo, pero es la única manera en que puedes comprar una bolsa de cemento para arreglar el techo de tu casa. Las carencias obligan a ir por encima de algunas regulaciones y comportamientos, y la persona no deja de ser decente porque violes esos preceptos.

Esta es la novena novela de Mario Conde, su personaje más célebre, ¿qué cosas considera que ha ido cambiando en la escritura de esas novelas?

Hay cosas que han cambiado y otras que no. Conde es muy dialéctico, pero a la vez muy conservador. Tiene una serie de valores que no se han alterado en el tiempo, su relación con los amigos, sus gustos literarios, su necesidad de develar verdades, su fidelidad. Pero también ha ido cambiando su percepción de la realidad, Mario Conde es más desencantado, más pesimista, más irónico, que es una de sus armas de defensa contra esa realidad. Y es más viejo, eso es importante porque en la novela hay una reflexión con el paso de tiempo y la vejez.

De Bolaño y la novela policial

¿Piensa que gracias a su trabajo de alguna manera se ha vuelto a poner en valor al género policial?

(Piensa) Yo creo que la novela policiaca en su momento tuvo una crítica desfavorable como genero literario, una percepción por la academia y por la crítica de que a veces era muy elitista, porque hay tantas malas novelas no policiacas, como malas novelas policiacas. Pienso que el género es suficientemente dúctil para permitirte hacer buena literatura, todo depende del interés como tú lo asumas. En mi caso, he tratado de hacer la mejor literatura posible que soy capaz de hacer desde la novela policiaca, me sirve mucho para mirar los lados más oscuros de la realidad. Desde esa perspectiva, tratar de hacer un análisis social. Esta novela es la más policiaca de todas, porque aparecen más muertos que en cualquier otra novela. Pero en mi literatura también hay elementos de crítica social, de indagación filosófica, de reflexión existencial dentro de una estructura de novela policial. Además, en los últimos años, la academia ha tenido que aceptarla como buena literatura. Por ejemplo, el hecho mismo que yo siendo un autor de novelas policiales haya ganado el Princesa de Asturias, después de 15 años sin que ningún escritor de lengua española lo había ganado, es un reconocimiento de que la novela policiaca es culturalmente válida.

Uno que también tuvo cierta incursión en la novela policial, fue el chileno Roberto Bolaño. ¿Qué le pasa cuando escucha ese nombre?

Yo creo que él era la gran esperanza blanca de mi generación literaria, es un escritor absolutamente extraordinario, muy regular, pero con dos libros que lo consagraron, que son 2666 y Los detectives salvajes. Tal vez la prisa que le impuso saber que tenía una enfermedad -que de hecho le costó la vida- lo llevó a quemar etapas, pero creo que sin duda es uno de los grandes escritores de la literatura latinoamericana contemporánea, y tiene toda mi admiración.

Leonardo Padura estará este viernes a las 18.00 horas en la Sala Sura de Centro Cultural de Las Condes presentando Personas decentes, en el marco del FAS. También participará en la inauguración de Puerto Negro, la semana de la novela negra de la Universidad Andrés Bello (UNAB), en el Campus Antonio Varas.

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