Por Alexis Paiva MackEstos son los factores de riesgo que puedes controlar para prevenir la demencia, según un estudio
El objetivo fue descifrar cómo los factores de riesgo, tanto modificables como no modificables, se relacionan con los cambios cerebrales a lo largo del tiempo. Los investigadores se centraron en los dos tipos más comunes de demencia: la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular.

Una investigación liderada por científicos de la Universidad de Lund (Suecia) asegura que casi la mitad de los casos de demencia se atribuyen a factores de riesgo que podemos controlar.
A lo largo de nuestras vidas, el riesgo de desarrollar demencia se ve influenciado por distintos tipos de factores. Algunos como la edad y la genética no se pueden cambiar.
Sin embargo, hay otros que sí son modificables. Por ejemplo, el tabaquismo, el consumo de alcohol, el sedentarismo, la hipertensión y las enfermedades cardiovasculares están entre los factores de riesgo que sí se pueden controlar y que se relacionan con un mayor riesgo de desarrollar demencia.
Dado que la demencia no es una sola enfermedad, sino un término general que reúne a varios trastornos neurológicos, el perfil de riesgo también difiere entre los distintos tipos de demencia, sostienen los investigadores de la Universidad de Lund.
Para su reciente estudio, se propusieron descifrar cómo los diferentes factores de riesgo —modificables y no modificables— afectan a los cambios cerebrales relacionados con los dos tipos más comunes de demencia: la enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular.
El profesor titular de neurología en la Universidad de Lund y médico jefe de la Clínica de la Memoria del Hospital Universitario de Skåne, Sebastian Palmqvist, explicó: “Gran parte de la investigación disponible sobre los factores de riesgo que podemos influir no tiene en cuenta las diferentes causas de la demencia”.
“Esto significa que nuestro conocimiento sobre cómo los factores de riesgo individuales afectan los mecanismos subyacentes de la enfermedad en el cerebro es limitado”.
Su trabajo fue publicado en el Journal of Prevention of Alzheimer’s Disease.

Qué factores de riesgo podemos controlar para prevenir la demencia
La investigación incluyó a casi 500 personas, con una edad promedio de 65 años y capacidad cognitiva conservada. Durante un período de cuatro años, se midieron los cambios en la sustancia blanca del cerebro (las fibras nerviosas que suelen verse afectadas en la demencia vascular) y los niveles de beta-amiloide y tau (las proteínas relacionadas con la enfermedad de Alzheimer).
El objetivo del estudio era descubrir cómo los factores de riesgo, tanto modificables como no modificables, se relacionan con los cambios cerebrales a lo largo del tiempo.
La estudiante de doctorado en la Universidad de Lund y residente de neurología en el Hospital Universitario de Skåne, Isabelle Glans, se refirió a los hallazgos del equipo.
“Observamos que la mayoría de los factores de riesgo modificables —tabaquismo, enfermedades cardiovasculares, hiperlipidemia e hipertensión arterial, entre otros— estaban vinculados al daño en los vasos sanguíneos del cerebro y a una acumulación más rápida de los llamados cambios en la sustancia blanca. Este daño afecta la función de los vasos sanguíneos y provoca daño vascular cerebral, que en última instancia puede derivar en demencia vascular”.
Los investigadores también descubrieron factores de riesgo vinculados a la proteína asociada al Alzheimer.
“La diabetes se asoció con una mayor acumulación de beta-amiloide, mientras que las personas con un IMC más bajo presentaban una acumulación más rápida de tau. Sin embargo, estos hallazgos deben investigarse más a fondo y validarse en estudios futuros”, afirmó Glans, una de las autoras del estudio.
Palmqvist aseguró que mantener hábitos saludables y controlar los factores de riesgo que se pueden cambiar podría retrasar la aparición de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer.
Esto es particularmente importante porque muchas personas con demencia presentan una combinación de diferentes mecanismos subyacentes, como cambios vasculares y propios de la enfermedad de Alzheimer, dijo el académico de Lund.
Es por esto que es fundamental mantener un estilo de vida saludable incluso con la enfermedad, agregó.
En sus palabras: “Centrarse en los factores de riesgo vasculares y metabólicos puede ayudar a reducir los efectos combinados de varios cambios cerebrales que ocurren simultáneamente”.
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