Columna de Rodrigo González: Sin Novedad en el Frente: la muerte en cámara lenta

Con ciertos ecos del cine de Terrence Malick por su utilización majestuosa del paisaje, esta versión de Sin Novedad en el Frente recién estrenada en Netflix luce casi como un cuadro en movimiento. Una extendida muerte en cámara lenta.



El 11 de noviembre de 1918 a las 5:45 de la mañana, Alemania y Francia firmaron el armisticio por el cual la primera nación se comprometía a evacuar las regiones de Alsacia y Lorena. Todo se desarrolló en un lujoso vagón de tren donde estaban el implacable mariscal galo Ferdinand Foch y el político alemán Matthias Erzberger, quien había perdido a uno de sus hijos en la guerra.

Tras las rúbricas de comandantes, generales y dignatarios, se decidió que el cese al fuego empezaría a regir desde las 11 am. Fue el comienzo del fin, pero en las cinco horas y 15 minutos que transcurrieron entre un hecho y otro, hubo aún reyertas, escaramuzas y amagos de batallas.

Justamente uno de los pasajes más significativos de la película Sin Novedad en el Frente (2022) transcurre en ese lapso sin Dios ni ley, en que pelear se debió generalmente al estéril último intento patriótico de algún oficial fuera de sus casillas. Las escenas son el reflejo de toda la moral de este largometraje alemán. Es la ética del esfuerzo sin sentido y la disputa empantanada. Un código de conductas que más bien parece hijo de la locura.

La Primera Guerra Mundial, con sus interminables batallas de trincheras sin ganador ni avance alguno, fue un escenario bélico que descolocó a los alemanes, mejor armados que los franceses. A diferencia del claro mapa de movimientos que se dibujó durante la posterior Segunda Guerra, en la contienda de 1914 a 1918 se multiplicó por mil la sensación de inercia y el título de la novela de Erich Maria Remarque que inspira la película de Edward Berger lo resume mejor que cualquier análisis.

Con ciertos ecos del cine de Terrence Malick por su utilización majestuosa del paisaje, esta versión de Sin Novedad en el Frente recién estrenada en Netflix luce casi como un cuadro en movimiento. Una extendida muerte en cámara lenta. El realizador Edward Berger relata la historia del joven recluta Paul Bäumer (Felix Kammerer) utilizando con virtuosismo el plano secuencia, las tomas extendidas, los primeros planos y los detalles sonoros en el fragor de la batalla. No es un filme que destaque por sus diálogos o por la interacción de sus personajes, pero lo que se pierde por ese lado se gana en su fuerza estética y en un clima de abandono que no poseían las anteriores versiones en cine (de 1930) y televisión (1979) de la novela de Remarque.

Por lo demás y tal como sucedió en algún momento con la serie y también película Das Boot (1981) de Wolfgang Petersen, siempre es bueno ver la historia contada por el otro lado, el de los perdedores. En este sentido, Berger agrega a la narración original todas las escenas con el político Erzberger (Daniel Brühl), un hombre convertido en pacifista después de haber partido apoyando la guerra. Y, en un guiño atemporal, dibuja el fanatismo chauvinista a través del general Friedrichs (Devid Striesow), el militar que no quiere que termine la guerra y que no puede concebir un mundo sin balas a pesar de no conocer una trinchera.

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