Por Alexis Paiva Mack¿Qué es más dañino, el cigarro convencional o el tabaco para armar? Esto dice la ciencia
Según múltiples estudios, todas las formas de tabaco son perjudiciales, independiente de su formato. Asimismo, aunque los riesgos para la salud asociados a los diferentes productos se sitúan en un espectro, los que se queman o se fuman son los más dañinos. Acá, expertos analizan los puntos clave.

Es probable que en más de una ocasión hayas escuchado que los cigarrillos de tabaco armados por uno mismo son “menos dañinos” que los que vienen, de fábrica, listos para su consumo.
Sin embargo, dicha afirmación popular carece de fundamento. Más bien, la gran mayoría de especialistas y organizaciones de la salud concuerdan en que ambos formatos son altamente dañinos y adictivos.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), todas las formas de tabaco son perjudiciales y no existe un nivel seguro de exposición.
Múltiples investigaciones científicas han relacionado su consumo con un mayor riesgo de cáncer, accidentes cerebrovasculares, afecciones pulmonares, disminución de la fecundidad, debilitamiento inmunitario y muerte prematura, entre otras consecuencias.
Según cifras de la OMS, el tabaco causa más de 7 millones de muertes anualmente. Entre estas, las de más de 1,6 millones de personas que no fuman, pero que están expuestas al humo ajeno de manera involuntaria. A estas últimas personas se les denomina “fumadores pasivos”.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) asegura que los productos de tabaco para armar uno mismo no son más seguros que otros tipos de cigarrillos y que, aunque los riesgos para la salud asociados a los diferentes productos de tabaco se sitúan en un espectro, los que se queman o se fuman son los más dañinos.
Tanto los cigarrillos que vienen listos de fábrica como los que puede armar uno mismo entran en dicha categoría.

El Cancer Council Australia, la principal organización benéfica no gubernamental contra el cáncer en Australia, afirma que mucha gente cree que, al requerir menos procesamiento, el tabaco para armar es “más seguro” que los cigarrillos manufacturados de fábrica.
Sin embargo, sostiene, el tabaco para armar “contiene muchos más aditivos que los cigarrillos manufacturados, incluyendo saborizantes y humectantes para evitar que se seque”.
De la misma manera, alerta la organización, “suelen ofrecer niveles similares de nicotina y carcinógenos como el benceno”.
“Décadas de investigación han demostrado que los fumadores de cigarrillos de liar (armados por uno mismo) tienen la misma probabilidad de desarrollar cáncer de pulmón y otras enfermedades relacionadas con el tabaquismo”.
Una investigación publicada en la revista The BMJ en 2014 concluyó, tras una serie de análisis, que los cigarrillos de liar son “al menos igual de dañinos” que los cigarrillos que vienen listos de fábrica.
La evidencia científica ha demostrado que fumar, en cualquiera de sus formatos, se relaciona con múltiples efectos negativos para la salud y un mayor riesgo de padecer numerosas enfermedades.
MedlinePlus, un sitio informativo de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, advierte que entre los tipos de cáncer que puede causar se encuentran: cáncer de pulmón, de boca, de laringe, esófago, garganta, vejiga, riñón, hígado, estómago, páncreas, colon y recto, y cuello uterino.
También puede causar leucemia mieloide aguda, enfermedades pulmonares, enfermedades cardiovasculares y aumentar el riesgo de enfrentar problemas a la visión.
Si se fuma durante el embarazo, hay más probabilidades de sufrir complicaciones durante el proceso. Asimismo, el bebé corre un mayor riesgo de morir por síndrome de muerte súbita del lactante.
Fumar tabaco causa adicción a la nicotina que contiene, lo que contribuye a que sea difícil que las personas dejen este hábito.
Pero, a pesar de lo anterior, existen estrategias efectivas para tratar el tabaquismo.

¿Qué diferencias y similitudes hay entre el cigarro convencional y el tabaco para armar?
La médico broncopulmonar y docente de la Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo, la Dra. Karen Czischke, afirma a La Tercera que lo primero que se debe tener claro es que ambos tipos de cigarrillos tienen tabaco y nicotina. Esta última es la principal responsable de crear dependencia entre los consumidores.
Al quemar el tabaco, se generan otros elementos que también son dañinos para la salud, tanto de la persona que fuma como de la que está expuesta al humo de manera pasiva.
El humo que se produce al prender un cigarrillo de tabaco contiene más de 7.000 sustancias químicas, de las cuales muchas son tóxicas.
“Están el monóxido de carbono, lo que son los materiales particulados, los hidrocarburos aromáticos policíclicos, las nitrosaminas, el benceno, los aldehídos y muchos otros tipos de compuestos tóxicos que dañan las células, el ADN, y que son los que potencialmente generan riesgo de producir cánceres, enfermedades cardiovasculares o afecciones del sistema respiratorio”, detalla la Dra. Czischke.
El médico broncopulmonar del Programa Dejar de Fumar de Clínica Universidad de los Andes, el Dr. Cristián Ibarra, complementa: “En ambos casos estamos hablando de productos cuyo principal componente es el tabaco, por lo que comparten muchas de las sustancias responsables del daño asociado al consumo”.
“La principal diferencia está en que el cigarrillo para armar permite elegir la cantidad de tabaco y el tipo de papel y filtro, mientras que el cigarrillo industrializado viene elaborado bajo un formato estandarizado”.
No obstante, que el consumidor pueda elegir ciertos componentes no significa que sea menos dañino.
“Por eso, desde el punto de vista de la salud, no debemos considerar al cigarrillo para armar como una alternativa segura al cigarrillo convencional”, enfatiza el Dr. Ibarra.
Los médicos subrayan que ambos formatos son altamente adictivos y perjudiciales, y que el hecho de que los cigarrillos para armar requieran menos procesamiento no se traduce en que tengan menos consecuencias.
“Aunque puedan existir diferencias en la composición de los productos, estas no cambian la conclusión fundamental: fumar tabaco, independientemente de su formato, genera un importante riesgo para la salud”, afirma el especialista de la Clínica Universidad de Los Andes.
Y añade, refiriéndose a la adicción que genera el tabaco: “La intensidad de la dependencia puede variar entre personas y también depender de cuánto y cómo se fuma, pero cambiar de cigarrillo industrializado a tabaco para armar no constituye una estrategia para dejar la nicotina”.
“De hecho, algunas personas pueden terminar consumiendo una cantidad de tabaco similar o incluso mayor al armar sus propios cigarrillos, dependiendo de cómo los preparen y de cuánto inhalan. Por eso, no recomendaría considerar alguno de los dos formatos como una alternativa de menor riesgo en términos de adicción”.

¿Cuáles son los beneficios de dejar de fumar?
Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por su sigla en inglés) detallan que, entre los beneficios de dejar de fumar, se encuentran los siguientes:
- Mejora la salud y aumenta la expectativa de vida
- Disminuye el riesgo de 12 tipos de cáncer
- Disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares
- Disminuye el riesgo de enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC)
- Disminuye el riesgo de algunos malos resultados en la salud reproductiva
- Es beneficioso para las personas que ya han recibido un diagnóstico de cardiopatía coronaria o EPOC
- Beneficia a personas de cualquier edad, incluso si han fumado por años
Tanto el Dr. Ibarra como la Dra. Czischke recalcan que, en cualquier momento de la vida de un fumador, dejar de fumar va a tener beneficios.
La experta de la Facultad de Medicina Clínica Alemana Universidad del Desarrollo precisa: “Evidentemente, mientras más joven se deje de fumar, mejor”.
“Sin embargo, por ejemplo, en el caso de una persona mayor, que lleva una gran cantidad de años fumando, y que a sus 70 años logra detener ese hábito, también habrá beneficios claros. La persona se dará cuenta de que está mejor”.
Dejar de fumar es la medida más eficaz para disminuir el daño causado por tabaco en todas las enfermedades, asegura la Dra. Czischke.
“Por ejemplo, si se tiene EPOC y se deja de fumar, el beneficio de esto último impactará mucho en el curso de la enfermedad: seguramente se van a tener menos molestias, síntomas, crisis y hospitalizaciones, así como una mejor calidad de vida. Esto, por el puro hecho de haber dejado de fumar, teniendo una EPOC ya de base y conocida”.
No obstante, aclara la médico broncopulmonar, los riesgos de desarrollar enfermedades relacionadas al tabaquismo no desaparecen de manera inmediata tras dejar de fumar, mientras que tampoco van a llegar a ser los mismos que los de una persona que nunca fumó.
Entre los factores que pueden influir en este ámbito se encuentran la edad, los años de consumo y la cantidad.
Pese a lo anterior, dejar de fumar reduce los riesgos a cualquier edad y, con el tiempo, los beneficios se van incrementando.
“A medida que va pasando más tiempo desde que dejas de fumar, van disminuyendo más riesgos. En las primeras horas, incluso, la sangre tiene mejor capacidad de manejar el monóxido de carbono con el oxígeno. Entonces, mejora la capacidad de transportar este último. Algunas personas pueden normalizar la frecuencia cardíaca y compensar la presión arterial. Cuando ya han pasado varias semanas, pueden disminuir la tos y las flemas”, explica la especialista.
Dejar de fumar también contribuye a que se presenten menos molestias respiratorias y a que mejore la capacidad para realizar actividades como caminar o correr, por ejemplo.
“El riesgo de enfermedades coronarias disminuye tras alrededor de un año. En los años siguientes, se va generando una disminución del riesgo de accidentes cardiovasculares e infartos, y a largo plazo, de distintos tipos de cánceres”.

¿Cuándo es necesario recurrir a un especialista para dejar de fumar?
El Dr. Ibarra comenta que se recomienda buscar ayuda profesional especialmente cuando una persona ha intentado dejar de fumar y ha recaído. También cuando presenta un alto nivel de dependencia, fuma diariamente o siente que no puede controlar el consumo.
Asimismo, sugiere consultar cuando existen afecciones médicas asociadas al tabaquismo, como EPOC, enfermedades cardiovasculares o antecedentes de cáncer.
La Dra. Czischke enfatiza que el tabaquismo es una enfermedad, por lo que es importante “manejarlo como tal”.
“El problema es que está normalizado, pero es una enfermedad. Muchas veces se le baja el perfil cuando una persona fuma dos o tres cigarros al día, o solo lo hace los fines de semana, pero es importante saber que todo eso se va sumando. La carga tabáquica es todo lo que se ha fumado a lo largo de la vida”.
Este es uno de los motivos de por qué, para cuidar la salud, es esencial dejar de fumar.
Si dicho objetivo no puede lograrse de manera individual o se presentan síntomas de abstinencia —como angustia, irritabilidad o problemas para dormir— es fundamental buscar el apoyo de especialistas.
“Como es una enfermedad, muchas veces se requiere de ayuda profesional para lograr dejarlo y puede no depender únicamente de la fuerza de voluntad de la persona”, dice la experta.
Esto aplica tanto para los distintos tipos de cigarrillos como para otros productos que también contienen nicotina, como los vapeadores.

El tratamiento para esta adicción puede involucrar diversas áreas, por lo que no necesariamente se requiere iniciar con un especialista en particular, afirma el Dr. Ibarra.
“Un médico general, broncopulmonar o especialista en tabaquismo puede evaluar el nivel de dependencia, el estado de salud y determinar si la persona se beneficiaría de medicamentos para controlar la abstinencia y las ganas de fumar”.
“El psicólogo puede ser especialmente útil para trabajar los hábitos, las situaciones que gatillan el consumo, el manejo de la ansiedad y las estrategias para prevenir recaídas. En algunos casos, el apoyo de un psiquiatra puede ser recomendable cuando existe una dependencia importante o cuando coexisten problemas de salud mental que dificultan el proceso”, añade el médico broncopulmonar.
Y sentencia: “Es importante entender que dejar de fumar no depende solamente de la fuerza de voluntad. La dependencia al tabaco es una adicción y, como cualquier otra, puede requerir tratamiento y acompañamiento profesional. Cuanto más personalizada sea la estrategia, mayores serán las posibilidades de lograr una cesación sostenida”.
Cabe destacar que en Chile, desde diciembre de 2025, el tratamiento contra el tabaquismo está incluido en las Garantías Explícitas en Salud (GES), por lo que se ofrece apoyo psicológico y terapia farmacológica a los mayores de 25 años que deseen abandonar la adicción al tabaco.
Por otro lado, además, es relevante considerar que los fumadores deben tomar medidas de prevención para evaluar si tienen afecciones médicas asociadas al consumo de tabaco, tales como distintos tipos de cáncer o enfermedades cardiovasculares.
“Los fumadores son personas potencialmente de riesgo”, afirma la Dra. Czischke. Sin embargo, reitera, los riesgos disminuyen cuando se deja de fumar.
Por lo tanto, “es fundamental que consulten”.
COMENTARIOS
Para comentar este artículo debes ser suscriptor.
Lo Último
Lo más leído
1.
4.
La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE

















