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León y Cociña se unen a músico de Air en nueva cinta: “Es nuestra película más lineal y narrativa”

Tras La Casa Lobo (2018) y Los Hiperbóreos (2024), la dupla nacional arremete con Princesa Burro, filme que se estrenará en agosto en Suiza en el Festival de Locarno. Ambos detallan a Culto su trabajo junto al músico francés Jean-Benoît Dunckel y explican por qué esta vez decidieron contar una historia de amor y fantasía. “Nos ha gustado mucho jugar este juego”, afirman.

León y Cociña se unen a músico de Air en nueva cinta: “Es nuestra película más lineal y narrativa”

Cristóbal León y Joaquín Cociña nunca se habían propuesto contar una historia de amor. De hecho, podría argumentarse que nunca han estado particularmente interesados en contar historias, no al menos bajo una matriz clásica.

La dupla detrás de La casa lobo (2018) usa el cine y las artes visuales para dialogar con la historia de Chile, los cuentos de hadas y los orígenes del cine, e invitar al espectador a vivir experiencias antes que elaborar relatos con inicio, desarrollo y final. Es esa impronta la que les ha permitido ganarse un nombre en la escena internacional y ha generado que sus caminos se crucen con los de personalidades como Ari Aster, Thom Yorke o PJ Harvey.

Foto: ©Sebastián Utreras Sebastian Utreras

Y henos aquí: el dúo actualmente afina los últimos detalles de Princesa burro, que es –ambos lo admiten– tanto una historia de fantasía como una historia de amor. La cinta sigue a la princesa Diana (Antonia Giesen), a su padre, el rey Arturo (Francisco Melo), y al enamorado de ella, Lalo (Andrew Bargsted), un joven que proviene de otras tierras. Dos hitos precipitan los acontecimientos de la trama: la prohibición del amor en el reino y la llegada de un brazalete que permite que la protagonista viaje a mundos diferentes al suyo.

“Es una película que transita por varios géneros cinematográficos, pero que parte en un mundo del género de fantasía, donde se despliega una historia de amor romántico”, indica Cociña sobre su tercer largometraje como pareja creativa, que –según el anuncio de esta mañana– competirá por el Leopardo de Oro en la próxima edición del Festival de Locarno, que se celebrará en Suiza entre el 5 y el 15 de agosto.

Princesa burro es producto del mismo proceso de escritura que emprendieron junto a la escritora y guionista Alejandra Moffat, y que originó Los hiperbóreos (2024). Estrenado en la Quincena de Cineastas del Festival de Cannes, comenzaba con una actriz y psicóloga –la misma Giesen– perdiéndose en un intrincado laberinto que involucraba a Miguel Serrano, Jaime Guzmán y un metalero.

“Uno puede escarbar y encontrar metáforas y comentarios políticos en la película (en Princesa burro), pero no están en la trama ni en la superficie. Esa parte se la llevó Los hiperbóreos”, declara Cociña, enfatizando que su trabajo más reciente “transita de la mano del amor y el horror por distintos mundos y géneros”.

Por su parte, León las percibe como “películas siamesas”, y no únicamente debido a que hayan nacido en la misma olla creativa y tengan a la misma actriz al centro.

“Son dos versiones de una misma idea: hacer una película en que la escritura misma va documentando el caos de su propio proceso. Si La casa lobo la pensamos en parte como un documental sobre procesos escultóricos y pictóricos, Los hiperbóreos y Princesa burro son películas en las que intentamos incorporar nuestra deriva en el proceso de construir una historia. En Los hiperbóreos esto se manifestaba como un laberinto de relatos y formatos; en Princesa burro lo intentamos hacer con una película de género, a través de la fantasía y el multiverso”, explica.

Fuera de repetir a varios de los colaboradores de su anterior largometraje –la productora Catalina Vergara, la diseñadora de producción Natalia Geisse, la propia Alejandra Moffat, entre otros–, esta vez sumaron un aliado inesperado: el francés Jean-Benoît Dunckel, conocido como la mitad de la banda Air, quien se encarga de la composición de la música original del filme.

Aquí, en conversación con Culto, ambos detallan esa colaboración y actualizan en qué etapa se encuentra su segundo largometraje animado, Hansel y Gretel.

Foto: ©Sebastián Utreras Sebastian Utreras

-Han hablado abiertamente sobre cuánto les cuesta armar narrativas más clásicas o convencionales. ¿Sienten que Princesa burro es lo más parecido que han hecho a una historia “normal”?

Cristóbal León: Si, yo lo siento así. Es la más normal de nuestras películas porque esta vez nos hemos divertido intentando seguir las reglas del género de fantasía.

Joaquín Cociña: Es por lejos nuestra película más lineal, narrativa, normal o como la quieras llamar. Nos ha gustado mucho jugar ese juego. Cuando la mostramos en el Work in Progress del Festival de San Sebastián, se nos acercó un programador que nos conocía de antes y nos comentó que estaba muy sorprendido, porque había esperado “ver una obra de arte” (sus palabras) y se descubrió a sí mismo totalmente metido en la historia durante la presentación, preguntándose qué iba a ser de Diana. Es un buen resumen de la gran diferencia entre esta película y el resto de nuestras obras.

-¿Qué los llevó a pensar en Francisco Melo para el roi del padre de la historia?

CL: Creo que Pancho Melo puede transmitir algo tierno y brutal al mismo tiempo, y eso era algo que necesitábamos para el personaje. Tiene esa capacidad de transmitir autoridad y fragilidad a la vez, de dar la sensación de que este personaje poderoso y casi terrorífico también se puede quebrar. Todos sabemos el gran actor que es, y necesitábamos a alguien que pudiera sostener esa obsesión de un padre con el amor de su hija sin que se volviera caricatura. Hay algo también sobre su presencia física y su voz: la película comienza en un mundo de cuento de hadas y nos gustaba el impacto de este padre gigantesco y de voz poderosa. Eso le daba una sensación más exagerada, aún más de cuento de hadas. Como si fuera un papá visto por los ojos de una niña.

Foto: ©Sebastián Utreras Sebastian Utreras

JC: Sumado a lo que dice Cristóbal, debo decir que Pancho es muy inteligente y un gran artista. Hemos tenido la suerte o la astucia de trabajar siempre con actores que son muy inteligentes e intuitivos a la vez, talentosos, trabajadores e intelectualmente inquietos. Pancho es esas tres cosas. Antonia Giesen y Andrew Bargsted lo son también. Los tres aportaron su propia inteligencia y profundidad a los personajes y a la manera en que entendemos la película. Pancho en particular nos hizo ver una dimensión muy bella y empática del personaje desde la paternidad. Esa forma de entender al personaje –que es bastante monstruoso– lo hizo crecer y nos hizo incluso cambiar cosas del guión.

-En algún momento dijeron que Princesa burro únicamente tendría a actores y que no recurrirían a las marionetas. ¿Qué materialidades terminaron ocupando?

CL: Tiene detalles de animación 2D, stop-motion y animación 3D, pero en ningún caso es una película de animación. Todos los personajes están interpretados por actores. Es una película live-action con alma de película animada por como fue hecha: una gran parte fue filmada con fondos retroproyectados. Estos fondos fueron hechos en su mayoría con maquetas o ilustraciones simples. Nos interesaba mantener un alma artesanal, un vínculo con ese cine antiguo de fantasía y ciencia ficción que vimos en nuestra infancia y que era profundamente artesanal y pictórico, hecho a mano, con maquetas y matte paintings. En ese sentido, es una película muy emparentada con los videoclips de Michel Gondry, que también tienen esa cualidad de estar en el borde entre la animación y el live-action, donde uno nunca sabe muy bien dónde termina lo construido a mano y dónde empieza el truco de cámara.

JC: Esta película dialoga con el cine de fantasía. Si bien no partió en EE.UU., es en ese país donde se ha producido el cine de ese género que más vimos de chicos y que, hasta hace pocos años (antes de la irrupción de Japón y Corea), era la regla en el cine de género hecho en Chile. De alguna manera el cine de fantasía norteamericano es siempre un poco de animación. Actualmente el límite entre live-action y animación es muy confuso en el cine de género de esa tradición. Creo que en parte quisimos revisitar esas raíces con los recursos artesanales y digitales que tenemos a mano, y hacer nuestro un género muy alien pero muy presente en nuestras vidas.

-No es común que Jean-Benoît Dunckel se involucre como compositor en películas fuera de Francia. ¿Cómo se generó la colaboración con él? ¿Qué creen que le sedujo de Princesa burro?

CL: La colaboración con Jean-Benoît se gestó por medio de una de las coproductoras francesas, Kim El Moumen. Kim trabajó mucho tiempo en la industria de la música en Francia y conoce a mucha gente y pensó que él sería un buen match para la película. Yo aluciné cuando nos propuso la idea. A mí el disco Moon safari me voló la cabeza a los 17 o 18 años. Recuerdo la tarde en que un amigo del colegio apareció con el CD porque se lo había enviado su hermana que vivía en París. Tenía algo extrañamente familiar y a la vez no se parecía a nada que hubiera escuchado. Luego escuché Premiers symptômes y lo amé incluso más. Jean-Benoît ha sido desde el comienzo un gran entusiasta de la película, lo que me llena de confianza, porque es un artista que admiro un montón. Es una suposición, pero creo que le atraen los viajes extraños que propone la película y sobre todo la cantidad de recursos artesanales que va desplegando.

JC: Una de las primeras cosas que Jean-Benoît dijo sobre Princesa burro es que le recordaba a algunas películas de Alejandro Jodorowsky, lo que nos llenó de orgullo. Pero también me parece que hace sentido, pues Jodorowsky es un vínculo entre Chile y Francia y, la verdad, revisitando algunas cosas de su filmografía, nos dimos cuenta de que es también bastante evidente el vínculo. Al menos eso nos gusta pensar. JB es extremadamente sensible y muy concreto también. Creo que vio material para jugar. Creo que esta película ha sido una linda experiencia para muchas personas que trabajaron en ella, pues les ha permitido jugar profundamente.

-La película cambió de nombre: primero era La plaga, luego pasó a llamarse La plaga sin fin y ahora es Princesa burro. ¿Están conformes con ese título?

CL: A mí me encanta Princesa burro. Aún me cuesta decirle así a la película, pero cada día menos. Es un nombre que le pertenece mucho más que La plaga. Nunca nos convenció tanto La plaga, en realidad. Parte de la escritura de esta película la hicimos en pandemia, hay cosas de la historia que dan cuenta de eso, y el título probablemente venía de ahí. Creo que fue Joaquín el primero que dijo que le parecía raro tener un título asociado a algo tan negativo. Después pasaron dos cosas: la primera fue que hace un año apareció otra película llamada La plaga, a la que además le ha ido bastante bien, y lo segundo fue que Pablo, el marido de nuestra productora Catalina Vergara, tuvo un sueño en el que se le reveló que no podía llamarse así, y sentimos que teníamos que obedecer a esa señal.

JQ: Si tomas Princesa burro y la traduces como “Donkey princess” o “Princess donkey” y lo pones en Google, salen cosas muy interesantes y aclaradoras.

Foto: ©Sebastián Utreras Sebastián Utreras

-¿Cómo avanzan en la creación de Hansel y Gretel? ¿Con qué frecuencia están conversando sobre ese proyecto con Ari Aster y su socio, Lars Knudsen?

CL: Catalina Vergara, la productora del proyecto, está comunicada con Lars Knudsen. La animación de Hansel y Gretel avanza en el taller, pero en este último par de meses hemos estado más concentrados en Princesa burro.

JC: Hansel y Gretel están descansando mientras sus versiones viejas llamadas Joaquín y Cristóbal están ocupadas. Pero pronto volverán a animarse.

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