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Colin Farrell: “Me sentí como un extraterrestre durante mi adolescencia y en varios momentos de mis 20”

Con 50 años recién cumplidos, el actor irlandés reflexiona sobre la violencia y el estado de la humanidad. Lo hace a raíz del estreno de la segunda temporada de Sugar (Apple TV), serie en la que interpreta a un atípico detective privado. “Él aún cree en la decencia de los seres humanos, lo que es muy difícil para la mayoría de nosotros cuando vemos lo que sucede en el mundo”, apunta. También se refiere al fervor con el que está siguiendo el Mundial y a su fuerte conexión con Los Angeles.

Colin Farrell: “Me sentí como un extraterrestre durante mi adolescencia y en varios momentos de mis 20”

Sugar fue la otra serie que Colin Farrell (Dublín, 1976) estrenó en 2024, el año en que asombró y ganó elogios por su representación de Oz Cobb en El Pingüino. Sin las prótesis y sin las capas de maquillaje que demanda encarnar a ese personaje extraído de los historietas de DC Comics, el irlandés apareció como John Sugar, un detective privado que busca a la nieta de un legendario productor de Hollywood.

La relación del actor con esos personajes es diferente: mientras su amor por Oz se mantiene a pesar de todos los actos deleznables que comete (¿recuerdan ese trágico final de El Pingüino?), con Sugar su devoción es completamente incondicional y justificada. Y expresa estar encantado con tener la oportunidad de interpretarlo nuevamente en la recién estrenada segunda temporada (disponible en Apple TV).

Fotos: Apple TV

Lo que me conmueve de él es su profunda bondad y compasión. Y su absoluta creencia en la decencia fundamental de los seres humanos, algo que resulta muy difícil de conseguir”, indica a Culto.

John Sugar no es el primer detective al que da vida en su carrera: fue Sonny Crockett en Miami Vice (2006), de Michael Mann, y asumió uno de los personajes centrales de la vilipendiada segunda entrega de True detective. Esos personajes vinieron antes, pero es categórico al explicar que el rol principal de la serie de Apple TV le ofreció un desafío diferente.

“Sabe defenderse, pero es un ser sereno, fundamentalmente pacífico y sensible”, señala, adviertiendo que en los nuevos capítulos “tendrá que lidiar con experiencias humanas con las que no tuvo que lidiar en la primera temporada”.

El segundo ciclo asume que el espectador ya conoce la gran revelación del final del primero (spoilers a continuación): que John Sugar es un extraterrestre que lleva años habitando nuestro planeta, al igual que otros de su misma especie.

“Cuando lo enviaron aquí, su trabajo era el mismo que el de todos sus compatriotas. Su trabajo consistía simplemente en observar e informar”, plantea Farrell. Sin embargo, ahora, “ya no tiene a quién rendir cuentas, literalmente. Ha perdido la estructura más importante de su vida y es un hombre solo. Pero para él la observación siempre fue algo más importante que un trabajo o una misión. Era algo que, en lo más profundo de su ser, necesitaba. Parece tener una profunda necesidad de comprender a las personas, de comprender a los seres humanos. También siente amor por ellos y a veces los observa con un asombro algo infantil”.

Esa curiosidad lo lleva a cruzarse en este tramo de la historia con un nuevo caso y, por lo tanto, con una nueva camada de personajes. Sugar conoce a Danny Moon (Jin Ha), un joven y prometedor boxeador coreano-estadounidense que busca a su problemático hermano mayor, Ji (Raymond Lee). Las pistas son extrañas –a Ji se le escucha aterrado en los dos mensajes de voz que dejó y huyó de un hospital con medicamentos–, pero no más desconcertantes que la conspiración que el protagonista descubre a medida que la investigación avanza.

“Él está cambiando –subraya–. Los entornos que habitamos y las personas que se encuentran en ese entorno, por supuesto, tienen un efecto en nosotros como seres humanos, en mayor o menor grado dependiendo de cuán permeables seamos. Y él es bastante permeable (se ríe). No se protege del mundo. Deja que el mundo entre. Es increíblemente empático, por lo que siente a todos y siente todo. Y eso puede ser algo peligroso, por supuesto. Es un hombre que intenta encontrar su lugar en el mundo, como al fin y al cabo todos lo hacemos”.

-¿Hay algo que deseaba explorar con este personaje en la segunda temporada que no haya podido explorar en la primera?

Me sabía el guión al dedillo. Supongo que el truco consistía en respetar el tono que se estableció en la primera temporada y la esencia de él como personaje. Pero también permitir un cambio de situación, y los cambios psicológicos y emocionales que se producen en él como resultado de que las cosas sean diferentes. Lo principal, por supuesto, es que ahora, por primera vez, es un hombre muy solo. Todos los demás, todos sus amigos, todos sus compañeros, han vuelto a su planeta natal. Así que, por primera vez, está solo en la Tierra, y lucha mucho con esa sensación de aislamiento. Sobre todo al principio del primer episodio, (nos preguntamos) ¿cómo influiría eso en su forma de ser, de desenvolverse en el mundo y en su apertura hacia la gente? Esa fue la mayor diferencia.

-Después de interpretar a personajes como Oz Cobb y John Sugar, ¿qué le preocupa más de la naturaleza humana: nuestra capacidad para ejercer violencia o nuestra capacidad para justificarla?

Ambas son preocupantes. Nuestra capacidad para ejercer violencia es bastante inquietante. El predominio de la codicia en nuestro planeta, que puede conducir a una gran violencia. La incapacidad de regular nuestras emociones, que también puede conducir a una gran violencia... Es difícil ser humano. Lo digo plenamente consciente de mi posición y de las bendiciones que he tenido en mi vida. Pero es difícil ser humano, y puede resultar espantoso, deprimente y generar ansiedad. Si no nos apoyamos mutuamente, entonces estamos en problemas. A veces tengo que recordarme a mí mismo, cuando veo las noticias y el mundo que nos rodea, cuánta gente increíble hay en el mundo haciendo cosas increíbles, porque la violencia, que es fácilmente visible en cualquier momento, es tan profunda, tan extrema. Pero sí, ambas cosas. Nuestra propensión a la violencia y nuestra capacidad de justificarla sin cesar son dos cuestiones muy preocupantes.

-¿Qué es lo que más disfruta de trabajar en series de televisión en comparación con hacer cine?

No veo tanta diferencia. La diferencia radica más bien en el resultado del esfuerzo de todos, en cómo se presenta el producto, en su duración y, obviamente, en dónde se va a emitir: si en plataformas de streaming o en cines. Para mí existe una diferencia significativa entre actuar sobre el escenario y actuar frente a la cámara, pero una vez frente a la cámara es prácticamente lo mismo, ya sea que estés creando algo para Apple TV o para proyectarlo en un cine local (...) (Al rodar una serie) puedes convivir con el personaje durante más tiempo, puedes estar con él durante más tiempo. En promedio, supongo que filmamos unas 400, quizá 440 páginas de guión para esta temporada, mientras que en una película suelen ser 110 páginas. Es cuatro veces más trabajo, pero no sé si significa que llegas a conocer al personaje cuatro veces más. No creo que la aritmética sea tan clara. Pero, para ser honesto, en esencia, es lo mismo.

Los Angeles y el Mundial

Colin Farrell, estrella, narrador y productor ejecutivo de Sugar, es uno de los principales responsables de que la serie se filme en Los Angeles y no en otra ciudad con costos más bajos. Él mismo vive en la capital del cine y adora la multiculturalidad que ofrece a sus visitantes. Sin embargo, no fue amor a primera vista. Confiesa que cuando salió del anonimato –gracias a su interpretación de un soldado rebelde en Camino de guerra (2000), de Joel Schumacher– y visitó por primera vez California se encontró con un lugar solitario. ¿Acaso al aterrizar en esa urbe se sintió en parte como un extraterrestre?

“Uno puede sentirse como un extraño en cualquier parte del mundo. Definitivamente me sentí como un extraterrestre cuando era adolescente y en varias etapas de mis 20 (...) Pero me sentí bastante solo cuando llegué a Los Angeles. Al salir y socializar, me pareció algo impenetrable, mientras que Nueva York me pareció muy acogedora e inclusiva”.

Los Angeles es una de las sedes del Mundial que actualmente se celebra en Estados Unidos, México y Canadá. Un evento deportivo que el actor está siguiendo con fervor. De hecho, tiene una sola petición: que no se le adelanten los resultados, en particular el correspondiente al partido entre Argentina y Austria (que terminó 2 a 0 a favor de los trasandinos). “Como he estado ocupado toda la mañana, quiero sentarme a verlo”, dice amablemente.

Esa afición se explica principalmente por el hecho de que Eamon Farrell, su papá (fallecido en abril de 2025), fue futbolista profesional. “Crecí jugando y viendo fútbol con mi padre, y es un deporte realmente hermoso”, declara.

¿A quién cree que apoyaría John Sugar en el torneo que se desarrolla durante estos días? “No estoy seguro. Creo que diría Costa de Marfil sin ningún otro motivo que han jugado un fútbol hermoso. Han sido sobresalientes. Iré por Costa de Marfil”, expresa sobre la selección que, al momento de esta entrevista, había derrotado a Ecuador y perdido con Alemania (se impusieron ante Curazao en la última fecha de la fase de grupos y clasificaron a dieciseisavos de final).

Terminadas las preguntas inscritas en un ámbito más distendido, el protagonista de Los espíritus de la isla (2022) adopta cierta seriedad cuando se le consulta sobre la realización del Mundial en medio de un clima político convulso.

“Es extraordinario ver un partido de fútbol y observar a aficionados de dos naciones diferentes mezclados en las gradas de los estadios. Hay desilusión y hay alegría. Y hasta ahora todo va bien, no ha habido violencia (...) Es hermoso ver cómo todos se mezclan y la alegría que se comparte entre naciones y culturas. ¿Creo que a los gobiernos les importa? No, por desgracia. Pero ese es parte del problema. Pero es genial verlo porque esa es la realidad de esta experiencia. Y Dios sabe que hay suficiente agitación y suficientes divisiones en el mundo, pero es genial ver algo donde la división y el conflicto son parte de ello, pero todo con un enorme respeto y en nombre de una competencia sana y justa”.

Aunque no depende únicamente de él, Farrell manifiesta su deseo de hacer tres temporadas más de Sugar y así llegar a un total de cinco. De sus declaraciones se desprende que para él significa mucho más que otro trabajo en su carrera: hay genuina admiración por la visión de mundo de su personaje y verdadero placer en encarnarlo.

“Él ha vivido en este mundo, en este planeta, el tiempo suficiente –resalta–. Reconoce la envergadura de la violencia y la crueldad. Y ha visto esas cosas de cerca, pero aún así mantiene esta creencia –muy real, arraigada y natural– en la decencia de los seres humanos, que es algo muy difícil de mantener para la mayoría de nosotros en todo momento cuando vemos lo que pasa en el mundo. Es como un soplo de aire fresco”.

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