El lado oscuro de Rhaenyra: House of the Dragon 3 finaliza con fuego, sangre y una reina sin piedad
El final de temporada mostró la transformación definitiva de la protagonista, en paralelo a una feroz batalla en Tumbleton y a movimientos de alto impacto. Críticos consultados por Culto analizan el episodio y sus conexiones con Game of Thrones. Advertencia: esta nota tiene spoilers.
El cuerno de batalla sonó ante las puertas de Tumbleton. La feroz batalla que enfrentaba a negros y verdes en el final de la tercera temporada de House of the Dragon, asomaba como un punto central en la historia del spin off de Game of Thrones, por los giros esperables en trama. Y al decir de las reacciones, la sensación que dejó es la de un final alto en emociones.
Advertencia: en esta nota hay algunos spoilers del capítulo
El capítulo se articuló en torno en la batalla en la que Ormund Hightower (James Norton) intentó contrarrestar a los dragones al servicio de los negros, liderados por el impetuoso Daemon Targaryen (Matt Smith). Por ello, tomó sus medidas; fiel a su interés en empañar la reputación de la reina Rhaenyra, colocó a cientos de niños en las almenas de Tumbleton para provocar una masacre calculada.
Ormund también ejecutó su jugada para jaquear a Daemon, con la intervención de Ulf el Blanco, quien consuma su traición y se pasa a los verdes. Sin embargo, cuando la batalla comienza nadie lo encuentra. Fiel a su estilo, el hombre dormía la mona por la borrachera de la noche anterior en una letrina. Y tal como Daemon, Ormund cometerá el error de humillarlo y golpearlo en público.
Ulf monta a Silverwing y cuando la victoria de los negros parecía cerrarse, sorprende a los propios y los quema con ardiente fuego de dragón. Pero como su lealtad es endeble como una torre en Poniente, también sorprende a los verdes. Mientras Ormund se desangra tras batirse contra el feroz Lord Roderick (a quien logra amputarle una mano, pero el viejo lobo norteño le imparte su particular y brutal justicia), Ulf da media vuelta y también ataca la almena de Tumbleton, friendo a Ormund y a Roderick.
La crítica de cine de Radio 13C, Sol Márquez Thomas, apunta en el final de Ormund un punto que la serie pudo resolver mejor. “Se presentó como el nuevo villano de la temporada y gran parte de la promoción se concentró en él -dice a Culto-. Yo creo que tiene que ver con el hecho de que James Norton es un actor que no solo es encantador, sino que además sabe construir personajes con unos matices muy interesantes”.
“Entonces, tener a esta amenaza constante que se nos presentó más como un estratega o un estudioso, y que muera de forma tan torpe —más allá de que es una gran escena— me hace sentir que esperaba algo más de la construcción de este personaje. También puedo entender que se necesitaban grandes muertes en este episodio y que quizás la línea de acción tiene que enganchar más con el libro, por lo que tienen que avanzar un poco más rápido”, agrega.
Al estilo de la serie, la batalla no escatimó en cabezas destrozadas, cuerpos quemados y civiles muertos, pese a que Rhaenyra indicó a Daemon que las tropas debían evitar dañarlos. Una de ellas, es Kat, la esposa de Hugh Martillo, el fornido jinete de dragón que sirve a los negros. Dejó su puesto y entró a la ciudad para intentar rescatarla solo para hallar su cadáver aún tibio ¿mantendrá su lealtad? una pregunta que queda abierta para la próxima temporada.
La transformación definitiva de Rhaenyra (y el eco de Daenerys)
Mientras Daemon se batía en Tumbleton, Rhaenyra (Emma D’Arcy) vivía su propia lucha. Primero, expulsa a Mysaria de la Fortaleza Roja y obliga por la fuerza a alimentar a Helaena para mantenerla con vida y cuidar al bebé que lleva en su vientre. Su hermana será otra protagonista en la historia.
La reina negra toma sus medidas. Ataviada con un formidable traje de batalla -con un aire a Juana de Arco-. acude al septo escoltada por Alyn (Abubakar Salim) y su hijo pequeño y nuevo heredero, Joffrey (Oscar Eskinazi). Nuevamente, le exige al Gran Septón ser ungida como reina ante todo su pueblo. Y tal como ya había sucedido en el episodio 3 de la temporada, este se niega y manifiesta su apoyo al regreso de Aegon II, tras conocerse que está vivo -y con su dragón Sunfyre que se creía muerto-. Entonces ella no duda y ordena su ejecución. Tal parece que la consigna es voluntad o sangre.
Luego, Rhaenyra sale al balcón y habla al pueblo. Una jugada al todo o nada, en que detalla la Canción de Hielo y Fuego, la profecía que su padre, el rey Viserys le había revelado; los Caminantes Blancos se acercan, y solo ella puede detenerlos, en tanto se considera el Príncipe Prometido profetizado.
Aquel momento es pivotal; de alguna forma conecta a House of the Dragon con la trama de Game of Thrones y marca la transición definitiva de Rhaenyra. “No aparece en el libro ni en la historia, pero se habla mucho de cómo Rhaenyra se volvió muy despótica, una tirana al final, y muy impopular entre el pueblo”, dijo el showrunner Ryan Condal a medios internacionales como The Hollywood Reporter y Variety. “Gran parte de la existencia de los Targaryen se basa en su autoengrandecimiento. Para los canteros que estaban allí entre la multitud, mirando hacia arriba para escuchar este discurso, podría sonar simplemente como alguien intentando hacerse un nombre”.
Para la crítica de El Agente Cine y panelista de Radio UNIACC, Alejandra Pinto, ahí hay una clave. “El final de ayer nos deja a una Rhaenyra que ya no va a tener piedad”, dice a Culto. “Siento que el final estuvo muy a la altura. A esta temporada se le trató de ‘irregular’ y la verdad es que fue más algo que fue cociéndose a fuego lento”.
Sol Márquez apunta sobre el arco de la reina negra. “Lograron muy bien ir mostrando cómo Rhaenyra está, de a poco, sucumbiendo al lado más oscuro. No sé si está completamente perdida ya, pero este fantasma de la locura de los Targaryen que conocemos a través de Game of Thrones ha estado presente. Vemos en este episodio, además, su discurso que habla de su condición de casi semidiós; de ella como la única esperanza para salvar al reino, cuando más bien entendemos que es la fuerza de los dragones la que puede salvar esta profecía”.
Los críticos apuntan que la transición de Rhaenyra se puede asimilar al de su descendienta, Daenerys, la “madre de dragones”, quien en Game of Thrones también empleó la violencia y el fuego de dragón contra sus súbditos para legitimarse en el poder. “Las dos buscaron lo mismo en un inicio”, dice Alejandra Pinto. “Pero la venganza se les incrustó en el corazón, y creo que no es para menos”.
Sobre ese paralelismo también se explaya Sol Márquez. “Creo que responde a las críticas del cambio que tiene Daenerys hacia el final de Game of Thrones y cómo, de pasar a ser una libertadora, de pronto se transforma en esta mujer que solo quiere poder, sin una transición un poco más cuidada. Creo que ahí también juega muy a favor que Emma D’Arcy es increíble como actriz; tiene un repertorio de acciones y sentires sutiles que hacen que el personaje sea mucho más complejo y que podamos presenciar, en esas escenas iniciales con tomas muy largas, cómo ella dice: ‘He buscado la legitimidad por el camino diplomático, no lo he conseguido, llegó el momento de tomar las armas porque yo soy la salvadora, yo soy el príncipe elegido’”.
El showrunner Ryan Condal abordó ese paralelo entre las dos mujeres Targaryen. “Creo que los paralelismos sí remiten a los temas principales del universo de Canción de Hielo y Fuego: el orgullo y el poder, cómo el poder corrompe y hasta qué punto”, dijo a Variety. “Puede convertir a gente buena en gente corrupta. Puede transformar a personas corruptas en auténticos villanos, y a otras, como Viserys, simplemente las puede destruir”.
Lejos del campo de batalla, el capítulo termina con otro momento impactante; el suicidio de Helaena Targaryen (Phia Saban), fuera de pantalla, lanzándose desde una ventana de la Fortaleza Roja.
“Es una tragedia. Sin duda, esa es la esencia de la historia de Helaena”, le dijo la actriz a Variety. “Pero creo que, como ella misma dice antes, ‘Este es mi cuerpo y este es mi bebé, y he abandonado ambas cosas durante toda mi vida’. Ya no quiere vivir así y siente la necesidad de proteger a los hijos que tiene. Simplemente está haciendo todo lo posible”.
Antes de morir, Helaena le dejó a su hermana la última pieza de un tapiz que había estado bordando durante toda la tercera temporada. Ahí plasma sus visiones proféticas. La reina negra lo encuentra y ve una representación de sí misma en el Trono de Hierro, con sangre que le cae de la corona y rodeada de llamas de dragón. Pero en un gesto muy teatral simplemente, lo deja. “Ella, que se considera la elegida por los dioses decide ignorar la profecía de Helaena y cerrar la ventana”, apunta Sol Márquez.
“Veníamos de un gran séptimo episodio, con este enfrentamiento de los dragones y varios secretos que salieron a la luz”, dice Márquez. “Me pareció que estuvo a la altura de una temporada que fue bastante superior a la anterior, y que al mismo tiempo nos entrega una batalla que se siente no solo muy potente, sino que también es muy íntima en la forma en que está filmada (ese punto de vista con ese arreglo de sonido tan espectacular en el momento en que Daemon está un poco perdido al interior de la ciudad). Nos habla de nuevo de esta idea de que ganar una guerra es una victoria que nadie quiere volver a repetir”.
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