“Dos leyendas de la animación”: León y Cociña conquistan a la crítica internacional con su nueva película
El aclamado dúo detrás de La Casa Lobo (2018) junta a Antonia Giesen, Andrew Bargsted y Francisco Melo en Princesa Burro, cinta sobre una joven que vive un frustrado romance y salta a otros mundos. Estrenada en el Festival de Locarno, ha sido elogiada como “locamente inventiva” y los realizadores han sido ungidos como sucesores de David Lynch y Alejandro Jodorowsky.
Los cineastas chilenos Cristóbal León y Joaquín Cociña llegaron a la 79° edición del Festival de Locarno (Suiza) con su tercer largometraje, Princesa burro, una historia de amor, fantasía y multiverso con la que continúan retando toda categorización. En competencia por el Leopardo de Oro, el principal premio del certamen, el filme se estrenó el pasado viernes 7 y consiguió una calurosa del público y la crítica.
Variety la describió como “seductora”, Le Monde la celebró como “locamente inventiva” y la International Cinephile Society (ICS) la rotuló como “una obra audaz y visionaria de puro arte”. En tanto, el medio estadounidense IndieWire se refirió a la dupla detrás de La casa lobo (2018) como “dos leyendas de la animación”.
Ese elogio “nos hace sentir viejos y felices”, asegura León a Culto desde Suiza. “También han habido reacciones espontáneas muy buenas de gente que hemos conocido en el festival. En general nos sentimos muy felices. Yo tengo la sensación que las personas que conectan con la película conectan de una manera profunda. Eso es muy alentador”, señala.
Tras Los hiperbóreos (2024), el dúo plantea un nuevo ejercicio en el mundo del cine live-action (acción real), aunque bajo sus propios códigos –con toques de animación 2D, stop-motion y animación 3D– y un deslumbrante uso del color impulsado por los aportes de la dirección de arte a cargo de Natalia Geisse y la dirección de fotografía de Benjamín Echazarreta.
Inspirada libremente en Piel de asno, de Charles Perrault, la cinta comienza en un antiguo reino en el que el amor está prohibido. Eso afecta directamente a la princesa Diana (Antonia Giesen), la hija del rey Arturo (Francisco Melo) y de una reina fallecida producto de la peste. Para enojo de su padre, la joven se enamora de Lalo (Andrew Bargsted), un plebeyo que aparece en su fiesta de cumpleaños y que le entrega un brazalete que le permitirá viajar a otros mundos cuando su relación se vuelva inviable.
“León y Cociña utilizan con éxito un presupuesto y un escenario (aparentemente) mucho mayores para dar continuidad a su enfoque híbrido, aunque con una narrativa que apunta a algo un poco más universal en su enfoque (...) El último trabajo del dúo chileno no hace más que consolidarlos como algunos de los creadores más interesantes de visiones tangibles y macabras en el panorama internacional”, argumentó IndieWire.
“Se trata de una obra cinematográfica singular y estéticamente rica que consolida la reputación de sus realizadores como autores y posee el equilibrio perfecto entre elementos accesibles y vanguardistas para asegurar su vida más allá del circuito de festivales”, apuntó Variety, medio que consideró que su nuevo largometraje es superior a Los hiperbóreos, que –a su juicio– poseía “una densa y narrativamente abstrusa mezcla de historia, psicología y teoría política”.
De acuerdo con la crítica de la International Cinephile Society, es “un filme que contiene algunas de las imágenes más originales jamás vistas en pantalla, con ciertos planos únicos e inolvidables. Su estilo está impregnado de surrealismo, y a diferencia de muchos otros artistas que se consideran a sí mismos parte de esta misma corriente artística, León y Cociña lo abordan desde una perspectiva sincera y profunda, en lugar de ser abstractos simplemente por el mero hecho de rechazar estilos cinematográficos más convencionales”.
“De forma gradual y metódica, se han convertido en voces esenciales del cine contemporáneo”, planteó ese medio, que luego fue más allá y expresó que “aunque pueda parecer exagerado, es evidente que León y Cociña están preparados para tomar el relevo de otros surrealistas notables que definieron el medio. Pensemos en nombres como David Lynch o Alejandro Jodorowsky, siendo este último una obvia inspiración para los cineastas tanto en términos de contexto social y cultural como desde una perspectiva visual”.
“Una obra misteriosa, polimorfa e inclasificable que fusiona animación, terror y homenaje al cine de género (...) La película se impone como un viaje alucinatorio que desafía los límites del cine”, destacó el portal Cineuropa, sumándose a los entusiastas comentarios del resto de la prensa. “Si bien sus imágenes animadas en stop-motion 2D nos transportan a la magia del cine primitivo, la oscuridad latente que se va infiltrando en la historia le confiere a la obra un aire más contemporáneo y casi apocalíptico. Princesa burro es un filme extraño (en el buen sentido de la palabra) y, en definitiva, ahí reside su mayor virtud”.
Cociña indica a Culto: “Ha sido muy lindo escuchar de muchas personas que es su película favorita del festival. También ha sido muy positivo recibir críticas muy buenas en medios como Variety y Le Monde. La verdad siento que se nos abren muchas posibilidades de distribución”,
La producción de la cinta detalla que próximamente se anunciará su participación en festivales del país y su estreno en salas comerciales. Sus ventas internacionales son administradas por la compañía española Bendita Film Sales.
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